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Retórica, política y politicastros

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 27 de octubre de 2009, 00:56 h (CET)
La retórica en los políticos se podría decir que es algo consustancial al empleo. Es indudable que, sin poder acudir a las metáforas o a las alegorías, epítetos o eufemismos no habría posibilidad alguna de que, a un político comme il faut, se le pudiera considerar como una persona apta y capacitada para ejercer la representación de un colectivo que se precie como tal. La retórica constituye uno de los recursos más socorridos de quienes se dedican a tan difícil, esotérico, engañoso, entreverado y poco fiable oficio, basado en el arte de adoctrinar a un grupo de personas para convencerlas de que, lo mejor que puedan hacer para su provecho, es encargarle al predicador en cuestión que vele por sus intereses y se ocupe, en su nombre, de gestionar las políticas comunitarias. Claro que esto es una definición muy alambicada del arte de la política, pero tampoco se trata de que me pierda en excesivas disquisiones sobre la teoría de la política como si, en lugar de un articulista de medio pelo, fuera un Aristóteles, un Sócrates o un Platón; que, para esta tarea, ya estuvieron estos eximios maestros de la antigüedad.

Lo cierto es que, estos políticos que actualmente nos gobiernan, si los tuviéramos que incluir en alguna corriente filosófica, no hay duda de que los adscribiríamos al gremio de los llamados “sofistas” y no, por supuesto, atendiendo a la traducción etimológica del término, derivado de la palabra griega sophos (sabiduría), sino en el sentido despectivo que Píndaro le daba a la expresión, al interpretarla como sinónimo de “charlatán”; aunque es cierto que hubo otros que le dieron el sentido peyorativo de “embaucador”. No hay duda de que, nuestros ancestros griegos, supieron encontrar el apelativo adecuado para esta raza especial que, dentro de todas las comunidades, surge y se reproduce como hongos y que, en su calidad de parásitos de la sociedad (estas bestezuelas oportunistas que siempre están a la que pescan), se nutren saqueando nuestros bolsillos y se enriquecen a costa de la endémica estupidez de la ciudadanía, siempre dispuesta a dejarse embaular por aquellos que le ofrecen utopías.. Y aquí viene al dedillo lo que anunciábamos al comienzo de este escrito, respecto a la utilidad que, para estas rémoras terráqueas, tan abundantes en cualquier nación, tiene el uso de frases o palabras equívocas que puedan servir, tanto para un fregado como para un barrido, de forma que, ocurra lo que ocurra, siempre puedan afirmar que ellos ya lo habían previsto.

Es evidente que si a quienes nos queremos referir, es a nuestros actuales políticos, me temo que he sido demasiado condescendiente al atribuirles dotes retóricas; todo ello debido a que, raramente, utilizan más que expresiones estereotipadas, frases hechas o simples latiguillos impregnados de demagogia que, sin embargo, consiguen los fines que con ellos se proponen. La primera regla de un político es no comprometerse nunca ante el electorado, de forma que, en un momento determinado, se le puedan recordar promesas o compromisos incumplidos; es esencial que, ante preguntas comprometidas, tenga preparadas contestaciones con las que salir del paso y, al tiempo, salvar la cara ante el indiscreto interrogador. Pongo un reciente ejemplo. La señora Pastor, antigua ministra de sanidad del PP, estuvo en uno de estos coloquios que, con tanta profusión, se celebran en las emisoras de radio, en el que se le argumentaba que, durante la legislatura en la que el PP tuvo mayoría absoluta, tampoco se hizo nada para evitar los abusos de las tres excepciones al delito de aborto. Evidentemente incómoda por la pregunta, la señora Pastor, se limitó a echar balones fuera para terminar afirmando que si había mantenido el aborto como se estableció durante el gobierno de los socialistas fue debido a “un ejercicio de responsabilidad política” ¿Ustedes saben a lo que se quiso referir con semejante respuesta?, pues yo no; o, mejor dicho, sí, fue un salvavidas para no mojarse y tener que reconocer que no hicieron nada al respeto..

Esta, pues, es una de las frases más utilizadas en cuanto a alguna formación política se le reprocha haber colaborado con el Gobierno o éste ha aceptado una propuesta de aquella; para justificar el hecho de que, en ocasiones, a un partido le interesa olvidarse de las promesas hechas a sus electores para hacer, por motivos de táctica interna, todo lo contrario de lo que se comprometieron a defender en beneficio de aquellos que depositaron sus esperanzas en él. “Se ha hecho el ejercicio de responsabilidad en interés de España” o “ha sido un ejercicio de responsabilidad ciudadana” o “lo hemos aceptado en virtud de nuestra responsabilidad como oposición del Gobierno”. Así, unas veces se abstienen de votar en un tema vital para la nación, pongamos, por ejemplo, la ampliación de la Ley del Aborto; en otra ocasión se ausentan tres diputados, para evitar que la votación negativa del grupo, pudiera resquebrajar el entramado foral del País Vasco; o, incluso, también se califica como “un ejercicio de responsabilidad”, dejar de apoyar a un miembro de la directiva del partido, acusado de corrupción, pero, con el mismo “ejercicio de responsabilidad “ se defiende, a capa y espada, a otro señor al que se le acusa de haberse llevado una porrada de millones de la formación. Es el comodín perfecto para evitar dar explicaciones engorrosas, incómodas o, incluso, auto inculpatorias.

No obstante, lo frecuente, por ejemplo en el caso del señor Rodríguez Zapatero, es que el énfasis de su discurso se apoye en simples palabras, eso sí, repetidas con insistencia al final de párrafos exultantes; de conceptos que se sabe causan impacto en la sensibilidad de los ciudadanos y que arrancan el beneplácito de los oyentes por lo que significan de liberación de cargas, problemas e incomodidades. Por ejemplo, el término “paz” es un sortilegio muy eficaz porque, si bien a muchos les tiene sin cuidado que en China se asesine a cientos de opositores, por la tranquilidad que trasmite el hecho de estar muy alejada de nosotros; otra cosa es que la guerra nos pueda afectar directamente a nosotros, porque en el subconsciente de la ciudadanía siempre existe la prevención de que un conflicto bélico nos pueda reportar problemas a nosotros o a nuestras familias. De ahí el hecho de que el Ejecutivo utilice frases como “misiones de paz”, “incidentes violentos”, “minas de fabricación casera”, “ataques de terroristas” etc. para evitar hablar de “guerra declarada” o de “acciones bélicas de nuestros soldados” o de “víctimas de guerra” que pudieran engendrar en los ciudadanos una idea de peligro cercano, una posibilidad poco placentera para el Gobierno de ZP.

Por esto, todo aquello que pueda desmontar la imagen idílica de la “paz” que el señor Zapatero repite hasta la saciedad o el “diálogo” (recordemos el diálogo de civilizaciones que tantos millones nos cuesta a los españoles) o, su nueva apuesta para combatir la crisis “la nueva economía sostenible basada en las energías renovables”, que todo el mundo sabe que es una mera utopía; sin posibilidad alguna de tener el menor impacto inmediato, les pone de los nervios. Y si, teniendo en cuenta que, estas nuevas energías, se presentan como la gran bicoca, resulta ser que nos van a costar el doble que las fuentes de energía actuales (especialmente en comparación con las centrales hoy existentes) y es imposible que puedan sustituir, hoy por hoy, las producciones de las hidroeléctricas o de las mismas nucleares, es evidente que, cualquier intento de pedir claridad a nuestros gobernantes, está condenado al más absoluto fracaso.

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