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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Juegos malabares presupuestados

David S. Broder
David S. Broder
domingo, 25 de octubre de 2009, 09:11 h (CET)
WASHINGTON - Cuando escribí hace unos días acerca del creciente nerviosismo entre los Demócratas moderados en el Senado a cuenta de la inminente votación de la medida que eleva el umbral de endeudamiento federal, no tenía idea de lo rápidamente que se presentaría la realidad de ese cambio de la fortuna política.

Yo cité al Senador de Indiana Evan Bayh, que a principios de este mes enviaba un escrito al secretario de la mayoría Demócrata Harry Reid diciendo que los nueve senadores firmantes y él se lo iban a pensar mucho en la votación que eleva el límite de endeudamiento, como la Casa Blanca necesita que hagan para proteger la credibilidad fiscal de la nación, a menos que se adopten medidas tangibles al mismo tiempo que obliguen a adoptar medidas serias para reducir el futuro déficit.

Concretamente, los 10 senadores solicitaban a Reid que apoyara una propuesta atascada desde hace tiempo que constituiría una comisión bipartidista cuyo informe avalaría la votación tanto en la Cámara como en el Senado de un grupo de medidas concretas para paliar los déficits. Tanto Reid como el Presidente Barack Obama decían a Bayh en reuniones independientes que se quitara la idea de la cabeza y esperase al año que viene.

Pero el miércoles de la semana pasada, una votación en el hemiciclo dejaba claro que este asunto puede no esperar. Reid intentaba lograr que el Senado ratificase un plan para evitar un desfase de 247.000 millones de dólares en la financiación del proyecto de reforma sanitaria, y vio frustrado su intento cuando Bayh y sus aliados, además de otros tres Demócratas y cada uno de los 40 Republicanos, tumbaban el plan 53 a 47 votos.

La “medida de corrección" desestimada la pasada semana es algo que el Congreso ha estado dispuesto a aprobar año tras año con el fin de evitar las reducciones programadas de las compensaciones destinadas a los médicos por tratar a sus pacientes de Medicare. Pero si esos 247.000 millones de dólares se añaden al coste estimado a 10 años de la legislación sanitaria pendiente de aprobación, se supera con creces el límite de 900.000 millones de dólares que ha fijado Obama.

La solución de Reid: Aprobar la "medida de corrección" como legislación separada y quitárselo de encima antes de que las propuestas de reforma sanitaria lleguen al hemiciclo.

Éste es exactamente el tipo de juegos malabares que el Congreso escenifica de manera rutinaria para ocultar el gasto que ha dado lugar al déficit récord de 1,4 billones de dólares de este último ejercicio fiscal.

No se limita a los Demócratas de ninguna manera. Cuando los Republicanos llevaron las riendas durante ocho años, se negaron en redondo a subir los impuestos para sufragar cualquiera de las guerras de Afganistán o Irak o el coste de la nueva prestación a las recetas de Medicare. Y no tenían la excusa de estar enfrentándose a la peor recesión económica desde la Gran Depresión.

Pero este año, la opinión pública por fin se ha alarmado por la deuda que se está dejando como herencia a nuestros hijos y nietos. Lo que entienden Bayh y el resto de los que se opusieron a los esfuerzos de Reid por cerrar la cuestión del gasto es que el tiempo de los planes que perpetúan las peligrosas políticas fiscales del pasado se ha agotado.

La recuperación económica es la prioridad principal. Pero la responsabilidad presupuestaria es la prioridad secundaria, y no nos podemos permitir demorar más su atención.

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Jack Nelson, el gran reportero del Los Angeles Times que falleció esta semana a los 80 años de edad, realizó notables contribuciones a la vida cotidiana estadounidense en múltiples fases de su carrera. Cuando era joven, formó parte de la generación de periodistas valientes procedentes del Sur en su mayor parte que denunció los delitos y los peligros de la segregación al escrutinio de la opinión pública de la nación, y de esa forma empujó al Congreso a aprobar la legislación de los derechos civiles que transformó al país. Nelson era uno de los últimos de esa generación de reporteros que tenía que esconder sus cuadernos en el bolsillo para evitar los enfrentamientos cuando visitaban los enclaves de las manifestaciones anti-derechos civiles.

Luego, a lo largo de dos décadas iniciadas en los 70 y con el respaldo del editor Otis Chandler, Nelson levantó la corresponsalía en Washington del Los Angeles Times a la altura de rivalizar con la de cualquier ciudad -- un logro que forma parte de lo que parece haber sido la edad de oro del periodismo de Washington.

Ahora, mientras los recursos financieros y el compromiso profesional en las empresas de información de todo el país van menguando, es el ejemplo de la feroz competencia que manifestaron Nelson y sus contemporáneos en tal cantidad lo que sustenta a aquellos que aún intentan cumplir con sus estándares contra las fuerzas del debilitamiento periodístico actual.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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