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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Las otras vidas ejemplares

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
lunes, 26 de octubre de 2009, 01:26 h (CET)
No hace mucho escribí un artículo en el que enfrentaba las lecturas escolares obligadas que teníamos en los años de la Dictadura –Vidas Ejemplares, se llamaba el libro de lectura- con los frikis que hoy son los modelos sociales en todas las áreas de la sociedad. Nada que ver, desde luego. Aquéllas, las de antaño, se correspondían con ciertos personajes memorable o heroicos para los postulados del Régimen, sabiendo éste sobradamente que los humanos crecemos y nos desarrollamos imitando lo que vemos, emulando lo que admiramos o copiando conductas que nos seducen o sirven para sortear ciertas experiencias nuevas que se asoman a nuestras vidas. Eran listos, lo sabían, y procuraban encumbrar a lo que les interesaba, ya fuera con lecturas, con el cine o premiando el heroísmo juvenil que servía de modelo y guía para establecer una comunidad emocionalmente unida. Y lo consiguieron. En muy buena medida, sus cuarenta años de pervivencia se debían a esto. Se podía ser partidario o detractor de Hernán Cortés, Cascorro, Santa Teresa o el Cid Campeador, pero ni aun sus detractores podían decir de ellos que no fueran seres resueltos a conseguir lo mejor para su sociedad, según los valores de su tiempo, a costa de sufrir las mayores adversidades.

Hoy, ya lo dije entonces, la cosa es muy otra. Da un poquitín de asco, la verdad, ver qué fauna nos asola desde cada esquina del panorama social, ya sea en los solares de la cultura, en los ejidos de la política, en los descampados del deporte o en esa chatarrería del desmadre que se le ha dado en llamar Jet Set. Nada puede ser más desolador, pero, lamentablemente, no les faltan imitadores entre quienes el cerebro alicatado de memez. Si quienes hoy rondamos el medio siglo aprendimos a besar con Bogart o Gary Cooper, o a ser rojos o azules con los héroes del momento, si nos esforzamos por ser un remedo entre don Quijote y don Juan o en aprender que nuestra sociedad merecía incluso el sacrificio de nuestra vida, hoy los jóvenes, y aun los adultos, imitan las conductas degeneradas de quienes montan su espectáculo en la tele, los conciertos o la política, habiéndose sumido la misma ciudadanía en general en un desfile de mamarrachos más horteras que la risión y con menos criterio personal que aquellos micos de los que provenimos, de los cuales conservamos aún su complejo de imitación. Y todo ello, claro, gracias a los poderes que han hecho esto posible, laureando la libertad con honores de estupidez profunda.

Quienes han leído mi Teoría del Puchero o quienes creen que vivimos en la Sociedad del espectáculo, saben perfectamente de qué hablo. Los que no, basta con que se detengan un día un poquitín y traten de colegirlo por sí mismos, porque sobras las evidencias que se meten por los sentidos de forma ininterrumpida, hágase lo que se haga. Basta con mirar a su alrededor, y ver. Y, por si no se dieran por enterados, que por ejemplo revisen esas cifras que quienes están más alto en la pirámide social, los ministros y el Presidente, han dado como resumen de su patrimonio. Ya hay que tener desvergüenza y un rostro empolvado de Portland como para sabiendo que se iba a hacer público hayan persistido en su falacia. Si ellos, que son los que mandan, engañan a Hacienda y tratan de hacernos pasar por idiotas, ¿qué no hará el ciudadano medio?... ¿Acaso se querrá que, visto lo visto, los probos ciudadanos sí declaren el valor real de lo que tienen?... Esto ha sido, ni más menos, que pregonar el ejemplo a seguir: “Si yo miento para evadir impuestos, el que no lo haga es imbécil”, viene a decir su mensaje. Y sí, debemos serlo, desde luego. Si quienes viven mamando del Erario y forrándose el hígado a base de bien, tanto en blanco como en negro, dicen que tienen lo que tienen y Hacienda les cree, es que en Hacienda hacen las oposiciones de ingreso como las declaraciones de la renta… para-lelos. Y luego, estos vivos, se permiten el lujo de acusar a otros de corrupción.

En fin, que si alguien alberga aún alguna duda de por qué estamos como estamos, de por qué se inventan epidemias fantasmagóricas para hacer caja, de por qué se inventan crisis falsas para saquear lo Erarios y a la ciudadanía, o de por qué se libran guerras salvíficas en los confines del mundo contra enemigos inventados, aquí tiene alguna pistilla de por dónde van los tiros. Aquí no ganaremos una medalla en las Olimpiadas, y aun éstas sólo nos servirán para que otros vivales se pulan 600 millones por año y partan y repartan en contratos amañados entre amiguetes y colegas, pero no ganamos las medallas porque no llevamos a participar en ellas a los atletas adecuados. Llevemos a los políticos, a los artistillas marquetinianos o los de la cejilla, y verán como nos las llevamos todas, porque de todos estos el que no corre, vuela. Vidas ejemplares, ya les digo. ¡Puaj!

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