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Etiquetas:   Crítica de cómic   -   Sección:   Libros

"Ciudadano Evremont, nombrado Darnay" o Charles Dickens e ‘Historia de dos ciudades’

Herme Cerezo
Herme Cerezo
sábado, 31 de octubre de 2009, 15:57 h (CET)
"Ciudadano Evremont, nombrado darnay" es una de las frases, quizá la que más, que se repite a lo largo de una novela mítica y emblemática del escritor inglés Charles Dickens (Landport, Portsea, 1812-Gad’s Hill, Rochester, 1870): ‘Historia de dos ciudades’, publicada en 1858, cuando Dickens ya había compuesto una buena parte de lo más conocido de su producción: ‘David Cooperfield’, ‘Oliver Twist’, ‘Los papeles póstumos del club Pickwick’... Y ésta es una reseña doble. Es la reseña de la novela y la de su traslado al mundo del cómic, realizada en el año 1970 por el dibujante José María Casanovas Magrí, basada en la adaptación confeccionado por Armonía Rodríguez Lázaro. La aparición del tebeo – creo recordar que costaba quince pesetas - se inscribió dentro de la serie ‘Joyas Literarias Juveniles’ que la editorial Bruguera sacaba por aquel entonces al mercado, un intento exitoso por divulgar la literatura más clásica (Verne, Stevenson, Dickens, Scott, Salgari, May, Conan Doyle, Melville, etcétera) entre los más jóvenes valiéndose del lenguaje del cómic.




Portada del cómic.


Leí ‘Historia de dos ciudades’, en cómic, hace muchos años, cuando me tocaba por generación. Fue una sorpresa mayúscula. La historia me atrajo por un doble motivo. De un lado, por el tema: hasta tal extremo llega el amor de un hombre por una mujer, que puede conducirle, incluso, a sacrificar su propia vida a cambio de salvar la de aquél a quien ella ama. Y por otro lado, por el propio cómic. Aficionado, como saben mis improbables, a los tebeos desde muy pequeño, constituyó un enorme alborozo descubrir las imágenes intransferibles creadas por Casanovas para este clásico, imágenes que, además, me proporcionaron mi primera aproximación a un tema tan importante como la Revolución Francesa. Recuerdo que una de las viñetas del cómic, la del baile de La Carmagnola por las calles de París, se quedó a vivir en mi mente durante mucho tiempo. Luego desapareció o eso creí yo, pero en realidad se quedó oculta, callada, disfrazada tal vez. Cuando hace poco decidí leer la novela, mientras la hojeaba en una librería, esta imagen regresó con autoridad propia, impulsada por algún resorte oculto del software que gobierna nuestro cerebro. En efecto, allí estaban aquellas parejas de parisinos y parisinas, desfilando alborozadas, panderetas al aire, con el castillo de rojos y puntiagudos remates al fondo, los gorros frigios, los fajines tricolores de la bandera francesa, cruzados desde los hombros hasta la cadera, bailando y cantando ante el anuncio de nuevas ejecuciones en la guillotina. Nunca pude entender, y quizá por eso la imagen permaneció latente en mi hard disk mental, cómo se podía estar alegre cuando se anunciaba un ajusticiamiento público. Había ahí una contradicción, alegría-tristeza, que no terminaba de asimilar. Y que la lectura de la novela de Dickens hoy, cuarenta años después, me ha permitido comprender mejor.

José María Casanovas Magrí (Barcelona, 1934-Mataró, 2009) fue un prolífico dibujante no demasiado conocido en nuestro país a mi entender. Comenzó dibujar en 1957 para la editorial Bruguera, aunque una buena parte de su producción voló al extranjero (EE.UU., Inglaterra, Finlandia, Alemania e Italia). Para Bruguera realizó algunos capítulos de la colección de ‘Joyas Literarias Juveniles’ (‘El perro de los Baskerville’, ‘Las Indias negras’ o ‘Un descubrimiento prodigioso’), además de dibujar episodios de ‘El capitán Trueno’ o ’El Jabato’. Igualmente, colaboró con la editorial Ferma y trabajó en algunas series de corte romántico y también de acción como la serie John Sinclair publicada en Alemania.

La ‘Historia de dos ciudades’ dibujada por Casanovas es una estupenda adaptación de la novela del escritor británico, teniendo siempre presentes las limitaciones de espacio. En apenas 32 páginas, el dibujante catalán y la guionista, Armonía Rodríguez, hicieron un trabajo notable. Si tenemos en cuenta que la censura franquista, por la época, tendría el ojo avizor en torno a todo lo que oliese a ciertos temas, uno de ellos la Revolución Francesa de 1789, en la que nuestros vecinos le cortaron la cabeza a Luis XVI y abolieron la monarquía absoluta por él representada, su trabajo debió verse condicionado por este asunto. No es que Dickens, en su novela, se mostrase abiertamente partidario de los revolucionarios, es más bien lo contrario, pero no deja de admitir y denunciar la existencia de situaciones injustas que justificaron o, al menos, propiciaron la revolución: hambre, pobreza, distanciamiento del monarca con relación al pueblo llano, actitudes déspotas de los nobles, desprecio por la vida de sus súbditos ... Y eso, me imagino, de alguna manera habrían de controlarlo. Los censores, digo.

