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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

No de derechas, pero aún enfadados

E. J. Dionne
E. J. Dionne
viernes, 6 de noviembre de 2009, 03:24 h (CET)
EAST BRUNSWICK, N.J. -- Las elecciones del martes fueron una reprimenda a la derecha y una advertencia a los Demócratas.

También fueron un puntual recordatorio de que el Presidente Obama tiene que hacer ajustes en su celebrada organización política y encontrar la forma de hacer sentir a los estadounidenses esperanza de nuevo.

El mayor perdedor de las elecciones fue la maquinaria política conservadora nacional -- los ricos partidarios de las bajadas de impuestos del Club del Crecimiento y el conglomerado Palin-Limbaugh-Beck. La derecha de Washington hizo a un lado a los Republicanos locales en unos comicios extraordinarios al norte de Nueva York, impuso su propio candidato que ni siquiera reside en el distrito, y quedó a las puertas.

Para comprender la importancia de la derrota del candidato conservador de desempate Doug Hoffman frente al Demócrata Bill Owens en el distrito al norte de Nueva York, piense en el discurso que sería pronunciado si Hoffman hubiera ganado.

Junto a las victorias Republicanas en Nueva Jersey y Virginia, el triunfo de Hoffman habría sido anunciado como el comienzo de una nueva revolución conservadora, un reproche a los Republicanos moderados así como a los Demócratas de Obama, y una señal de que el "gran gobierno", incluyendo el plan sanitario de los Demócratas, se estaba derrumbando.

En lugar de eso, los votantes del distrito (zonas del cual llevan siendo Republicanas desde Abraham Lincoln) pusieron en práctica un tipo de rebelión diferente. Enfadados porque los conservadores del libre comercio y figuras nacionales como Sarah Palin y Glenn Beck habían obligado a la asamblearia Dede Scozzafava a tirar la toalla -- la candidata moderada y local de los Republicanos -- votaron a Owens.

El Demócrata era el candidato perfecto para una protesta moderada. Hasta hace dos días era un independiente y se presentaba como alguien sin orientación ideológica. La contrariada Scozzafava le apoyaba, creando un frente moderado unido. June O'Neill, del comité Demócrata del estado de Nueva York, llamaba a la victoria de Owens "una represalia" contra "la forma en que trataron a nuestro amigo y vecino." Sabemos quiénes son "ellos."

La victoria Owens arroja una luz diferente sobre las victorias de los Republicanos Chris Christie en Nueva Jersey y Bob McDonnell en Virginia. Ambos lograron la gobernación centrándose en la necesidad de ganar votantes del centro del electorado: Moderados, independientes y urbanitas. David Axelrod, asesor de Obama, exageraba un poco por interés cuando decía en una entrevista que McDonnell “no se postulaba cono un Republicano a lo Sarah Palin, sino más como centrista a lo Barack Obama," pero su idea era correcta: McDonnell sabía dónde estaban los votos.

También Christie, que capitalizó el acusado rechazo personal al Gobernador titular de Nueva Jersey Jon Corzine. Christie, como McDonnell, logró invertir la estrategia de movilización del electorado medio que los Demócratas explotaron con tan buen resultado en 2006 y 2008. Christie obtuvo resultados muy buenos en los condados Republicanos, pero también ganó entre los electores Demócratas cabreados, pero no ideológicos.

Los Demócratas destacarán los elevados índices de popularidad de Obama en Nueva Jersey como parte de su argumento general de que estos comicios eran de carácter local. Pero el rechazo tanto en Virginia como en Nueva Jersey – y el inesperado margen escasísimo de reelección del alcalde de Nueva York Mike Bloomberg, a pesar de su campaña récord de gasto – debería preocupar a todos los titulares, y a los gobernadores que aspiran a la reelección el año que viene en particular. Y tras sus resultados claros en las dos últimas elecciones, los Demócratas resultan constituir un porcentaje de titulares en peligro mayor.

El Senador Frank Lautenberg, mientras llegaba al discurso de Corzine en un hotel de aquí, decía que percibe al electorado de mal ánimo. "Están pasando dos cosas," dice el Demócrata de Nueva Jersey. “Una es el miedo. La otra es el castigo. Los votantes tienen miedo por ellos y por sus familias, y quieren castigar a cualquiera que les meta en esta tesitura."

Lo que Lautenberg subrayaba es un aire muy diferente a la confianza desbordante que inspiraba Barack Obama hace un año. Y los agentes de cambio de Obama, los jóvenes en particular, brillaron notablemente por su ausencia en los comicios de esta semana. En Virginia, un estado en donde Obama ganó cómodamente el año pasado, la mayoría de los que sí hicieron acto de presencia para votar el martes decía haber respaldado a John McCain. Este electorado mucho más Republicano dio lugar a una victoria Republicana holgada en las urnas de Virginia.

Este es el hecho de esta semana que los Demócratas harán mal en pasar por alto. No es el de una derecha en racha que vaya a dar problemas al partido de Obama. En realidad, contra más claro sea el papel de la derecha en el mensaje Republicano, más difícil le será al votante medio utilizar a los Republicanos para expresar su descontento. Pero por el momento la emoción ha desaparecido de la política, y eso es muy peligroso para el movimiento progresista de referencia que Obama prometió construir.

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