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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Galicia, un cortijo de cazadores

Julio Ortega Fraile
Redacción
jueves, 22 de octubre de 2009, 22:45 h (CET)
En las Parroquias de San Amaro y Punxin (Ourense), se encuentra situado el TECOR (Terrenos cinegéticamente ordenados) 10.105, en el que existen refugios de fauna, fincas segregadas y zonas de seguridad, espacios todos ellos perfectamente delimitados y señalizados en los que no se puede practicar la caza, quedando ésta circunscrita a las extensiones autorizadas dentro de dichos terrenos.

En el B.O.P. de Ourense Nº 202 de 03/09/2005, se publicó la relación de fincas que se pretendía segregar y se abrió el periodo de alegaciones. Posteriormente, la Consellería de Medio Ambiente de A Xunta, envió una copia del escrito correspondiente a la dirección del TECOR y a todos los afectados, informando de cuáles eran estas parcelas y ofreciendo los datos necesarios para identificarlas y situarlas.

Resumiendo, que cualquiera que hubiese tenido el mínimo interés en determinar su ubicación disponía de información sobrada para ello, con lo que no es posible alegar desconocimiento. Lo que sí se puede hacer, como en su día se le ocurrió al Presidente de este TECOR, es difundir por una emisora de radio que no pensaba respetar la normativa, invitando a los propietarios del suelo a desistir de su derecho sobre el mismo.

¿Y todo esto por qué?. Pues se debe a que el hecho de que sus legítimos dueños recuperen el dominio de sus fincas, impide a los 150 cazadores que pertenecen al TECOR emplear sus armas para matar animales dentro de ellas, algo a lo que unos cuantos, no todos, no están dispuestos a renunciar. Su obsesión por apuntar a una criatura, apretar el gatillo y rematarla a cuchillo cuando sea menester, les domina de tal modo que les hace despreciar la propiedad privada, la legislación y hasta el riesgo de alcanzar a un ser humano.

Nos encontramos entonces con que siguen efectuando disparos en las zonas de seguridad, en refugios de fauna y en las mencionadas fincas. Ellos, que en ningún momento niegan esta vulneración legal, aducen que la señalización de esos espacios es deficiente. La realidad es que las indicaciones abundan y son repuestas por los propietarios hasta la saciedad, ya que los cazadores las destrozan con sus armas o las arrancan, para luego poder defenderse diciendo que no sabían que estaban en lugares no autorizados.

Enfrentarse al grupo de escopeteros que arma en mano, pululan por estas zonas prohibidas a la caza en el citado TECOR, es recibir un aluvión de insultos, de amenazas y cómo no, de agresiones físicas. La última fue la sufrida por el portavoz de un grupo ecologista y también dueño de algunas de las parcelas invadidas por los cazadores. Le atacaron con los puños, con piedras y con palos. También blandieron armas blancas aunque éstas no las llegaron a utilizar. Sus lesiones fueron múltiples y existe el parte médico que lo demuestra, así como una denuncia interpuesta por dichos hechos. Esta gente, que no tiene el menor reparo en violar la ley de caza, dice ahora sentirse "amenazada" por el ecologista al que golpearon con brutalidad, cuya conducta tienen la osadía calificar de agresiva. El ataque, cobarde y feroz, se produjo cuando después de explicarles que allí no podían cazar, regreso al lugar tras ir a su casa a buscar la documentación que así lo acreditaba para demostrárselo. Y esas declaraciones las hacen los mismos que le dieron una paliza, los que amagan con pegarle a un tiro a aquellos que les reprenden por su desprecio a la legalidad escudándose en que "será un accidente y ya pagará el seguro".

