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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La barahúnda de los 400 euros

Ángel Morillo Triviño
Redacción
martes, 27 de octubre de 2009, 01:51 h (CET)
Ya, de por sí, le deberían aflorar los colores a la cara a políticos, a empresarios y, por supuesto, a sindicalistas por lo que supone el hecho de que un 63%, es decir, 18,3 millones de personas de entre los 27,9 millones que perciben algún tipo de renta, tenga unos ingresos brutos mensuales inferiores a 1.100 €. O que 16,7 millones de españoles (asalariados, desempleados y pensionistas) cobren menos de 13.400 €/brutos anuales y que 10,8 millones de asalariados, el 57% de los 18,9 millones de la población ocupada, sean mileuristas; concentrándose el mayor porcentaje por comunidades, como no, en Extremadura, que, lógicamente, ostenta el Guinness de las referencias al desarrollo económico, social y, desde el domingo pasado, deportivo (en vez de camillas, usamos puertas para retirar los lesionados); como, así mismo, el del número de funcionarios..., y de políticos, altos cargos, asesores, etc., con sus sueldos –ellos sí- equiparados al del resto de comunidades.

Recuerdo cuando se estableció la medida –que ahora puede ser derogada- de los 400 €, que el Sr. Caldera, entonces ministro (autor del desatino de la inmigración que preocupa a tanta gente en este momento) y por este tiempo, seguramente, “gestor” de alguna Funda-Evasión, y la Sra. de la Vega defendían la universalidad de la disposición que valió al PSOE para ganar las elecciones generales y que fuera reelegido Presidente del Gobierno el Sr. Zapatero.

Pero el tiempo (poco en este caso) se ha encargado de demostrar que la “transacción” de votos “regalando” 400 € a todos menos a los que realmente más los necesitaban no ha sido otra cosa que una exorbitante y altiva engañifa que habrá que “vomitar” (perdón) vía impuestos para poder cuadrar las cuentas, “sus cuentas”. Impuestos, por otra parte, que, como no podía ser de otra forma, afectarán más a los que menos tienen, incluidos –aquí sí- los que no percibieron esos 400 €.

Y, claro, como eso puede significar que, igual que al establecerla se ganó, ahora, si se quita del todo, se puede perder, pues hay que divulgar –para empezar- una original barahúnda entre los trabajadores: ¿Seguirá o no en vigor?, ¿se excluirá a las clases medias?, ¿seguirá en vigor para determinadas rentas?, ¿se seguirá excluyendo –si llega el caso- a los de menos ingresos?, ¿si el tramo del IRPF es entre 6.000 € y 12.000 € por qué se rumorea que se aplicaría sólo hasta 11.000 €?, ¿pretenden que llegue esta ayuda únicamente a los trabajadores extremeños y andaluces (vivero de votos socialistas a pesar de ser donde más se acentúa la opresión y la explotación entre los que tienen trabajo) que conforman, por excelencia, la penuria salarial del País?, ¿se pagaría sólo a mujeres para compensar el desfase salarial?, ¿se…? Cuando lo que habría que hacer es una reforma fiscal como dios manda y tratar eso de las retenciones en su justa medida y progresión para que las rentas más bajas no tengan que esperar tanto tiempo a que Hacienda les devuelva su dinero, encima, sin intereses.

Y si se quiere proseguir con esa ayuda, como uno es de izquierda (mas no le tiene miedo al lobo pues curó la fobia con el peor Presidente que ha tenido la “democracia”) le sugiero a los gobernantes, si quieren continuar siéndolo –aunque eso suponga seguir anclados en la desgracia para las clases desfavorecidas-, que la reconduzcan y la dejen establecida para las rentas que estén por debajo de la media salarial, unos 18.000 € brutos/año (un 35% menor que la de un francés y un 60% inferior a la de un alemán) y los euros que se precisan para cuadrar las cuentas (por mucho que éstas sean las del Gran Capitán) los sustraigan de las SICAVs; recuperando el impuesto de patrimonio o, con un poco de arrojo, haciendo emerger la economía sumergida de ciertos sectores profesionales y de muchos miles de trabajadores que están en el paro, pero, digamos, que no lo están del todo (una vergüenza que toda España conoce) y se les “encubre” para asegurar su voto, especialmente en Extremadura y Andalucía.

Y, desde luego, con ayudas y sin ellas, para sacar a ESTE PUEBLO de la embaucadora democracia “felipazna” -más propia de sicilianos o napolitanos- que, junto con el futbol, le tiene nublada la razón, es urgente una Ley Electoral que evite que con trescientos mil votos se tengan más del triple de diputados que con un millón y que dé lugar a un Parlamento verdaderamente representativo y no a este “sombrajo de nuevos señoritos” que apenas lo pisan…, pero cobran –y mucho- por “estar”.

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