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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El toro júbilo de Medinaceli, otra tradición sádica

Julio Ortega Fraile
Redacción
miércoles, 4 de noviembre de 2009, 03:58 h (CET)
Sus defensores se enfrascan orgullosos en interminables disquisiciones acerca de su origen pero éste, en cualquier caso, está sumido en la negrura de los tiempos, no por lo lejano sino por lo dantesco, y permanece aferrado todavía a la primitiva ignorancia que dio aliento a su existencia perversa e inmoral.

No se trata de saber dónde, cuándo y por qué nació la sobrecogedora tradición del Toro Júbilo, lo imprescindible e inmediato es averiguar cómo es posible que siga vigente a día de hoy, en una era en la que el hombre se jacta de haber superado cualquier vestigio de salvajismo. Al menos eso es lo que se deduce escuchando las declaraciones de los líderes del “Primer Mundo”, ese al que dicen que pertenecemos los españoles, lástima que realidades como esta lo desmientan una y otra vez.

El 14 de Noviembre, en Medinaceli (Soria), inmovilizarán con violencia a un toro y embolarán sus cuernos con dos conglomerados de material inflamable a los que les prenderán fuego, después soltarán al astado por las calles para divertirse acosándolo, mientras el animal, aterrado, tratará inútilmente de librarse de esas bolas incandescentes sobre su testa y de las brasas que desprendidas, ulcerarán su cuerpo a pesar de la capa de barro. Al final, cuando el jolgorio se acabe, la desdichada criatura será sacrificada según el Reglamento de Espectáculos Taurinos Populares de Castilla – León, así será aunque sus cínicos valedores, esgrimiendo como siempre la mentira, afirmen que disfrutará de un retiro placentero.

A nadie le puede extrañar que en más de una ocasión durante esta atroz exhibición de crueldad, el toro haya acabado por suicidarse golpeando repetidamente su cabeza contra una pared. Lo que sí tendría que estremecernos, es que su agonía constituya un motivo de alegría para los hombres y un aleccionamiento sobre la licitud del sadismo y del ensañamiento para los niños que acompañan a sus mayores, en una especie de pedagogía degenerada acerca de la relación del ser humano con el resto de especies animales. En España la infancia tiene libre acceso al martirio y al asesinato injustificado de animales.

El mismo día que se lleva a cabo dicho acto popular de tortura, el PACMA, en colaboración con diversos colectivos contra el maltrato animal, ha organizado concentraciones de protesta y de repulsa en Medinaceli y en Soria. Los responsables políticos harían bien en tomar buena nota de ellas y en extraer conclusiones, porque representan el sentir de la mayoría de los ciudadanos, y denuncian no sólo la brutalidad de unos pocos energúmenos, sino también la complicidad de la Administración, empezando por el apoyo económico que le brinda a estas muestras de indignidad humana y acabando por su clasificación como “Fiestas de Interés”. El crimen, por más que se institucionalice, no deja de serlo, y el Toro Júbilo de Medinaceli, con varios agresores y una víctima inocente a la que martirizan y matan, sin duda lo es.

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