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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Señoras, basta ya de lloriqueos, victimismo y ñoñerías

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 24 de octubre de 2009, 06:56 h (CET)
Se dice que, a las mujeres, no se las conoce nunca y que, su facilidad para esconder lo que, realmente, opinan, desean o van a hacer, es algo proverbial en el género. Sin embargo uno no en vano ya lleva a cuestas un lastre de años capaz de permitirle conocer algunas de sus reacciones, más por experiencia que, naturalmente, por ciencia. Es por eso que sé que se debe huir, como de la peste bubónica, de todas aquellas féminas que pertenezcan a este nutrido grupo de amargadas que se han confabulado para hacerles la guerra a los varones, bajo cualquier pretexto porque, en realidad, esto no es lo que importa, sino que se trata de aprovechar cualquier excusa que se les presente para utilizar sus principales armas: el victimismo; la descalificación del macho; su supuesta discriminación respecto a los representantes del sexo contrario; su negativa a reconocer que entre las mujeres las hay tan zoquetes como entre los hombres; su convencimiento de que son más inteligentes que los hombres; su empeño en que se les concedan pluses sólo por el hecho de ser mujeres ( en España ya tenemos leyes de igualdad por las que se establecen cupos obligatorios para los cargos públicos, sin tener en cuenta que aquí se trata de una discriminación positiva a favor del sexo femenino). Si, señores, les recomiendo que procuren tomar distancia de estas mujeres que ha decidido amargar la vida de los varones y, cuyos ejemplos más evidentes, los podemos encontrar entre las feministas recalcitrantes; las solteronas impenitentes; las feas que no han catado sexo; las envidiosas vengativas; las torpes inconformistas; y toda una serie de personajes a las que les han hecho creer que, si no han triunfado en la vida, ha sido por culpa de los hombres aunque, estos no hayan tenido nada que ver en su fracaso profesional, laboral, artístico o en su proyección en los estudios.

Eso sí, son verdaderas maestras en el empleo de un término, del que han hecho gala para intentar llevar las aguas a su molino feminista, el archiconocido epíteto “machista”, con el que solucionan cualquier discusión o cambio de pareceres que sostengan con un representante del sexo contrario. Presumen de igualdad, de querer ser como los hombres y de ponerse intelectualmente a su altura, pero en cuanto se ven perdedoras y han agotado sus recursos dialécticos, entonces se sacan el comodín de la manga y acaban por tachar de “machista” a quien les ha ganado la partida. Por eso, no nos debería de extrañar que una dama, como la señora vicepresidenta segunda de nuestro Gobierno, después de una actuación evidentemente mejorable en el hemiciclo parlamentario; incapaz de hacer frente a una avalancha de argumentos a los que se tuvo que enfrentar, presentados por el jefe del partido de la oposición, señor Rajoy, expuestos con toda corrección y dentro de los usos y costumbres parlamentarios; acudiera, como última tabla de salvación, al recurso de siempre, vertido subrepticiamente, con aparente complicidad hacia los reporteros que la interrogaban, después de la sesión parlamentaria, y con aire de persona que ha pasado por una situación déjà vu; les habló de mentalidades de “hace cincuenta años”, como si lo procedente hubiera sido, en lugar de rebatirle con argumentos al señor Rajoy sus juicios a cerca de los endebles presupuestos que, cumpliendo las órdenes de señor Zapateo, se vio obligada a presentar ante la Cámara de representantes del pueblo; lo que le correspondía hacer, en su calidad de ministra de Economía, responsable de los PGE del año 2010;hubiera sido refugiarse en su calidad de “víctima” de la “brutalidad” del líder de la oposición. El recurso al consabido “machismo” cuando, en todo el discurso del señor Rajoy, no hubo ni una sola frase inconveniente que avalara una afirmación tan desafortunada.

Otra cosa sería argumentar que, como era natural en una discusión de tal calado, el señor Rajoy estuvo intentando, todo el tiempo, que quien le contestara no fuera la ministra, sino el propio señor Zapatero que era, en definitiva, el “padre de la criatura”, sin conseguirlo, todo hay que decirlo; porque el señor ZP se sabe una nulidad en materia económica y prefirió que el ridículo lo tuviera que apechugar la Salgado.

Pero, en esto consisten las sesiones parlamentarias. El Gobierno se toma a pecho, como si se tratara de una afrenta personal, cualquier objeción que se le hace a su política, no sólo en esta particular circunstancia de la aprobación de los PGE, sino en cualquier tema que se saque a colación. Eso sí, cuando se les presenta la ocasión no se paran en migajas y, si hace falta, sacan cien veces el caso Gürtel para hundir en el cieno al PP; pero, miren que flaca memoria, cuan le conviene se olvidan de la cacicada del señor Chávez cuando entregó 10 millones de euros a una empresa donde su hija es apoderada; también evitan pronunciarse ante la vergüenza del Ayuntamiento del Egido, donde han acabado desde el Alcalde hasta el botones detrás de las rejas de la Comisaría y, ya que hablamos de corruptelas, tampoco estaría mal que dijeran si piensan continuar apoyando a la presidenta del parlamento Balear, la señora Munar, de Unión Mallorquina, imputada en un caso de corrupción urbanística.

Fuere como fuere, se rechazaron las enmiendas a la totalidad, con el apoyo de Coalición canaria y el PNV ( se habla de que se está gestionando un pacto de este partido y el PSOE para toda la legislatura) a cambio de unos vergonzantes acuerdos mercantilistas, que han dejado al descubierto la catadura de ambas formaciones, que han preferido aliarse con ZP para sacar tajada, antes que solidarizarse con la oposición para evitar que unos presupuestos, claramente contrarios al sentido común y gravemente perjudiciales para la reactivación económica y la disminución de la lacra del desempleo, pudieran pasar este primer fielato en el que, el patriotismo y la evidencia de su improcedencia, debieran haber hecho que todos se juntaran para que fueran devueltos otra vez al Ejecutivo. Pero es evidente que, en esta España que están pergeñando las izquierdas, no cabe ni un atisbo de seriedad, de rigor económico, de solidaridad entre regiones ni, por supuesto, de respeto hacia lo que representa nuestra Constitución de 1978 que, si nos tenemos que atener al funcionamiento del Tribunal Constitucional, a su composición claramente partidista y a su presidenta, la señora Casas, (una mujer a la que la señora De la Vega le metió un bronca en pleno desfile del 12 de Octubre, en la que quedaba patente quien era que mandaba y a quien le correspondía obedecer); si no de derecho pero sí de hecho ha dejado de existir definitivamente.

Lo dicho, yo no sé lo que opinarán ustedes respecto a este ramillete de ministras que le debemos al señor Zapatero, pero si es todo lo que el feminismo está dispuesto a ofrecer; si esta es la capacidad para gobernar que se atribuyen las mujeres y estos los méritos para ocupar puestos de responsabilidad que las hacen mejores que los hombres; siento tener que decirles que han fracasado rotundamente y que, si abusan del victimismo y pretenden que, lo hombres, tengan que renunciar a exponer sus argumentos por respeto a unas faldas, creo que debieran empezar a darse cuenta de que ya no estamos en el siglo XIX y que están de sobra las lamentaciones y los ataques a los hombres porque, señoras, ya ha llegado la hora de que demuestren, de una vez, lo que son capaces de hacer, sin excusas ni paliativos.

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