Su actitud chulesca y el hecho de que vayan siempre en cuadrilla y armados, les basta para mostrar su bravuconería con cualquiera que les indique que están cazando donde no está permitido. Sin embargo, ante la opinión pública y las autoridades, quieren ir de inocentes y de acosados, por lo que ahora le han pedido a la Subdelegación del Gobierno que establezca vigilancia en el monte, ya que el comienzo de la temporada de caza es inminente y se sienten "asustados" ante el portavoz de la asociación ecologista al que dejaron herido entre cuatro. Qué repugnante mezcla de salvajismo y de hipocresía. Esta falta de control es precisamente lo que vienen denunciando los afectados por los cazadores desde hace años, ya que sólo el SEPRONA, desbordado de trabajo, se preocupa por vigilar esas zonas, pero el escaso número de efectivos imposibilita abarcar todo y no existe presencia de guardas forestales para participar en dichas labores. En lo que se refiere a este TECOR, los perjudicados por los desmanes de los cazadores, han dirigido a diferentes estamentos de la Administración más de veinte escritos en los cuatro últimos años, exponiendo los casos de abusos, amenazas, actuaciones peligrosas, violaciones de la ley y en casi la mitad de ellos, solicitando una inspección suficiente y efectiva.

También puede ocurrir que la Administración, ante la petición de una mayor vigilancia en los terrenos del TECOR, necesaria según una cuadrilla de cazadores para un ecologista solo no les pegue, y a juicio de los que no se dedican a esparcir vísceras de animales, para que los discípulos de San Huberto no conviertan todo el monte, sectores vedados incluidos, en su particular campo de exterminio, responda que no disponen del presupuesto que les permita establecer dichas rondas. Y probablemente tendrán razón, sobre todo después de que hayamos conocido que la Consellería de Medio Rural, ha decidido aportar 170.000 euros para fomentar la actividad cinegética. Es lo que tiene subvencionar a los verdugos, que luego no quedan dineritos para las víctimas.

Dejando ya aparte de lo discutible de la caza, un deporte que aunque quiera disfrazarse con el atuendo del conservacionismo, no es más que darle gusto al simple placer de matar, es inadmisible el comportamiento de ciertos cazadores, que se creen que todo el monte, incluyendo terrenos en los que por su especial consideración es ilegal cazar, es un escenario en el que pueden reventar a disparos a un animal sin que nadie tenga derecho a impedírselo.

Son violentos, son chulos y cuando no hay testigos que puedan comprometerles, hacen de las amenazas su seña de identidad y de las agresiones sus argumentos. Alguna prueba en vídeo existe sobre este comportamiento intimidatorio tomada durante un Campeonato de Caza del Zorro en Galicia. Este ecologista, que no hacía más proteger sus propiedades, recordarles la ley y evitar matanzas de animales allí donde está prohibido ejercer la caza, tuvo que sufrir los golpes y la brutalidad de cuatro de ellos. Ahora le toca soportar la falsedad y desvergüenza de estos escopeteros, tratando de convertirse en víctimas cuando son ellos las que las causan.

Se creen los amos y señores del monte, por el que transitan a sus anchas portando armas y dejando innumerables regueros de sangre, a menudo humana, no hay más que repasar las hemerotecas. Y están acostumbrados a que los ciudadanos, en vez de poder ejercitar su derecho de pasear libremente por lo que es patrimonio de todos, opten por quedarse en sus casas o tengan que escoger otros lugares, ante el miedo de recibir el disparo de un cazador.

Este TECOR de Galicia, es sólo una muestra más de un problema que afecta a todo el País, porque muchos de estos señoritos siguen pensando que cualquier terreno en el que hay piezas susceptibles de ser abatidas, forma parte de un inmenso cortijo de su propiedad que pueden sembrar de cadáveres a su antojo, sin admitir que nadie se atreva a negarles esa “prebenda” que ellos solitos se adjudican cuando obtienen la licencia de caza.

Ataques a personas, muerte indiscriminada de animales, sufrimiento, furtivismo, perros heridos, abandonados y asesinados, “accidentes” con víctimas humanas, tráfico de animales y de trofeos, conculcación de los derechos de muchos ciudadanos, infracciones legales... todo eso y más trae consigo la caza. Y encima, los responsables de tales desafueros, quieren jugar el papel de mártires ante la Sociedad. Algunos, movidos por su pasión por matar, no encuentran límites ni en la moral, ni en la razón, ni en la Ley.

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