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El envés

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 28 de octubre de 2009, 01:13 h (CET)
Todo derecho tiene su envés, y los torticeros, los interesados en sacar ventaja de una situación, suelen presentar el derecho como envés… y viceversa. Según estos, por cuestiones de mandinga se ha desatado una epidemia de gripe de cerda que ha multiplicado por varios enteros el valor de las farmacéuticas, se ha producido por misteriosos designios divinos una crisis que ha forzado a los gobiernos de medio mundo a rascarse los Erarios para proporcionar a los muy ricos-riquísimos auténticas millonadas que no sé dónde las podrán meter sin que reviente, los terroristas nos están forzando a librar batallas en los confines de la Tierra movilizando hasta aquellos lares nuestros ejércitos, los árabes nos odian tanto que prefieren inmolarse para hacernos pupa y los países amigos están sufriendo a causa de los malos de tal forma que se nos hace imprescindible proporcionarles todo tipo de armas, aun respetando que estos amigos sean crueles dictadores que sellan sus decretos en base a sangre y plomo.

Muy bien, todo tan ricamente. Pero ¿y si no fuera esto la realidad, sino precisamente el envés de la realidad?... Bien mirado, y sin complejos, podríamos analizar los mismos sucesos y comprobar para nuestra sorpresa que la misma información puede leerse en código de viceversa, aunque, eso sí, confesando en tal caso evidencias antitéticas. Los escritores urdimos la trama de nuestra obra no de principio a fin, sino precisamente de fin a principio, y, analizando todas esas situaciones desde nuestra óptica inversa, desde el envés, la realidad lo que dice es que para amasar una fortuna inconfesable y asaltar al mundo las farmacéuticas han producido artificialmente un virus manejable, han pagado generosamente a voceros cualificados para que difundieran el pánico y, con unos cuantos muertecitos aquí y allí que no van a ninguna parte –porque están muertos-, se han montado el negocio del siglo. Si aplicamos el mismo principio a la crisis que nos concierne, pues tendríamos algo parecido, y lo que habrían tenido que hacer los grandes bancos y los muy grandes pillos, es liar la de Troya insuflando un pánico financiero y un par de quiebras fraudulentas para obtener la friolera de billones de euros que los solícitos gobiernos –tal vez a sueldo y al parte y reparte- les han obsequiado. Y así con todo.

¿Nos odian tanto los árabes que se inmolan, o les odiamos y marginamos de tal manera que les empujamos a que se inmolen…, incluso muchas veces empujados por quienes desean el conflicto para vender pánico y armas?... ¿Sostenemos al Dictador simpatizante de Occidente contra sus enemigos, o empujamos a sus enemigos para proteger a nuestro amigo Dictador y venderles armas a ambos al tiempo que abrimos las puertas a una oportuna invasión en el momento que nos interese?... La verdad es un hilo que tiene dos cabos, y tan hilo es si se le considera desde un extremo como desde el opuesto. Lo absoluto, lo verdaderamente incontestable, son los hechos: el hilo.

En nuestros sucesos domésticos sucede un poquito lo mismo. Podemos analizar cada cuestión desde el extremo de la verdad oficial, o, haciendo un ejercicio de imaginación, irnos al extremo contrario. La imaginación, entonces, es posible que nos diera la sorpresa de que tiene más visos de ser realidad que los sofismas que nos presentan. Así, si osáramos, comprenderíamos que el terrorismo no es precisamente lo que se dice, sino un negocio de mayor alcance que el imaginable; que los inocentes no lo son tanto, sino culpables con carita de pena; que la corrupción es distinta a como suponemos, siendo el correctivo de unos pocos que se desmadran de la logia; y que los sindicatos son en realidad un caballo de Troya entre los trabajadores, el PSOE el de la izquierda y la democracia el único sistema que propicia que todos puedan hablar mucho sin que sirva de nada.

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