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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El espejismo del “plan público“

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
lunes, 26 de octubre de 2009, 01:25 h (CET)
WASHINGTON - En el debate de la sanidad, el llamado "plan público" es todo para todos. Para sus partidarios, el plan meterá en cintura a las avarientas aseguradoras privadas y abaratará la cobertura sanitaria. Para sus detractores, es una escala del camino al sistema de salud nacional comunitario controlado por el gobierno. En realidad, el plan público es sobre todo un ejercicio de evasión política: Simula que controla el gasto y mejora el acceso a la atención de calidad cuando en realidad no es así.

Tal como fue originalmente concebido por el politólogo de Yale Jacob Hacker, el plan público será una empresa de seguros sin ánimo de lucro establecida por el gobierno que proporciona cobertura similar a la de Medicare a los menores de 65 años. Pero a diferencia de Medicare, las prestaciones se van a financiar sobre todo a través de pólizas -- no de impuestos. Los estadounidenses podrán contratar la cobertura al plan público o a una aseguradora privada.

La competencia y las opciones van a aumentar, afirman los izquierdistas. Frente al plan público de bajo coste, las aseguradoras privadas van a rebajar el precio de sus propias pólizas, reza el argumento. El gasto en sanidad de todo el mundo se va a moderar. Los subsidios públicos destinados a proporcionar cobertura universal se van a abaratar. Según algunas estimaciones, el gasto administrativo de Medicare constituye sólo el 3% del gasto en comparación con el 13 o más de las aseguradoras privadas. Se da ampliamente por sentado que un plan público nuevo disfrutará de una ventaja en el gasto de funcionamiento.

Tonterías, replican los críticos. El bajo coste del plan público será artificial. Su principal ventaja residirá en el mandato promulgado por el Congreso que obliga a que hospitales y médicos sean compensados a minutas de Medicare o parecidas. Éstas son hasta un 30% inferiores a las minutas por consulta que pagan las aseguradoras privadas, afirma la consultora especializada en salud Lewin Group. Con ese ahorro, el plan público puede cobrar primas mucho más bajas y atraer a muchos clientes. Pero el gasto sanitario no va a disminuir; los hospitales y los médicos van a compensar las remuneraciones artificialmente bajas del plan público subiendo las tarifas que cobran a las aseguradoras privadas, como ya ocurre con Medicare. Las primas van a subir porque las aseguradoras privadas tienen que cubrir gastos para poder sobrevivir.

En cuanto a los gastos administrativos, la ventaja del plan público está exagerada, dicen los críticos. Parte del desfase entre aseguradoras privadas y Medicare es un espejismo estadístico: Debido que los afiliados de Medicare tienen un mayor gasto medio en salud (10.003 dólares en 2007) que la población por debajo de los 65 años (3.946 dólares), el gasto administrativo que representan es un porcentaje inferior del gasto total. El plan de público, con afiliados más jóvenes, no va a disfrutar de esta ventaja.

Asimismo, Medicare tiene un menor gasto de comercialización porque se trata de un monopolio. Pero un plan público en condiciones diferentes al monopolio va a tener que venderse y va a incurrir en mayores gastos de comercialización. Los beneficios de las aseguradoras privadas (gastos administrativos incluidos) también explica en parte de la ventaja del coste de Medicare. Pero los beneficios representan sólo el 3% de los ingresos del sector de los seguros. Por otra parte, las comparaciones contables son engañosas siempre que no incluyen el coste de inversión de Medicare que aporta el gobierno. Un plan de público también necesita inversión. Y suponga que el plan público registra pérdidas. El Congreso seguramente lo rescataría con total libertad.

La promesa del plan público es un espejismo. Su atractivo político reside en utilizar la retórica del libre mercado (más "opciones" y "competencia") para ampliar el poder del gobierno. Pero ¿por qué va a controlar el gasto sanitario un plan copiado a imagen de Medicare, cuando Medicare no lo ha controlado? De 1970 a 2007, el gasto por afiliado a Medicare creció un 9,2 por ciento anual en comparación con el 10,4 por ciento de las aseguradoras privadas - y la pequeña diferencia refleja en parte el mecanismo de gasto por paciente. El Congreso mejora periódicamente las prestaciones de Medicare, y hay un límite al margen que la presión a la baja de las minutas por consulta puede controlar el gasto. Médicos y hospitales ya se quejan de que la escasa remuneración va a limitar los servicios o desalentar a los galenos de aceptar pacientes de Medicare.

Hasta Hacker reconoce que sin compensaciones más próximas a las de Medicare, el plan de público se irá a pique. Si tuviera que "negociar las tarifas directamente con los proveedores" - hacer lo que hacen las aseguradoras privadas - el plan de público tendrá "serios problemas" para prosperar, escribe. Hacker se opone a tales versiones debilitadas del plan público.

Por el contrario, un plan público probablemente condenarse a la quiebra al actual sector privado de los seguros. Aunque algunas propuestas en el Congreso limitan el derecho a acogerse al plan público, las presiones hacia la liberalización serían abrumadoras. ¿Por qué algunos estadounidenses menores de 65 años van a tener primas más baratas que otros? En un estudio que supone el acceso generalizado, el Lewin Group estima que 103 millones de personas - la mitad de los asegurados por la vía privada -- se pasarán al plan público. El seguro privado puede convertirse en un producto de lujo.

Muchos dirán: ¡Yupiiii! Nos deshacemos de las siniestras aseguradoras. Metemos un sistema de fondo común controlado por el gobierno. Pero si esa es la agenda, ¿por qué no debatirla abiertamente? No son las aseguradoras las que provocan el elevado gasto en sanidad; ellas son simplemente las intermediarias. Es el sistema de prestación fragmentado y un sistema de reembolso que permite respuestas desestructuradas. ¿Supondría algún control la regulación estricta de los médicos, los hospitales y los pacientes dentro de un sistema de fondo común? ¿O sería mejor la competencia genuina entre planes de salud en cuanto a precio y calidad?

Ése es el debate que necesitamos tener, pero en realidad los médicos, los hospitales y los pacientes no quieren estar limitados, ya sea por el gobierno o por el mercado. El Congreso está reflejando a la opinión pública. Ante el temor a un debate real, lo fingimos.

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