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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

De elecciones y signos

Ruth Marcus
Ruth Marcus
jueves, 5 de noviembre de 2009, 02:32 h (CET)
WASHINGTON – Un consejo a los lectores de la inminente orgía de análisis de las elecciones a las gobernaciones de Nueva Jersey y Virginia: Ignórenlos. Las distinciones milimétricas acerca del Impacto de Todo sobre el Presidente Obama o los resultados de 2009 como aviso al Congreso en 2010 tienen escasa base en la realidad.

Abusar de los resultados electorales en un pasatiempo arriesgado de la prensa política. Este problema es particularmente acusado durante el año posterior a las presidenciales, cuando sufrimos un caso agudo de resaca electoral.

Así, el New York Times pide a los aspirantes que ofrezcan "algunas pistas de cómo ven a Obama los estadounidenses, así como alguna muestra anticipada de las cosas con vistas a las elecciones legislativas el año que viene." National Public Radio afirma que "las elecciones extraordinarias están siendo seguidas por los políticos nacionales como refrendo del Presidente Obama y su partido."

Si es así, un vistazo a la historia de estos comicios sugiere que los que hacen pronósticos harían mejor en leer los posos del café.

En las 15 elecciones a la gobernación celebradas desde 1949, los electores de Nueva Jersey y Virginia han elegido a gobernadores pertenecientes al mismo partido en 10 ocasiones (siete Demócratas, 3 Republicanos). En cinco de esas 10 elecciones, el partido que gana la gobernación registra algunos avances en la Cámara y el Congreso al año siguiente. En tres de ellas, una victoria clara augura precisamente el resultado (BEG ITAL)contrario(END ITAL) en las siguientes elecciones al Congreso. En una ocasión, los Demócratas ganaron ambas carreras a la gobernación y obtuvieron un resultado dividido (perdiendo escaños en una cámara, ganando algunos en la otra). En una ocasión, lo mismo sucedió a los Republicanos. No es un patrón particularmente preocupante.

Tampoco ayuda ampliar el terreno para examinar las consecuencias de un resultado dividido. Eso sucedió en cinco ocasiones desde 1949 (tres veces con un Demócrata ganando Virginia y un Republicano en Nueva Jersey; dos veces al revés). En tres ocasiones los Demócratas han ganado escaños al año siguiente, en dos el partido ha perdido.

¿Supone alguna diferencia el estado de origen del Republicano (o el Demócrata)? En realidad no. De las tres ocasiones en las que un Demócrata ganó en Virginia mientras un Republicano era elegido en Nueva Jersey, los Demócratas ganaron escaños y perdieron escaños una vez. En los dos resultados ajustados en los que los Republicanos ganaron en Virginia mientras los Demócratas ganaron en Nueva Jersey, los Demócratas -- lo adivinó -- ganaron escaños en una ocasión y perdieron en una ocasión.

Según vota Maine, vota el país, suele decirse. En lo que respecta a Virginia y Nueva Jersey, sin embargo, no hay ningún valor predictivo.

Bueno, se preguntará usted, ¿qué pasa con las cinco elecciones más recientes desde 1989? Después de todo, los estados han cambiado y las elecciones se han nacionalizado más. De acuerdo -- excepto que la correlación es igual de escasa. Los Demócratas lograron ambas gobernaciones en tres ocasiones (1989, 2001, 2005). En dos de ellas, en las elecciones posteriores al Congreso (1990 y 2006), registraron avances. En una de ellas perdieron, 2002. Y en los dos comicios en los que los Republicanos se hicieron con ambas gobernaciones (1993 y 1997), los Demócratas perdieron escaños en una ocasión (1994) y ganaron escaños en una ocasión (1998).

Finalmente, ¿pronostican algo los resultados de cara a la reelección de un presidente tres años después? Nada de nada. De las 10 elecciones celebradas en las que un partido ganó en ambos estados, un presidente de ese partido salió elegido en seis ocasiones de las presidenciales siguientes.

Por supuesto, hay años en los que los problemas políticos de un presidente contribuyen a los pobres resultados de su partido en las elecciones extraordinarias y las legislativas. El ejemplo principal es la experiencia de Bill Clinton de 1993-94, en las que las victorias Republicanas en las gobernaciones hicieron presagiar un cambio radical en el Congreso. Los Demócratas perdieron la Cámara (se dejaron 54 escaños) y el Senado (se dejaron ocho) -- y después Clinton ganó la reelección. El mejor ejemplo es George W. Bush en 2005-06, en el que las victorias Demócratas a la gobernación despejaron el camino a otros avances en la Cámara (ganando 31 escaños) y el Senado (ganando ocho).

Así que es posible por ejemplo, que los resultados de Obama en el cargo disuadieran a algunos de los votantes de Virginia que le votaron el año pasado, y que despejara el camino en la carrera entre el Demócrata R. Creigh Deeds y el Republicano Bob McDonnell. Pero Deeds era un candidato desagradable, y McDonnell mucho más competente. Virginia es un estado indeciso, pero con tintes decididamente Republicanos.

Pero a la pregunta de si los resultados del martes significan gran cosa de cara a las elecciones al Congreso en 2010 u Obama en 2012, la respuesta es: en realidad no, comentarios aparte.

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