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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Liberar visiones es malo, ¿y despellejarlos?

Julio Ortega Fraile
Redacción
martes, 27 de octubre de 2009, 02:19 h (CET)
No voy a ser yo quien le lleve la contraria a Plutarco ni a las conclusiones de Julio Cesar, así que siguiendo la recomendación de éste último y como la mujer del Emperador, no sólo soy honesto sino que quiero aparentarlo, no vaya a ser que me acusen de “apología de la liberación”, que no existirá todavía como acción delictiva, pero cualquier día de estos algunos individuos, entre montería y corrida, propondrán que se contemple dicha figura legal a propósito de las frecuentes sueltas de visones en granjas y los que las aplauden.

Por eso afirmo que aquellos que las llevan a cabo son malos y tontos y que está muy feo liberar a estos animales, principalmente para el industrial peletero, que mira por donde ve como con cada una de estas actuaciones miles de sus esclavos, que permanecían todos condenados a muerte, corretean libres por los montes y con ellos, los millones que va a dejar de percibir por despellejarlos.

Los hechos ocurridos en Galicia hace pocos días, Comunidad en la que perduran la mayor parte de salvajes y sangrientas explotaciones de este tipo en España, han desatado una corriente de rechazo hacia los responsables de las liberaciones, linchamiento mediático al que se ha sumado la mayor parte de la prensa y de la televisión, que ya se sabe que esto de los productos suntuarios es como los lobbies taurinos, repletitos de gente forrada de pasta y con gran poder para influir en la línea de opinión. Porque los abrigos de visón no los compran los de los 420 euros mensuales, ¿no?.

¿Cómo es el discurso?: “Terrible impacto ecológico con grave peligro para las especies autóctonas por la acción del visón americano...”. Vamos, que mientras estén encarcelados no hay problema, lo peliagudo del asunto viene cuando alcanzan la libertad. Igualico igualico que cuando llevaban a los ilotas africanos a Norteamérica: si estaban encerrados en las plantaciones todo estaba bajo control, lo malo llegó con su manumisión, que se extendieron, proliferaron y ahora así les pasa, que tienen al descendiente de uno de ellos en la Casa Blanca.

Respecto a las consecuencias de que estos animales estén libres podrían ponerse bastantes “peros” a algunas de las falacias esgrimidas por las partes interesadas en su confinamiento: como que son solitarios y territoriales, lo que implica un índice de ocupación muy bajo por esta especie. Tampoco está de más recordar que antes que los defensores de los derechos de los animales, fueron algunos de los propios encargados de granjas peleteras, los que los soltaron cuando este infamante negocio perdió cuota de mercado y decidieron deshacerse de ellos, aparte de las evasiones fortuitas que desde la década de los 70 se vienen produciendo.

Luego nos cuentan, o mejor dicho, tratan de envenenar a la opinión pública, argumentando que “¡menudo amor a los animales!” el de los que hacen esto, pues la gran mayoría de los visones que se liberan morirán. Y tienen toda la razón, pocos serán los que sobrevivan, pero la pregunta que enmudece esa razón rastrera es la siguiente: ¿cuántos de ellos se salvarían de una muerte prematura en el caso de seguir enjaulados?. La respuesta es siempre la misma: ninguno. Probabilidad cero contra posibilidades escasas. ¿Qué escogen?.

Así que no nos vengan con consideraciones piadosas porque suena como un discurso de integración racial en boca del Führer, de hecho los propietarios de los visones invitan a que la gente mate a los evadidos y les lleven sus cuerpos no por evitarles sufrimientos mayores, sino para poder desollarlos y continuar con el negocio, del mismo modo que si la época del año en la que se produce la liberación coincide con aquella en la que las hembras están preñadas, el ruego es que se capturen vivos, así no perderán tanta materia prima.

Yo comprendo que en esta Sociedad, si uno no es “políticamente correcto” se le echarán encima y después, resulta muy complicado limpiar la imagen, sobre todo si conviene mantenerla inmaculada para poder pisar en ciertos salones, en ese caso entonces es mejor pasarse al otro lado o simplemente, no participar en estas cuestiones, pero lo triste es proclamarse en defensor de los animales y denostar a los que tienen el valor y la dignidad de jugarse el tipo por conseguir que se hable de su espantosa situación. No hay charla en ningún salón de actos, que tenga tanta repercusión como abrir las cárceles de estos seres.

Yo mantengo prisioneros de por vida a miles de visones para cuando alcanzan el tamaño y el grosor de piel adecuado, asesinarlos con gas o mediante electrodos y acto seguido, muertos si la ejecución ha tenido éxito o sólo aturdidos si no ha sido así, arrancarles toda la piel y en más de una ocasión, arrojarlos a un contenedor en carne viva y todavía moviéndose. Y si vienen unos señores y permiten que se escapen antes de que yo lleve a cabo mi lucrativa matanza, resulta que soy el bueno y el que puede lloriquear delante de las cámaras afirmando que esos asaltantes son gentuza sin escrúpulos. Hay que fastidiarse con la escala de valores vigente y con aquellos empeñados en que nada cambie.

Entonces, si dijese – que no lo hago, que para eso tengo un primo abogado - que las sueltas de visones me parecen un mal menor y buenas como llamada de atención sobre estas prisiones – cadalsos de seres vivos, sería tachado de delincuente y hasta de terrorista, palabrita ésta última muy de moda en boca de los maltratadores de animales para referirse a los que rechazan sus crímenes y exigen respeto por estas criaturas, pero resulta que si las critico, estoy contribuyendo a un negocio sangriento y miserable que acarrea verdaderas atrocidades cometidas con los animales para que unos cuantos, se vistan con sus pieles. Así que a la vista de lo dicho, que cada uno interprete mi postura como quiera, sobre todo teniendo en cuenta que soy gallego.

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