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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Fernando Lugo y sus guevaristas que condenan la guerrilla

Luis Agüero Wagner
Redacción
viernes, 23 de octubre de 2009, 07:20 h (CET)
Decía Josef Stalin que no se puede hacer una revolución con guantes de seda, y según parece, es ese quimérico objetivo el que persigue el obispo de los escándalos, Fernando Lugo, quien piensa más en negociados y prácticas corruptas que en cumplir sus promesas de cambio social.

En el contexto de un secuestro con fines extorsivos, que afecta al rico ganadero paraguayo Fidel Zavala, tanto Lugo como sus seguidores se apresuraron a condenar a la guerrilla como metodología de revolución social. Dentro del mismo contexto, la frecuente utilización de la imagen del Che fotografiado por Korda, por parte de los seguidores de Lugo, es otro ejemplo de cómo el cinismo y la fortuna de un ícono lo pueden empujar a la ficción, sin lograr resignar su lugar en la verdadera historia.

A Lugo y sus secuaces, aggiornados y extraviados oportunistas ideológicos, vendría bien refrescarle la arenga del Che Guevara a los no alineados e insurrectos de la Tricontinental, donde llamó a crear “dos, tres…muchos Vietnam”:

“En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado a un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria”.

CONTRADICTORIOS GUEVARISTAS DE UTILERÍA

No hace mucho la hija del Che, Aleida Guevara March, fue invitada por Lugo a visitar el Paraguay. Cuando se entrevistó con el obispo, ocupó una silla que todavía estaba caliente, pues minutos antes el clérigo-presidente había estado reunido con el halcón Roger Noriega, quien había ocupado el mismo asiento que la hija del guerrillero heroico.

Ex funcionario de USAID de tendencia ultraconservadora, Noriega es conocido por defender a capa y espada, sin un amago de debilidad, la continuidad de la política de Estados Unidos en Latinoamérica, sobre todo en lo que respecta a condenar a Cuba y Venezuela, las dos "ovejas negras" del continente para la temible derecha estadounidense.

La anécdota nos pinta a estos guevaristas de simulacro, quienes más que el famoso lema marxisto-guerrillero “Patria o muerte ¡Venceremos!”, deberían adoptar el “Patria o muerte ¡Venderemos”, al estilo del sitio web “The Che Store” que acepta tarjetas de crédito VISA y ofrece todos los accesorios de vestuario para “tus necesidades revolucionarias”.

La artista plástica Liliana Porter, cuyo sello son las ideologías y significados entrecruzados intencionalmente, llamó “Simulacro”a su obra donde un CHE de juguete orbita junto a Mickey y Donald, mientras el rockero argentino Moris asoció al guerrillero, en una de sus letras, con Drácula y King Kong.

Sabemos que la cultura pop de la que somos consumidores viene arremetiendo contra el mensaje guevariano mucho antes que la marca de vodka Smirnoff, propiedad de una familia rusa zarista que debió huir a Estados Unidos con el advenimiento de la revolución de Octubre, adoptó el famoso retrato de Korda a sugerencia de una agencia de publicidad inglesa. Hoy, evidentemente, el mundo ha sido tan enjuagado por el marketing como para que una familia zarista -o beneficiarios de dólares de George W. Bush como los seguidores de Lugo -, y el célebre guerrillero comunista, confluyan en un trago aguardentoso a modo de armisticio dialéctico.

La leyenda del Che tiene muchos cultores que la asimilan más para conmover ocasionalmente relaciones interpersonales que para encender la lucha de clases, aunque unos pocos admiradores sinceros como Rodolfo Walsh, hayan tenido la integridad suficiente como para acusar la propia vergüenza de que Guevara haya muerto con tan pocos a su alrededor. Sin lugar a dudas los seguidores del obispo de los escándalos no se hubieran contado entre los leales en Valle Grande ni en La Higuera, incapaces como demostraron ser de tener la mínima entereza para rechazar los dólares con que James Cason regó su campaña proselitista, ONGs mediante.

ACUSÁNDOSE DE IZQUIERDISTAS ANTE LA PRENSA

Lo más significativo del entuerto lo constituye el hecho que, tanto el obispo como personeros del régimen anterior, se acusan ante la prensa mediática de derechas de ser los responsables del progreso de la guerrilla en Paraguay.

El ex presidente Nicanor Duarte Frutos afirma que la supuesta filiación izquierdista de Lugo incentiva el foco que el EPP se empeña hace unos años por crear, y Fernando Lugo recrimina a Duarte Frutos por no haber aplastado a sangre y fuego a los marxistas.

Si algo queda en claro con este lamentable espectáculo, es que el obispo una vez más cumple el deshonroso papel que le asignan los medios reaccionarios, fuertemente atados a intereses capitalistas de raigambre.

Ya en el tema de la compra de tierras de Texeira, ante publicaciones en la prensa de que había una sobrefacturación, debió revisar las "decisiones" que había tomado en pro de la “reforma agraria”. Lo ridículo es que todavía pretendió jactarse de tener el mando (la lapicera), con una prepotencia tan inconsistente que mueve a risa.

Para completar el panorama, ahora reprocha a sus adversarios del Partido Colorado el no haber reprimido con más dureza a la izquierda radical –a la que él mismo pertenecía, según su propaganda- espetándoles que contra el marxista Ejército del Pueblo Paraguayo, una incipiente guerrilla en estado embrionario, nunca dispararon ni siquiera con una hondita.

Eso mientras disfruta de los placeres lujuriosos y el sibaritismo hedonista en el cual se ha encerrado, mientras sus amigos mueven las piezas del ajedrez político.

Se atribuye al Che Guevara la frase de que la revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, sino en el corazón para morir por ella. En el caso de Fernando Lugo y los suyos, no hay dudas de que han tomado la primera de las opciones.

Como afirmò Napoleón Bonaparte, en las revoluciones hay dos clases de personas, quienes las hacen y quienes se aprovechan de ellas.

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