El dibujo de Casanovas es magnífico y minucioso, claro, perfectamente acabado, con un minucioso esfuerzo por retratar fielmente los exteriores, para el que indudablemente tuvo que servirse de fotografías y postales, ya que dudo mucho que su economía, o los dispendios de la propia editorial, le permitiesen desplazarse a la capital del Sena para ver los detalles "in situ". La imaginación antes – y aún ahora – sustituye con éxito al tren, al coche o al avión. Sin duda. Como muy bien dice TEBEOSFERA en un artículo dedicado a Casanovas, ".. fue un autor muy esmerado en el detalle [...] que nunca descuidó la profundidad de campo ni los detalles en primer plano que aportaban un toque de distinción al conjunto, pese a tratarse muchas veces de escenas cotidianas". Los enfoque de las viñetas de ‘Historia de dos ciudades’ son espléndidos. Los hay de todo tipo, desde el tradicional hasta los dibujos trazados a ras de tierra, como si el lector estuviera pisando el empedrado donde se desarrolla la acción. Además, Casanovas rompe la viñeta tradicional cuadrada o rectangular para introducir otras redondas, alguno de cuyos elementos saca fuera de ellas, sobredimensionándolos, para destacar su importancia. Un recurso, este último, propio del noveno arte y del que los demás carecen.

La publicación de estos "Clásicos Juveniles", que ahora reedita PlanetaDeAgostini, es una estupenda oportunidad de recuperar los más de doscientas obras literarias que aparecieron durante los años setenta y ochenta en formato cómic, a todo color y en treinta y dos páginas. La colección se presenta en tomos de dos y tres títulos, agrupados preferentemente por escritores. Se echa de menos, sin embargo, una introducción, aunque fuese mínima, sobre los dibujantes, guionistas e incluso de las obras y sus autores. Algo así como lo que ha hecho Antoni Guiral en los ‘Clásicos del Humor’ de Bruguera, que le otorga a los volúmenes un valor añadido del que carecen estos ‘Clásicos juveniles’. Y no piensen que es edición para cuarentones o cincuentones nostálgicos. La colección está pensada para todos aquellas personas que hicieron volar su imaginación pilotada por los grandes escritores de todos los tiempos, cuyos nombres ya he citado al principio. Las generaciones de hoy abren sus mentes a otras cosas: grandes hermanos, navegaciones por Internet, aventuras exóticas televisadas y otras cosas por el estilo. Quizá ellos estén en lo cierto y sea lo que toque hacer hoy. Quizá. ¿Quizá?

Y una cosa más. No se pierdan tampoco la ‘Historia de dos ciudades’ original, en novela. Es un título que merece la pena ser leído. Primero, por la calidad narrativa de Dickens, que aporta el peculiar modo británico de entender las cosas. Él habla desde el punto de vista de quien vive en un país que parece exento de las oleadas revolucionarias y, la serenidad que esto le proporciona, le permite mirar con un innegable distanciamiento los acontecimientos que se desarrollaron en el país galo (el de Astérix) a finales del siglo XVIII. Como les decía antes, Dickens comprende los motivos que llevaron a los franceses a levantarse contra la tiranía, sin dejar de denunciar los excesos. Además, los datos que maneja el escritor inglés son buenos y ciertos, con lo que su argumento de ficción, en algunos pasajes, se apoya en hechos objetivos y sus comentarios, en ocasiones, bordean el filo de lo profético. Y no se asusten por las casi seiscientas páginas del volumen editado por Alianza Editorial y que es el que he escogido para leer la novela. Además de su cómodo manejo (no pesa mucho, amplios márgenes, tipografía suficiente), la traducción es estupenda. Y muy cuidada. Algo no muy normal en los tiempos editoriales que corren.

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‘Historia de dos ciudades’, ‘Cuento de Navidad’ y ‘Vida y aventuras de Nicolas Nickleby’ de Charles Dickens. Colección Joyas Literarias Juveniles. Editorial PlanetaDeAgostini. Dibujos de Rodríguez Lázaro, Casanovas Magrí y Casamitjana Colominas. Tapa dura, color, 7,95 euros.

‘Historia de dos ciudades’ de Charles Dickens. Alianza Editorial. Colección 2013. 592 páginas, tapa blanda, 9,90 euros.

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