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Mujeres del Siglo XXI
El dilema de Juan Carlos I
Remedios Falaguera
 



Leo con cierto escepticismo e inquietud que la plataforma Bebé-Aído ha enviado ejemplares de la replica de un bebé de 12 semanas a todos los miembros de la familia real con una carta al Rey Juan Carlos I exhortándole a que no firme una ley del aborto, puesto que “además de inmoral, sólo sirve para acabar con la vida de españoles”.

Escepticismo, porque no creo que SM Juan Carlos I ponga en juego su Corona – más de un republicano estaría encantado de ello- por interceder “en una cuestión tan grave como la que está por aprobarse y para que dicha ley sea retirada”, como pretende dicha asociación. Aunque cabe recordar que fue el mismísimo Juan Carlos I, en su discurso de Proclamación como Rey de España, el 22 de Noviembre de 1975, el que prometió que “escuchar, canalizar y estimular (las demandas de un gran pueblo como el nuestro, en pleno periodo de desarrollo cultural, de cambio generacional y de crecimiento material) es para mi un deber que acepto con decisión”.

E inquietud, porque en caso de que lo hiciera, sería sustituido de inmediato por el Príncipe Felipe. Y, ¿qué quieren que les diga? Tengo bastantes reservas sobre el liderazgo y la fortaleza moral de nuestro querido príncipe y señora.

Ahora bien, a pesar de que las nuevas generaciones no recuerdan quién fue Balduino de Bélgica, y, mucho menos, qué aspectos de su personalidad puso en juego para lograr el éxito de su reinado, considero muy oportuno transcribir algunas notas del diario intimo de este soberano, recogidas en el libro “Balduino : El Secreto Del Rey”, del Cardenal Suenens.

Además de destacar la figura de Balduino como un rey humano, honesto, coherente, afable y generoso, este libro nos descubre a un hombre con un elevado sentido de la moralidad que no dudó en anteponer la paz, la verdad, el respeto y la justicia a sus propios intereses.

Un dilema crucial para resolver en conciencia (Pág. 124)

En diciembre de 1989 escribe: El cerco se cierra cada vez más en torno al aborto… Guíame, Señor… Si no hubiera obrado como lo he hecho, me hubiera quedado a disgusto el resto de mi vida por haber traicionado al Señor.
Y añade: Me he embarcado solo, con mi conciencia y Dios.

La homilía del cardenal Danneels el día de su funeral (Pág.157)

Hay reyes que son más que reyes: son los pastores de su pueblo. Hacen mucho más que reinar, aman hasta dar su propia vida. Así fue el rey Balduino. Sabía amar. Su inteligencia política hundía sus propias raíces en el corazón; su competencia profesional procedía de su fuerza de amar. El secreto de su reinado era su corazón.

Como un buen pastor, no ha hecho más que escuchar o compadecer: ha dado la vida por los suyos.

Este rey-pastor ha sido, sobretodo, el modelo de su pueblo. Le ha dado ejemplo de una conciencia llena de delicadeza, de sensibilidad, infinitamente cortés, dócil a las más mínimas exhortaciones morales y espirituales. Para él la conciencia era algo sagrado: era la voz del hombre profundo y la voz de Dios; y la ha escuchado siempre arriesgando incluso sus intereses personales, poniendo en juego la realeza. Él pensó que la vida humana tenía ese precio.

El Rey no ha ocultado nunca su fe personal, pero jamás se ha servido de ella para confundir a los que no la compartían. Su espíritu de equidad, la objetividad de su juicio, su inmenso respeto por todo lo que era bueno, válido, humano, recto y útil han sido apreciados por todo el mundo. El Rey sabía que la fe es un don al servicio de los hombres y no un arma para esgrimirla contra ellos.

Pues bien, ojala podamos decir los españoles algún día, aquellas mismas palabras con las que el cardenal Danneels finalizó esta homilía: “Hemos perdido un rey pero Dios nos ha dado en su lugar un intercesor y un protector. Dichoso el pueblo que ha recibido tal rey para gobernarle mientras vivía, y tal ángel para velar por él después de su muerte”.

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Publicado el lunes 26 de octubre de 2009 a las 02:12 horas.
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