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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Pasar por el aro para agradar a las féminas

Kathleen Parker
Kathleen Parker
jueves, 29 de octubre de 2009, 00:36 h (CET)
WASHINGTON - Como si el Presidente Obama no tuviera bastantes problemas con la sanidad y Afganistán, se enfrenta ahora al problema que no se puede resolver: Las mujeres:

Lo siento, Señor Presidente, pero va a ser que no.

Pero no, Barack Obama cortejaba a las chicas, les prometía igualdad en todo, y ahora las ha excluido de un torneo de baloncesto completamente masculino.

Lo siento señoras, pero va a ser que no.

No todas las mujeres están molestas, por supuesto. Algunas de sus estrogenadas filas han restado importancia al falso escándalo del tristemente infame partido y señalan la inclusión de la mujer por parte de Obama donde más importa.

La asesora Valerie Jarrett destacaba varios nombramientos femeninos de alto nivel, incluida la Secretario de Estado Hillary Clinton y la magistrada del Supremo Sonia Sotomayor. Asimismo, la administración presume de una paridad al 50% entre la plantilla de la Casa Blanca.

Sin embargo, algunas mujeres encuentran la preferencia del presidente de la compañía masculina una actividad extracurricular problemática. El baloncesto no es en este caso el único aro por el que pasar, sino de acceso al presidente. En lo que respecta a la mecha del polvorín, Obama puede muy bien haber pegado un letrero en la puerta del club: "No se aceptan chicas".

Tan pronto como termine este bostezo, voy a echar pestes de indignación. Aquí va: ¿Cómo se atreve?

Por otra parte, ¿cómo se atreve a otra cosa? El baloncesto es un deporte de contacto. ¿No encontraríamos un cepillo presidencial con una congresista al menos igual de problemático? ¿Qué probabilidades hay de que las pocas mujeres en la Casa Blanca o el Congreso sepan jugar lo bastante bien para estar a la altura del presidente? ¿O debemos hacer que Obama juegue peor por ellas? ¿Debería no jugar él directamente por ser presidente?

La vida es compleja… pero en realidad no tanto. A Obama le gusta jugar al baloncesto y sólo puede divertirse en solitario con un balón y un aro tanto tiempo. Es natural que invite a los pocos tíos que hay a jugar con él. ¿Debe ser políticamente correcto hasta el ocio de un presidente?

En el centro de la cancha hay una cuestión evidente que nadie quiere reconocer: Que los hombres y mujeres son diferentes; que a veces hasta los heterosexuales prefieren la compañía del mismo sexo; y que, por regla general, las mujeres y los hombres son (BEG ITAL)des(END ITAL)iguales en materia de física. Con raras excepciones, el tropo de la neutralidad de género que impulsa gran parte de la agenda del Partido Demócrata es, fue y siempre será - falso.

Triste. Deprimente. Frustrante. Enloquecedor. Puede llamarlo como quiera, pero sigue siendo cierto.

El partido de Obama se ha convertido así en una metáfora conveniente de una verdad incómoda. En general, los chicos prefieren jugar a la pelota con otros chicos, al igual que las mujeres prefieren formar clubes de lectura con otras mujeres. Eso no es porque a las mujeres no les gusten los hombres (y viceversa), sino porque cuando se relajan, la mayoría de mujeres desea beber vino juntas. Y hablando de los hombres. Yo no sé lo que hacen los hombres en la cancha de baloncesto que es tan convincente, pero al parecer lo necesitan, y yo no.

El sonido chirriante que se escucha es el correr de un millar de tacones de aguja de mujeres que se precipitan a bloguear sus protestas. Espera, espera, siento que otro bostezo se acerca. ¿Hay algo más agotador que tratar de explicar lo obvio?

Nada de lo que es verdad u obvio presupone que los enfoques racionales sobre el juego justo vayan a hacer la vida más viable y agradable. Pero, a pesar de que homenajeamos a las atletas, la igualdad absoluta no es probable hasta que se altere la composición hormonal del universo.

¿Probable o deseable?

Las mujeres honestas tendrán que admitir que ayudaron a Obama a ser presidente no sólo debido a las políticas que prometió, sino porque les gustó. Esa jocosidad famosa que comparte con los hombres más que con las mujeres puede ser motivo de crítica en los momentos puntuales, pero es la sal de la tierra. Su masculinidad es su tiro a puerta.

No pretendo sugerir que los hombres nunca hacen o dicen nada a derechas, pero las mujeres molestas por el presunto aislacionismo masculino del presidente podrían beneficiarse de los consejos de mi padre cuando, siendo niña, me quejaba de la injusticia de la vida. "No te quejes del juego", decía. "Aprende a jugar mejor". Hay más que una forma de marcar el punto, en otras palabras, y la historia no ha sugerido nunca que las mujeres sean idiotas.

Si la paridad absoluta de acceso a la presidencia es esencial para el bienestar de la mujer, quizá deberían formar una liga de bolos propia e invitar a jugar al presidente. He oído que tiene una bolera en su casa. Y, si mal no recuerdo, las mujeres tienen esperanzas de ganar.

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