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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Imperiosa necesidad artística

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 25 de octubre de 2009, 09:05 h (CET)
No es raro que los grandes conceptos sean percibidos a través de las experiencias, aunque resulte complicado precisarlos con palabras. Se nota bien lo que no son; la vida, la libertad, la sensatez; y así, lo que no es arte. ¿Quién será capaz de una definición concreta. Las numerosas variantes y modos de pensar, impiden la precisión. La controversia promovida se va enconando, pasa a DISCUSIONES, se agudizan disputas, acaban en trifulcas importantes. Sí, pero no siempre ocurre así. Con el arte sucede justo lo contrario, de la pluralidad de pareceres se pasa a la indefinición, se desdibujan sus características, quedamos inmersos en un magma, en el cual resulta difícil orientarse. El criterio artístico se esconde. ¿En qué lugar?

Una primera disyuntiva nos reconcome, ¿Estamos ante un montaje, o realmente se trata de arte auténtico? La distancia entre ambos alcanza dimensiones irreconciliables. Cuentan anécdotas, luego comprobadas, de directores de museo, cuya obsesión radica en la ocupación llamativa de una sala vacía; buscando impactos visuales para las cámaras y las audiencias masificadas. Una de las ventajas actuales es que todos disponemos de museos y salas de exposiciones próximas. Nos acercan a ciertos logros artísticos; pero también a los MANEJOS que comportan las gestiones de las grandes estructuras, detectamos un lastre que para nada es artístico. Por lo tanto, no es raro que contribuya a dificultarnos la visión del mejor arte. Es una penosa realidad.

Los cambalaches son de una diversidad alarmante, alcanzan a cualquier esfera social; sobre todo, aquellas con aroma de poder, valor crematístico y pocos escrúpulos. No faltan escándalos y contubernios mal disimulados, por el contrario se alardea de ellos; aunque a pesar de todo, tolerados por la ciudadanía. Resumo estos comportamientos adosados al hecho artístico en la que llamo ECUACIÓN ARTÍSTICA DEMOCRÁTICA = UPA + JE + TA + TI + PI + CA. En la cual, UPA es un poco de arte, con frecuencia más política que arte; JE, jugada económica; TA, tretas alarmantes; TI, turismo itinerante; PI, políticos interesados; y CA, conformismo de afines. La ecuación se desarrolla a la vista, basta prestar un poco de atención, constituye un ejemplo descarnado de lo que se pretende imponer como arte. Se critican poco, y se denuncian menos, actitudes con esa desfachatez.

Echemos una mirada al área literaria. ¿Han intentado conseguir un libro que no pertenezca a la última promoción editorial? Si han transcurrido unos pocos años desde su salida, no será nada fácil encontrarlo. Menos aún, si el texto hace referencia a circunstancias o temas alejados de los tópicos habituales. Escuchamos justificaciones para todos los gustos, pero mientras, el arte se ha desparramado por los entresijos; dominan claramente las parafernalias organizadas para otros menesteres. Algo así como una exigencia para que nos ciñamos al guión establecido, el que hayan tenido a bien prepararnos. ¿Encontraremos el arte dentro de ese tráfago prefabricado? Los miradores y los horizontes se ciegan con puertas cerradas, muros y simulacros. En palabras escritas por nuestro genial Eduardo Chillida, “El arte no es un refugio, sino intemperie”. Y se ponen demasiadas trabas a esa INTEMPERIE.

A mí me parece, que tenemos la fortuna de que sea imposible tenerlo todo bien atado, en referencia al HECHO ARTÍSTICO. Si fuera así, ¿A dónde nos conducirían? Por el contrario, desde los intentos esclarecedores a los matices decubiertos en cada observación; se nos plantean apreturas renovadoras, libertades radicales, por que el verdadero arte surca libre de ataduras, lo captemos o no. Luego se añadirán tarifas, subvenciones, selección, prohibiciones o silencios, componendas; pero eso son conceptos ajenos, ni crean ni anulan el verdadero sentido. La autenticidad aparece como un goteo, a través de una serie de vibraciones insustituibles. El protagonista de “La piel” sólo pedía ser tocado, una simple caricia; pues como él, sólo anhelamos unas gotas de arte, pero auténticas, cercanas, a nuestro modesto alcance.

