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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La soledad de Mariano Rajoy

Mario López
Mario López
miércoles, 28 de octubre de 2009, 01:08 h (CET)
Este es un país de bochinche y hombres silentes. Mientras unos se lían a darle a la bulla otros callan. Durante años el silencio se llamó Sabino. Ayer lo enterramos y hoy se llama Mariano. A éste aún le queda cuerda, pienso yo. Desde la acrópolis de Génova 13, dominando las vaguadas periféricas y contrapuestas de Cibeles y Sol, el venerable tribuno medita en silencio la mejor estrategia para salvar a la familia conservadora española de una confrontación intestina que podría ser fatal.

Se mesa su rala y ya nívea barba y piensa. Son muchas las baronías excelsas que pueblan los cuatro puntos cardinales de esta tierra milenaria. Sabe que todos le observan con inquietud. Que un movimiento en falso le puede alejar de la gravísima cita que tiene concertada con la Historia. Recuerda a sus egregios antepasados de la Unión Liberal: Leopoldo O’Donell Jorís, Ramón María Narváez Campos, Francisco Armero Peñaranda, Francisco Javier Istúriz Montero, Manuel Pando Fernández de Pineda, Lorenzo Arrazola García, Alejandro Mon y Menéndez, Luís González Bravo, José Gutiérrez de la Concha. No, no quisiera repetir la historia de Valentín Ferraz, el presidente más breve de la historia de España (diecisiete días de mandato). Pero para ello hay que hacer bien las cosas. Saber poner cada peón en su casilla. Caja Madrid, Génova, Caballeros, Sol y Cibeles. Los cinco alminares de la alcazaba popular. Sin duda el gran número de barones enaltece al partido, pero complica la gestión enormemente. Todas las ambiciones son legítimas y un estímulo para la superación de la excelencia, pero no se puede dar contento a todo el mundo. Declina la tarde y Mariano se deja vencer por la melancolía ¿Qué no daría él por tener a su lado a un buen consejero que le ayudara a vislumbrar una salida airosa a este laberinto tan tremendamente intrincado? ¿Qué no daría él por poder intercambiar algunas palabras con hombres preclaros como Baldomero Espartero, Narváez, Castelar o el mismo José María Aznar López? Pero unos están muertos y el otro, el más grande presidente de toda nuestra gloriosa historia, el Héroe de Perejil, no le quiere bien.

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