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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Organizaciones castrantes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 1 de noviembre de 2009, 09:45 h (CET)
Por comodidad o por desidia, me temo que no sea por convencimiento, tendemos al menosprecio dirigido hacia lo desorganizado; todo lo contrario sucede cuando observamos lo que está bien dispuesto, con orden y unas reglas aparentemente apropiadas. No tardaremos en apercibirnos del carácter relativo de esta valoración. El excesivo estructuralismo no fluye, se fija y se acartona sobre sí mismo; por lo tanto, su vitalidad se agosta sin remedio, se atrofia por su escaso movimiento. Si el caos fuera total, si no hubiera donde agarrarse, tampoco quedaríamos muy bien parados que digamos. No podremos eludir esta DISYUNTIVA. Precisamos de un cierto ordenamiento, enfrentado al contraste irregular y caótico que todos llevamos dentro. Dos realidades fascinantes, mirándose a la cara.

A que parece uno de esos dilemas sin solución; nos estimulan al discernimiento como perennes salpicaduras. Por lo general escogemos un poco de cada cosa, según las necesidades, por que la mayoría apenas conseguimos alguna tentativa para salir de esas dudas. Sin embargo, de vez en cuando leemos o escuchamos frases de algún personaje con más claridad de ideas; en un famoso discurso, UNAMUNO afirmaba: “La historia es creación y no organización. Organización es la colmena, el hormiguero, el avispero, el convento y el cuartel”. Su tono clamaba contra las excesivas estructuras coactivas; al parecer, el repaso histórico en aquellos ambientes, no presentaba tampoco la necesaria apertura de miras, tendría la propensión a encerrarse en sus dictámenes. En eso hay muchos ejemplos actuales. El fogoso profesor era también un vivo representante pasional, provocación y testimonio, aguijón permanente.

A medida que una persona se vuelve menos creativa en sus diferentes actuaciones, se difumina su personalidad. Alcanzados los extremos rutinarios, apenas subsisten leves indicios de lo que pudo llegar a ser dicho individuo. Abrumados por las dificultades, resulta cómoda la delegación de las cavilaciones que tanto nos pesan. Que respondan las instituciones por mis problemas. No les parece a ustedes que se perciben excesivas actitudes de RENUNCIA, con la consiguiente cesión de responsabilidades; con el recurso fácil de la reclamación a las estructuras organizadas, a las que sean, con tal de eludir las dirigibles a uno mismo. El talante de esta orientación es diametralmente opuesto al pensamiento unamuniano; desapareció aquel fondo peleón, pleno de inquietudes, incansable buscador de las mejores esencias.

La creatividad se coarta desde sistemas antiguos, desde otros muy novedosos, y otros impensables. Quisiera destacar aquí ese conglomerado opresivo, constituido por los mensajes ANÓNIMOS, llenos de alias escuetos e incomprensibles, con un simple flujo de una fraseología, cuyos componentes y fundamentos permanecen escondidos en la recámara. Diremos también que no tendrían relevancia sin la credulidad general. Desde ellos se ejerce la libertad aparente de los ocultamientos, de las tergiversaciones, aunque sea únicamente por no dar la cara; dando pábulo a los intereses inconfesados, de dudoso origen, e incluso mentiras rotundas. Bajo el signo de una modernidad ágil, se rinde culto a una de las actitudes más añeja, el engaño; sumado a la falta de entereza, por cobardía o por frivolidad. Las algarabías masificadas no propician las explicaciones y razonamientos. Con esas consideraciones, estamos ante una fina manipulación, consentida y aplaudida.

En cualquier época se ha estilado eso de los grandes grupos poco propensos a la reflexión; abocados por ello al seguidismo simplón de una moda o de una consigna. Por ineptitud o imprecisión, por una falta de inquietudes o iniciativas. Sobre esta tendencia crónica, se impone progresivamente una de esas estructuras castrantes de las citadas hoy. En demasiados ámbitos se lucha por la consecución de la mayor HOMOGENEIZACIÓN posible, es como una ambición sin freno. No sólo está bien vista, es el impulso del momento. Los más populares concursos no van en pos del protagonista genial. Se busca el prototipo que guste a la mayoría, a costa de limarle las peculiaridades genuinas. Se está pendiente hasta del mínimo requerimiento, y los deben cumplir todos. Eso, trasladado a los profesores, músicos y diferentes profesionales, evita las salidas molestas, por mucha genialidad que arrastraran. Mucho requisito y poco respeto por la vena particular de cada quien. ¿No será demasiada igualdad para cosa buena?

Si bien es evidente la necesidad de algunos criterios económicos para la subsistencia de una familia, de una empresa o de cualquier otra entidad, su demostración deviene de la propia experiencia. No me negarán un desplazamiento nefasto, cuando aquel instrumento adecuado para una vida ciudadana óptima, se transforma en un planteamiento absoluto, intratable, alejado del sujeto en particular. En aras de esa diosa, la referida ECONOMÍA, han de plegarse los anhelos personales. Un ejemplo. ¿La asistencia sanitaria se organizará con el paciente como faro y primera exigencia? No se hagan ilusiones intensas. Los minutos con su médico, qué médico, esperas y vaivenes, como otros condicionantes, seguirán el rastro de los cálculos numéricos. Y estos determinan muchos otros matices, no siempre atentos al paciente. El instrumento se ha convertido en un dios, no siempre justificado y que posibilita distorsiones; las estadísticas e índices prevalecen, se convierten en el faro. Valdrán también otros ejemplos para ilustrar estas perspectivas.

Mientras se suceden las fechas de la historia, observamos las más variadas aglomeraciones humanas, por un motivo, o por el diametralmente opuesto; en cuanto a desplazamientos no hay parangón con otras épocas, con una densidad de población incrementada en casi todas partes. Esas manifestaciones sociales nos confunden bajo la apariencia del paraíso de las comunicaciones, se alardea de ello; así pasa un tanto despercibida una de las peores tramas que nos anulan, una organización progresiva de la SOLEDAD. Creación castradora de cualquier brote animoso, invasora de míltiples facetas de los individuos. Quedan malparados los ancianos, incapaces de adaptarse al ritmo trepidante. No se libran de ella ese gran número de jóvenes, y no tan jóvenes, refugiados en drogas y en conductas adictivas, alejados del auténtico contacto entre personas. Podemos incluir los bajos niveles de comunicación vecinal, cada uno en su rincón; en una clara asociación de desinterés y avanzada edad. La soledad se vuelve tupida en medio del ajetreo. ¿Estamos satisfechos de su amplitud? ¿Impotentes?

El listado promete ampliaciones constantes. Las estructuras antiguas subsisten con renovada perfidia; léase partidos políticos, mensajes divinos urdidos por los humanos, directrices de los magnates mediáticos, universidades y escuelas serviles, con los añadidos que ustedes cosideren oportunos.

Insisto en el carácter chocante con el cual nos enfrentamos a dichas actitudes. Colaboramos con quienes nos achantan sin piedad.

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