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Fernando Lugo, del fascismo al chonguismo

Luis Agüero Wagner
Redacción
martes, 3 de noviembre de 2009, 02:17 h (CET)
"El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente". Lord Acton, historiador inglés.

No sin razón se ha dicho que en Paraguay, alcanzar el poder es antes que nada, empezar a asistir a reuniones donde nadie tiene opinión diferente a la de uno mismo, además de renovar guardarropa y cambiar de mujer, domicilio y vehículo. De esta manera, el mandón de turno demuestra la capacidad de pocos de hacerles creer a muchos lo poco que importan.

El obispo Fernando Lugo y sus secuaces han confirmado la regla con su alegre conducta, al punto que muchos han logrado escandalizar a los mismos inventores de la corrupción, sus antecesores colorados, quienes gobernaron con un estilo fascistoide por seis décadas al Paraguay. La realidad del “proceso de cambios” es innegable: todos los nuevos funcionarios han cambiado el tren de vida miserable por la opulencia.

La actual coyuntura recuerda aquello que con certeza expresó Abraham Lincoln: Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder.

EL CHONGUISMO
De acuerdo al diccionario Latinoamericano, Chongo en Argentina es una palabra empleada exclusivamente en el mundillo homosexual. “Se emplea para designar a cualquier otro varón atractivo. Empléase también para indicar al joven que mantiene un alto porcentaje de relaciones heterosexuales, muy apreciado por conservar sus dotes masculinas y ejercer el rol de activo durante un contacto sexual”. Ver:

Otras definiciones también lo identificaban como un vocablo que define a un amante furtivo. En Paraguay, sin embargo, según el diccionario paraguayologico del escritor Helio Vera, chongo es el protegido y hombre de confianza de alguien, sea cual fuere la razón. También se esclarece que el chonguismo es una palabra que designa a una institución de uso muy generalizado, de envergadura parangonable con el fútbol y el tereré. “La norma para este caso –afirma Vera- es el siguiente: cada capo tiene el chongo que se merece”.

La advertencia se confirma en el caso del clérigo-presidente Fernando Lugo, héroe de la lucha paraguaya contra el imperialismo brasileño que realiza negociados con agentes transnacionales del mismo como Ulisses Rodrigues Teixeira.

LOPEZ PERITO
El principal chongo a quien Fernando Lugo delega la tarea de crispar los ánimos es su secretario privado Miguel López Perito, hombre de pocas luches a quien el saco le queda evidentemente grande. El personaje en cuestión no pudo asimilar con facilidad el giro que tomó su vida, y como extensión de su poder decidió rodearse a su vez de sus chongos favoritos y mujeres de pésima reputación.

Todos los índices lo señalan como responsable de los más sonados y escandalosos negociados del gobierno, tales como las adjudicaciones para explotar casinos, peajes y la compra de tierras.

La meteórica carrera delictiva de López Perito no tardó en llegar a tribunales: La Fiscalía de Delitos Económicos y Anticorrupción resolvió iniciar una investigación del escándalo de la compra de tierras a Ulisses Rodrigues Teixeira por intento de estafa. La estafa es uno de los delitos que el Código Penal paraguayo (art. 187) castiga también en el grado de “tentativa”, y la pena aplicable es la misma que correspondería si el hecho se hubiese consumado (hasta 8 años de privación de libertad).

Previamente al intento de estafa al estado paraguayo, comprando tierras hipotecadas por el triple de su valor, fue precedida de otros graves hechos de corrupción que involucraron a López Perito, como el caso de su hijastro David Yinde, arrestado recibiendo dinero sucio en pleno congreso de transportistas, hoy enjuiciado por trafico de influencias y por enriquecimiento ilícito.

Denuncias de irregularidades en la adjudicación de la quiniela, que también salpican al entorno y la familia presidencial.

INMINENTE JUICIO POLÍTICO
El chonguismo adoptado como forma de gobierno es por demás irritante tratándose de Lugo, de quien decir que está en minoría en el Parlamento es poco: de 44 senadores sólo 3 comparten su filiación. Aunque el 20 de abril el obispo ganó las elecciones en ancas del pensamiento mágico, la tradición autoritaria del país y la misoginia ingénita, lo hizo con apenas un 40 por ciento de los votos, algo que se refleja con claridad en el Congreso.

Los partidarios del clérigo se esfuerzan en presentar el inminente juicio político que se les prepara como un golpe de estado, un atentado contra la voluntad popular, aunque entre ellos se encuentren muchos que ya participaron en marzo de 1999 de la destitución del presidente Raúl Cubas, quien había ganado las elecciones con un 54 por ciento de los votos, diferencia mucho más amplia de la que tuvo el obispo.

Las voces que claman por la destitución del clérigo-presidente por la vía institucional contemplada en la constitución nacional crecen en número, y también en influencia. El

senador colorado Julio César Velázquez instó al vicepresidente Federico Franco a apurar las gestiones para desalojar el Palacio de López al mandatario.

Pero no sólo los opositores se refieren cada vez con mayor fuerza al tema, sino los mismos oficialistas del Partido Liberal, entre ellos el mismo vice-presidente, quien se ve acosado por pedidos similares al del senador Velásquez. También el senador del oficialista Partido Liberal Alfredo Jaeggli se encuentra en es tesitura.

Otro senador oficialista, Miguel Abdón Saguier advirtió que el juicio político contra el presidente de la República, Fernando Lugo, podría concretarse por el hartazgo de la ciudadanía. La crispación va en aumento día a día, sobre todo por la ambigüedad de Lugo y su empeño en conservar en su entorno a sospechados de corrupción como López Perito.

El desenlace es tan previsible que ya se habla de una repartija de ministerios para el futuro gobierno, una vez que el obispo sea desalojado de la sede de gobierno.

Es que como sentenció el político e intelectual español Enrique Tierno Galván, el poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla.

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