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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Si la muerte no existe... ¿Por qué no nos preparamos para el Más allá?

Teresa Antequera
Vida Universal
domingo, 1 de noviembre de 2009, 09:46 h (CET)
En el “Día de Todos los Santos” millones de personas se acercan cada año de una forma “especial” a la muerte. Pero, ¿nos sirve esto para reflexionar de forma seria sobre la muerte? En el libro “Las grandes enseñanzas cósmicas de Jesús de Nazaret a Sus apóstoles y discípulos que podrían captarlas”, se lee al respecto: “Una y otra vez os oigo hablar de la muerte. ¿Qué es para vosotros la muerte? Para muchos es el final. Pero la muerte no es otra cosa que el paso a otra forma de existencia, en la que vivís de igual modo a como habéis sido siendo seres humanos. La muerte no tomará nada de vosotros, tampoco os dará nada. El alma que abandona el cuerpo es la misma que estaba en el hombre y que el hombre reflejó. Tras la muerte física, por tanto, no alcanzáis la resurrección”.

Se podría decir que el alma es la misma después de la muerte y sin embargo es una extraña para sí misma, porque como seres humanos en realidad no nos conocemos a nosotros mismos. Pero esto es en definitiva un problema de nuestro tiempo, porque las personas simplemente vivimos en su mayoría en una inercia que deja pasar los días sin reconocernos en ellos. Hablamos y hablamos, pensamos y pensamos, actuamos y actuamos y nos preguntamos muy poco qué hay realmente tras nuestras palabras, tras nuestros pensamientos y tras nuestra forma de comportarnos.

¿Qué es lo que realmente nos llevamos al Más allá? Aquello que hemos impregnado en nuestra alma. Y justamente eso que nos impregna, es lo decisivo para cada uno de nosotros. Es decir, que todo aquello que realmente fuimos como ser humano, no en apariencia sino en la realidad de nuestras intenciones y trasfondos, eso es lo que realmente impregna al alma, porque todo es energía, y también lo son nuestras sensaciones, intenciones reales y pensamientos. Por la física sabemos que ninguna energía se pierde, tampoco el contenido de nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y obras, o sea todo nuestro comportamiento queda grabado energéticamente.

Si hay una certeza real en la vida, es que cada uno de nosotros un día morirá, por ello merece la pena prepararse para poder pasar al Más allá habiendo aprovechado la vida, pues la única muerte real, incluso en vida, es aquella oscuridad del alma que apenas se ha ocupado de Dios, de Cristo y sobre todo de los Mandamientos de Dios y de las enseñanzas de Jesús de Nazaret, y en caso haberlo hecho, como mucho solo ha hablado de ello, pero apenas los ha puesto en práctica.

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