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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Puede Mariano prescindir de Esperanza?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 6 de noviembre de 2009, 03:19 h (CET)
Cuando escucho a Cospedal o al señor Mariano Rajoy, no puedo menos de acordarme de la forma en la que el mandato de éste fue reafirmado, en el Congreso de Valencia, cuando su autoridad como presidente del partido había sido cuestionada por una gran parte de la militancia, que no comprendía como un señor, que había fracasado por segunda vez en su intento de acceder a la Moncloa, continuaba presentándose como si no hubiera otro capaz de hacerse cargo del PP. La forma en la que fue reafirmado el señor Rajoy, en su puesto de presidente, poco o nada tuvieron que ver con la democracia precisa para dar legitimidad a un directivo de una formación y, aún menos, si se tiene en cuenta como fueron presionados los otros aspirantes y los rifirrafes internos que tuvieron que ventilarse para que, por fin, se coaccionara a los opositores en beneficio de que se presentara una candidatura única, ( como si este sistema fuera más creíble que la sana competencia entre diversos optantes al cargo) siempre sospechosa y, en la mayoría de las ocasiones, poco fiable, debido a ser el fruto de un acuerdo, en pequeña camarilla, en detrimento de la verdadera democracia que debería presidir todo proceso electoral en el seno de cualquier formación, política y no política.

En estos últimos tiempos, aparte de los intentos socialistas de desacreditar a la presidenta de la comunidad de Madrid, doña Esperanza Aguirre, principalmente por medio de El País y, lo que resulta todavía más impactante, de su propio compañero de formación, el señor Gallardón, que no desaprovecha la ocasión, por nimia que sea, para lanzarse a la yugular de la que considera su rival directa, en sus aspiraciones a sustituir a Rajoy, cuando las circunstancias se lo pongan a tiro; es evidente que, el actual presidente del PP, está intentando, a su manera ( todos ya conocemos lo amigo que es de utilizar métodos solapados, don Mariano, para librarse de aquellos que no se le someten), segarle la hierba debajo de los pies a doña Esperanza. Seguramente nos podríamos preguntar ¿a qué se debe esta animosidad hacia la presidenta de Madrid?; no lo sé, pero tengo mi propia teoría al respecto.

Pienso que, doña Esperanza Aguirre representa, en el partido, el último reducto de los valores de siempre que continúa vivo, y la única persona que se mantiene en la cumbre, respaldada por un número espectacular de votos, de modo que, incluso, supera al señor Gallardón. Es posible que, esta doble circunstancia: la primera, ser la heredera de las esencias del PP, continuar manteniendo los valores y los principios del PP de Aznar y no haberse querido plegar a los cambios propuestos por el nuevo presidente del partido, pese a que, tanto él como los seguidores de Gallardón, han hecho lo posible y lo imposible para descabalgarla de su puesto y someterla a su nueva política de chanchullos, a través de los cuales piensan que van a conseguir hacerse con el poder; y, la segunda, haber obtenido la presidencia de la comunidad de Madrid avalada por los votos de los ciudadanos, de lo cual no puede presumir el señor Rajoy, que tuvo que conformarse con la aclamación de sus compañeros de la dirección, apoyados por los llamados compromisarios, cuya legítima representación está por demostrar debido a que, en su elección, no se tuvieron en cuenta los elementos esenciales de lo que debe ser una votación democrática, debidamente anunciada y cumpliendo los trámites necesarios para cualquier proceso electoral. ¿Puede alguien decirme dónde se cumplieron estos requisitos?

Queda claro que, el señor Gallardón, valiéndose de su segundo en el mando, el señor Manuel Cobo, este sujeto impresentable que con publicidad, alevosía y mala educación, se esmeró en poner a su compañera de partido como chupa de dómine, fue quien inició las hostilidades en su intento en mantener sus prerrogativas en la Caja Madrid; aunque la que tiene las facultades para nombrar el presidente de dicha entidad, es la Comunidad de Madrid, en la que, la señora Aguirre ya había logrado acuerdo sobre el candidato con el resto de los partidos, incluso el PSOE. Gallardón no podía consentir que su eterna rival consiguiera más influencia y, por ello, primero urdió los de los “espías” y luego ha estado incordiando hasta conseguir que Rajoy se sumase a la cacería de Aguirre, sin darse cuenta de que, lo que en realidad está logrando, es darle bazas a Gallardón (que, curiosamente, resulta ser el preferido de los socialistas, que no pierden ocasión de alabarlo) en su propósito de conseguir el poder a cualquier precio.

Sin embargo, tengo la impresión de que, tanto Gallardón como Rajoy, a los que podemos añadir una recién incorporada, la señora Cospedal, –que, como ocurre en el caso del señor Rodríguez Zapatero con sus adláteres, forma parte de este tipo de directivos completamente supeditados a “la voz de su amo”, que no discuten las órdenes, que no hacen advertencias, que no se atreven a mirarle a los ojos y que se pasan el tiempo repitiendo, como muñecos de ventrílocuo, las palabras que le oyen decir –; no han valorado, suficientemente, las consecuencias de sus actos y que, en lugar de haber logrado imponer su autoridad, en esta ocasión, lo único que han demostrado ante los militantes del PP, es que la señora Aguirre les resulta incómoda, que su presencia los irrita y que se encuentran capitidisminuidos ante ella, por haberse desviado de los verdaderos objetivos del PP, para llevarlo hacia una nueva deriva cargada de contradicciones, como les ocurre con su pasividad ante la ley del aborto, como sucede con su laxitud ante el problema de la enseñanza del castellano o como se manifiesta ante la evidente intención de las izquierdas de convertir a España en un país dividido, que ha renunciado a la defensa de su bandera, a escuchar su himno y a cumplir todos los preceptos constitucionales; algunos de los cuales corren evidente peligro si, de verdad, como nos tememos, el Tribunal Constitucional, haciendo dejación de sus obligaciones, declara al Estatut catalán, en todo o en parte, dentro de la constitucionalidad; lo que sería lo mismo que proclamar oficialmente abolida la Constitución de 1978 y anunciado, de facto, el fallecimiento en España del Estado de Derecho.

Somos muchos los simpatizantes y los militantes del PP que asistimos asombrados a las exequias del antiguo partido, en el que nos encontrábamos representados. Somos muchos, también, los que confiábamos en la reacción de importante miembros del PP como el propio Rodrigo Rato, el señor Mayor Oreja, la María San Gil, el señor Vidal Cuadras o, incluso, pensábamos en un retorno del señor Aznar; pero, ninguno de ellos ha tenido la valentía de enfrentarse al aparato del partido, sólo doña Esperanza Aguirre ha sabido representar a este importante sector de los descontentos con la nueva orientación de la formación popular. Ahora, tanto la prensa adicta al PP, los menos, como la que apoya al PSOE, los más, se están encarnizando en contra de la presidenta de la comunidad madrileña, conscientes de que, hoy por hoy, es la mayor amenaza para una izquierda despendolada y, a la vez, contra de esta tribu de paniaguados, laxos, oportunistas, acomodaticios e incapaces de enfrentarse al PSOE, que integra la directiva actual del PP. Y, seremos muchos, no lo duden, quienes dejaremos de votar al PP si persisten en seguir acosando a doña E. Aguirre, la única que nos merece la confianza de ser la verdadera depositaria de los valores del antiguo PP. Y, si no, al tiempo.

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