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Partidos políticos a la greña, mientras España cae al vacío

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 29 de octubre de 2009, 00:34 h (CET)
Es obvio que estamos padeciendo, en España, una crisis de partidos políticos. También hay que reconocer que, el que esto ocurra, estando en plena crisis económica, acaba de agravar la situación, si es que cabe que ésta aún se pueda agravar más de lo que ya lo está. No me cabe la menor duda de que, una gran mayoría de la ciudadanía, y así se refleja en las diversas encuestas que los medios de comunicación vienen haciendo públicas; ha llegado a un punto de saturación en el que parece que cualquier otra de las “genialidades” de nuestro Gobierno u otra de las “cacicadas” del señor Rajoy, puedan ser aceptadas sin que se produzca un estallido masivo de rechazo hacia aquellos que, con tanta impericia, se ocupan de España y de sus pobladores. Porque, señores, la situación de España, después de más de cinco años de gobierno socialista y de una oposición incapaz de ejercer de tal con un mínimo de decoro, han conseguido que, tanto los ciudadanos de derechas como los de izquierdas, hayan optado por inhibirse de la política, cansados de presenciar como el sentido común ha desaparecido de las direcciones de ambos partidos mayoritarios – en los minoritarios, la mayoría nacionalistas, lo único que predomina es una lucha ideológica destinada a agitar el ánimo de sus votantes para que contribuyan a aquello tan socorrido de que a “río revuelto ganancia de pescadores”, con lo que aprovechan para ir socavando, grano a grano, las tres columnas graníticas en las que se sustenta, según Montesquieu, la soberanía de toda nación –. Esta España en la que nos vemos constreñidos a vivir, señores, está en los momentos en que más necesitada se encuentra de una política sensata, de una mano firme que empuñe el timón, de un cerebro bien amueblado que sepa tomar las decisiones convenientes, tanto respecto a nuestra economía ( en horas bajas) como a nuestros problemas sociales más acuciantes ( véase el desempleo y la sangría continua de empresas que desaparecen a causa de la bancarrota); sin que ello suponga descuidar los temas internacionales, a los que es imposible sustraerse debido a que formamos parte de la Comunidad Europea y, en consecuencia, no podemos actuar de espaldas al resto de naciones de nuestro entorno, sin que ello repercuta negativamente en nuestro propio país.

En este estado de cosas, choca presenciar como, el empeño mayor del PSOE se centra en intentar demostrar que la oposición del PP es incapaz de gobernar, porque los propios del partido socialistas se han encargado de ir rastrando por los estercoleros de la política, con la inapreciable colaboración del señor Rubalcaba, experto en estos menesteres, como ya demostró cuando estaba a las órdenes del señor Felipe González, ante el caso Gal, que tan funestas consecuencias trajo al jefe del Ejecutivo y a algunos de sus ministros, que se tuvieron que sacrificar para que su jefe de filas no fuera a parar a la cárcel; y, también, por parte de la oposición que, en lugar de centrarse en sacar provecho electoral de la inmejorable ocasión que les ha ofrecido un PSOE que ha estado trastabillando durante todo el tiempo que lleva ocupándose de la gobernación de país, pero que, ahora, agobiado por sus errores, endeudado hasta la cabeza y dando palos de ciego para intentar ocultar sus carencias, era, precisamente, el momento propicio para asestarle el golpe de gracia. No obstante, enredado en sus propios problemas, bajo la dirección inestable, indecisa, falta de autoridad y evidentemente mejorable del señor Rajoy, parece que anda perdido ante los episodios que, su adversario el PSOE, ha sabido gestionar con mano maestra, mientras que ellos, acomplejados, con continuas contradicciones y metidos en luchas intestinas para detentar el poder, se muestran incapaces de dar una imagen de unidad y seriedad, que es la que se espera, de un partido eficaz en la oposición, por el pueblo español.

Probablemente. si esto estuviera sucediendo en un tiempo de bonanza económica sus efectos se limitarían a darle un salvoconducto al partido del Gobierno para que gobernara unas pocas legislaturas más; pero, por desgracia para nuestro país, estas muestras de desgobierno, estos rifirrafes políticos, estas triquiñuelas para cargarse al adversario y esta falta de preocupación por los problemas reales que la vida cotidiana está provocando a los españoles, como pudieran ser: el paro, la caída de la producción de empleo; los continuos percances en la marcha de las empresas; las quiebras; nuestro endeudamiento interno y externo; nuestro distanciamiento de las políticas de nuestros vecinos europeos, que ya empiezan a reflotar de la crisis; nuestra falta de competitividad; nuestra estructura laboral obsoleta, con la particularidad de tener unos sindicatos que todavía sostienen puntos de vista retrógrados, propios de las viejas teorías basadas en las luchas de clases que pretenden revivir, cargando sobre el empresariado lo que debieran de reprochar a los especuladores y a las empresas financieras, los verdaderos causantes de la actual crisis de las •”hipotecas basura”. Y esto, sin olvidarnos de la parte que le corresponde al actual Gobierno, por no haber reaccionado eficaz y prontamente ante los primeros síntomas cuando, por el contrario y por simples intereses partidistas, intentó ocultar la amenaza de caos económico hasta que ya fue tarde y nos cayó encima, cogiéndonos a todos desprevenidos.

Cuando Rajoy perdió sus segundas elecciones fuimos muchos, los simpatizantes del PP, que esperábamos una reestructuración del partido, una reflexión sobre las causas del descalabro y un relevo en la dirección, debido a que Rajoy se había mostrado incapaz de superara al señor Rodríguez Zapatero, a pesar de que la primera legislatura estuvo cuajada de errores garrafales que dieron motivos para que hubiera sido derrotado si, el PP, hubiera sabido desarrollar una campaña adecuada que inspirara confianza a los electores. No ocurrió así y, en lugar de que se diera oportunidad a las bases para que opinaran, se prefirió, por los barones del partido, temerosos de perder peso específico dentro de él y ser descabalgados por otros más eficaces y menos enrevesados; reforzar a Rajoy, por lo que se preparó el famoso congreso de Valencia para reafirmarle en el cargo y, de paso, evitar que personas de la valía de Esperanza Aguirre, Rato, Mayor Oreja u otros jóvenes que empezaban a despuntar en el partido, pudieran aspirar a ocupar, con más merecimientos si cabe, el puesto de presidente de la formación. Como es natural Rajoy quedó a merced de los barones que le apoyaron y, esta dependencia, se ha mostrado ahora en el caso Camps y en el mismo caso Gürtel, donde la falta de liderazgo del señor Rajoy ha quedado en evidencia cuando, en lugar de tomar decisiones valientes, se ha limitado a titubear, esconderse y permitir que situaciones incómodas para el partido, se demoraran en el tiempo más de lo conveniente, manteniendo al PP en un constante estado de inseguridad y en una posición meramente defensiva, frente a un PSOE, que pese a estar tan embadurnado de corrupción como el PP o más, ha sabido correr las pertinentes cortinas y manejar al poder judicial de modo que sus vergüenzas no quedaran a la intemperie, mientras las del PP eran aireadas ante toda la ciudadanía.

Es el sino de España. Cuando la República de febrero de 1936, ni los partidos de derechas ni los de izquierdas supieron prever las consecuencias de sus rifirrafes y descalificaciones mutuas mientras, aprovechándose de ellas, tanto los independentistas catalanes y vascos, como el incipiente partido comunista, supieron hacer sus deberes y, fruto de todo ello, fueron los desmanes y atrocidades que propiciaron el levantamiento del 18 de julio de 1936. Algunos lo vivimos, otros hablan en plena ignorancia.

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