Hasta lo que conocemos más a fondo, así lo creemos y lo manifestamos, no cesa de descubrirnos novedades a cada momento; en lo físico, en las partículas orgánicas, y aún resulta mayor la evidencia en niveles psicológicos. Detectamos carencias de inmediato. Pues bien, al trasluz de esas limitaciones frustrantes, el arte se convierte en un ANHELO y una REALIDAD; ante la incompletud manifiesta, establece vibraciones y contactos con lo más esencial de lo cósmico y de la vida humana. Por sus características, el arte no genera respuestas a la totalidad; alcontrario, nos ilumina para que nos sigamos preguntando hacia dónde evolucionamos y si es correcta la dirección adoptada. Trata de mostrarnos nuevos ACONTECIMIENTOS en la vida de cada día, al pairo de vicisitudes y problemas; acontecimientos, por lo que entrañan de núcleo cualitativo, y no por su grandilocuencia o ruido, aunque sea televisado.

La manifestación merecedora de este calificativo de obra de arte, no tiene dueño. La aportación del autor es una pincelada descubridora de matices nuevos, redescubridora al menos, de cualidades olvidadas. Dejando aparte las vivencias de ese autor en su momento histórico, se trata también de una comunicación e INTERCAMBIO con el resto de lementos sociales. Se establece un diálogo con una autonomía relativa de las partes intervinientes; no es total, porque se deshace si no se respeta el hecho esencial puesto al descubierto. ¿Cómo lo percibe cada quién? No parece pruedente, ni siquiera posible, la limitación o el canon interpuesto por nadie. Por eso suele decirse aquello de que todo es arte, luego no tiene sentido hablar de difiniciones concretas. Cada quien se las compondrá a su gusto. Un poco caótico si que resulta. Sin embargo, la imposición de reglas y programas, en el momento presente, suponen unas conductas anacrónicas sin ninguna justificación. Son manierismos obsoletos en sus fundamentaciones, pero muy practicados, como paradojas de la vida moderna.

Entre caos y verdades manifiestas, la creatividad de los humanos engendra algunos momentos mágicos, que nos despiertan de la rutina adormecedora. El arte se resumirá en ese salto MÁS ALLÁ de lo que ya tenemos delante. Qué se esconde detrás de los hechos diarios, de la repetición de conductas, en un paisaje, tras coloridos y oscuridades. Entraña por lo tanto una labor de descubrimiento o reencuentro con sensaciones olvidadas u ocultas. Por eso salta su vibración por cualquier sector de la existencia, es tarea imposible el intento de encajonarlo. Cada persona utiliza expresiones que de vez en cuando dan en la diana de intimidades o la fibra adecuada; se muestran testimonios de ternuras olvidadas, de culturas antiguas, incluso de crueldades disimuladas, nuevas sensaciones perceptivas impensables; se introducen artilugios técnicos imprescindibles para esculpir, pintar o describir, por que si no se aprenden las destrezas necesarias … qué obra surgiría; como también se alcanzan sorprendentes hallazgos de verdades ocultas, relaciones desconocidas.

Lo bello y lo feo tienen su sitio, estimulante o satisfactorio, como reflejo de lo que somos. Ahora bien, donde situemos o no nuestros anhelos, anarquías y coherencias, formará parte del ARTE de la VIDA que seamos capaces de originar, sin límites estrafalarios, sin presunciones fatuas. Lo que se nos muestra a simple vista es sólo un boceto; con frecuencia utilizado como técnica de emborronamiento.

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