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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Todas mis palabras son sinceras

Josefina Albert (Barcelona)
Redacción
jueves, 22 de octubre de 2009, 22:42 h (CET)
En la Primera carta a los Corintios (15, 8), San Pablo, refiriéndose a las apariciones de Jesús después de su resurrección, dice «se me apareció también a mí, que soy como un aborto (la cursiva es mía)». El apóstol se refiere a sí mismo como un ser indigno por haber perseguido a la Iglesia. Algunas traducciones en lugar de aborto hablan de engendro, que se define como: «Criatura informe que nace sin la proporción debida», o, lo que es lo mismo, monstruo, una producción contra el orden regular de la naturaleza. Y eso es el aborto: un engendro, algo muy feo que causa espanto.

Por eso es asombroso que hace dos días, la víspera de la que sin duda ha sido la gran manifestación por la vida, la Vicepresidenta del gobierno, contestando a una pregunta sobre tal evento, dijo nada más y nada menos que la ley del aborto, en primer lugar, da «seguridad jurídica a las mujeres». Por su formación, la señora Fernández de la Vega debe saber qué es eso de la seguridad jurídica, sin duda un bien para las mujeres. Pero, ¿quién defiende la seguridad jurídica del feto? En segundo lugar –señala la Potavoz del Gobierno- proporciona «garantías de equidad y confidencialidad». Ignoro en qué sentido utiliza la señora de la Vega la voz equidad, porque son varias las acepciones con que cuenta esta palabra en el DRAE. ¿Acaso, la entiende doña Mª Teresa como «Justicia natural [inspirada en la conciencia moral], por oposición a la letra de la ley positiva» (acep.3)? El término latino aequitas podía traducirse como ‘espíritu de justicia, ecuanimidad’ o, lo que es lo mismo, como ‘la disposición moral que busca dar a cada persona lo que se merece’, que coincide exactamente con el significado 5 de la Academia. Pero, claro, como el feto de doce semanas, según la ministra Aído, no es un ser humano y, por consiguiente, no es persona (En Derecho persona se define como «Individuo de la especie humana»), a pesar de que las ecografías nos lo muestren claramente con forma humana (cabeza, ojos, brazos, piernas, manos y pies) y no como un conejo, por ejemplo, la Vicepresidenta del gobierno está afirmando lo mismo que la joven e inculta Ministra de Igualdad: solo hay una persona, la madre, que puede decidir sobre el ser que lleva en sus entrañas siguiendo únicamente los dictados de su conciencia o simplemente su capricho, ya que solo ella es sujeto de derechos. Obsérvese que doña Mª Teresa añade la palabra confidencialidad, lo que significa que cualquier información solo será accesible para aquellos autorizados a tener acceso a dicha información. ¿Y quienes están autorizados? Solo la mujer y, obviamente, quien practica el aborto, ese engendro al que se refería San Pablo y en el que ambos, mujer y médico, han convertido al nasciturus. Pero no nos engañemos: la señora portavoz del gobierno en sus declaraciones utiliza palabras cuidadosamente escogidas que o no dicen nada o que, arteramente, esconden ideas perversas, enmascaradas bajo el ropaje de la presentación solemne e «impecable» a que nos tiene acostumbrados en sus comparecencias públicas, creyéndose aquello del refranero: «Buenas palabras y buenos modos dan gusto a todos». Mejor sería que nuestros gobernantes practicaran lo que se dice en los Proverbios de Salomón (8,8): «Todas mis palabras son sinceras, nada en ellas es falso o retorcido».

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