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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Salvar a la prensa

Kathleen Parker
Kathleen Parker
martes, 3 de noviembre de 2009, 02:24 h (CET)
WASHINGTON - Cada vez que sale a la luz otra noticia acerca del declive de la prensa, me siento igual que un condenado a muerte a la espera de la visita del alcaide.

El último canto de cisne se producía hace unos días: La circulación de la prensa estadounidense ha descendido un 10% de abril a septiembre, en comparación con el mismo período del año pasado. El descenso más acusado registrado hasta el momento se atribuye a lo usual -- los anunciantes y los lectores perdidos frente a Internet. En todo el sector, los ingresos por publicidad, que constituyen la principal fuente de ingresos de la prensa, han descendido 20.000 millones de dólares con respecto a tres años atrás. Aun así, la mayoría de los periódicos siguen registrando beneficios y la circulación es sorprendentemente buena si se consideran todos los factores.

Esa es la deliciosa opinión de Alex Jones - cuarta generación de una familia propietaria de periódicos, crítico de Pulitzer y ahora autor de "La pérdida de la prensa". En su libro, Jones, que también dirige el Centro Shorenstein de Prensa, Política y Legislación Pública en la Universidad de Harvard, logra combinar un enfoque desapasionado del sector de la información con la historia de altibajos del periodismo tradicional.

Para los estadounidenses preocupados por la suerte de la prensa, él insufla oxígeno al órgano en las últimas del Cuarto Poder. Para los reclusos que aguardan su turno, él es como la llamada de indulto del gobernador en el último momento.

Hay esperanza en medio de tantos cambios.

A pesar de todo lo que sabemos acerca de la perjudicial coincidencia de una recesión devastadora, tecnología de información ininterrumpida y cambios demográficos, el vaso de Jones está medio lleno. La noticia no es que la prensa se muera, dice. La noticia es que, a pesar de que la gente puede adquirir el mismo contenido gratuitamente en la red, está motivada para comprar una prensa que es más cara que nunca.

"La gente dice en cifras considerables, vale, lo compro'", decía durante una entrevista telefónica.

La razón podría ser la inercia, la costumbre o la sección de deportes en algunos casos. En otros, Jones sugiere una decisión de ciudadanía. Los estadounidenses se están volviendo cada vez más conscientes de que la prensa es la que más arrima el hombro en la crónica y el levantamiento de testimonio. Cuando la sala de redacción se apaga, ¿quién o qué va a iluminar el camino?

Oriundo de Greeneville, Tennessee, Jones se crió en la Era de la Tinta. Su padre aún es el editor de The Greeneville Sun (15.000 ejemplares de tirada), donde también trabajan sus dos hermanos y su cuñado. Sus recuerdos de aquellos turbulentos días en los que la población se reunía frente a las oficinas del periódico para escuchar los resultados de las elecciones están impregnados de nostalgia.

Pero la perspectiva de Jones no es sobre todo la de un romántico melancólico. También es un empresario y un ciudadano que cree en la conexión profundamente importante entre noticias de calidad y democracia exitosa.

Su escenario de pesadilla es que la presente tendencia con el tiempo produzca "una escandalosa disparidad de conocimiento exactamente igual a la que se da con la riqueza," escribe en el libro. "Podríamos estar abocados a tener una clase bien informada en la cúspide y un amplio populacho inundado de opiniones, exageraciones y propaganda".

Las empresas de información tradicionales, especialmente los periódicos, proporcionan lo que Jones llama el "núcleo de hierro" de la información. Algunos medios de comunicación nuevos, los virtuales y los gratuitos entre ellos, producen alguna noticia y periodismo de investigación, pero los medios tradicionales aportan el grueso. La razón es que el periodismo es caro. Hasta ahora, sólo los medios tradicionales tienen el dinero y la relación institucional para soportar boicots y librar batallas por la libertad de prensa. Se desconoce cómo algunas de las entidades más recientes de periodismo van a responder cuando, inevitablemente, sean recusadas.

Jones no se amilana ante las acusaciones de que los medios son parciales, pero insiste en que "los medios" no son monolíticos. Reporteros y editores son humanos y cometen errores, pero también están sujetos a normas. La transparencia importa. Jones, mientras tanto, pone mucha fe en la capacidad de los estadounidenses de distinguir entre el entretenimiento centrado en cuestiones de legislación y el periodismo tradicional.

Predice que la prensa desarrollará nuevos modelos de negocio y sobrevivirá. Y aunque cada empresa de información tendrá métodos alternativos de reparto, incluyendo Internet, cada entidad debe permanecer fiel a su "ser auténtico".

La cultura de la red -- instantánea, irreverente, cruda y subjetiva -- es un tipo de criatura. Los medios tradicionales son diferentes y deberían permanecer fieles a lo que históricamente mejor se les ha dado. Crucial para su supervivencia será un compromiso renovado con la comunidad, con la ciudadanía corporativa y la responsabilidad social, y con la calidad por encima de todo.

En palabras de Jones, Arthur Gelb, ex editor de The New York Times, solía gritar: "¡Buenas noticias!" cuando leía algo acerca de un nuevo experimento para estimular la circulación de los periódicos. "¡Las buenas noticias tienen que estar en todas partes!"

La noticia de la prensa es una buena noticia, relatada de manera convincente por uno de sus personajes más ilustres. Al leerla le entran ganas de comprar un periódico.

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