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Etiquetas:   Crítica de cómic   -   Sección:   Libros

‘Suéter’ de Esteban Hernández: un tema delicado, bien resuelto con colores vivos

Herme Cerezo
Herme Cerezo
jueves, 22 de octubre de 2009, 19:22 h (CET)
Una brillante portada. Líneas irregularmente rectas. Colores vivos. Un tipo joven de patillas largas, humeante, que asoma a la calle desde una estación del Metro. Por muchas coincidencias, el territorio parece Valencia. Pero eso no pasa de ser una anécdota. Puede ser cualquier ciudad española. O extranjera. Todas estas características anticipan lo que el lector va a encontrar en ‘Suéter’, último trabajo de Esteban Hernández.




Portada del cómic.


Un blíster de ansiolíticos, o de somníferos, o de antidepresivos. ¡Qué más da! El protagonista se incorpora en la cama. Expresión dormida, ojos aún cerrados. Suena un despertador recalcitrante, ¡bip, bip, bip, bip, bip! Ya sentado sobre el borde del colchón, engulle la primera píldora de la jornada con un trago de agua. Luego permanece pensativo. Como si se tomase una pausa para lo que le aguarda. Silencio. Su mirada regresa tres años atrás. Recuerda sus comienzos con las drogas. Y la figura de un tipo, Lolo, el suministrador colega, que le ponía “tenso y paranoico”. El protagonista padece problemas psicológicos. Luego conoceremos cuáles. Culpa de todo ello a Lolo. O a las drogas. Ambas cosas son lo mismo. Pero es una justificación irracional. Y lo sabe. Y no lo oculta.

El dibujo de Esteban Hernández para este ‘Suéter’ carece de líneas rectas. Ya lo dije al comienzo. Todo parece trazado a mano alzada. No importa la exactitud. Y a pesar de ello, las perspectivas, la profundidad de campo se perciben con absoluta nitidez. Impagable es, a este respecto, la viñeta de uno de los pasillos del suburbano. O la del coche y el plano urbano al fondo. El trazo es limpio, adobado con sombras sencillas, que simulan pliegues y otorgan a las escenas el relieve justo que precisan. No más. Pero el estudio de los gestos, de los rostros, de los ojos, revela perfectamente el estado anímico de los personajes.

El protagonista, un enfermo esquizofrénico, encuentra un momento rutinario para dar rienda suelta a su imaginación: el puro acto de quitarse un suéter. En ese instante íntimo, imagina expresiones, vocaliza insultos mudos, interpreta muecas invisibles para todos menos para sí mismo. El suéter, quitarse el suéter, le proporciona el anonimato, la impunidad que precisa para sobrevivir a los momentos críticos de su existencia, aquellos en los que se siente inseguro, apagado, apático, melancólico, indefenso, derrotado… Un refugio oscuro, personal e íntimo. Intransferible. Y de esa intimidad, de ese rito banal – quitarse el suéter – es de lo que nos habla a lo largo del álbum.

Pero ‘Suéter’ esconde algo más que esa introspección individual. Todos los personajes que desfilan: un revisor, extrañamente coaccionado por la Compañía para la que trabaja; un anciano asustado y un escritor al que por su aspecto y atuendo confunden con la Parca, no son sino personajes de actitudes extrapoladas, delirantes, tan esquizofrénicos o más que el propio protagonista. El fino vericueto que separa la depresión de la ansiedad es transitado por poca gente en este mundo. Lo normal es, en ocasiones, caer hacia uno de los dos lados. Y recuperarse luego, claro. Lo peligroso es no hacerlo.

Para abordar este espinoso tema – la esquizofrenia, las drogas, el viaje interior – el dibujante recurre al color. Colores muy vivos, bonitos, brillantes, alegres. Una forma artística, tan válida como otra cualquiera, para analizar el problema. Y el paisaje urbano también le ayuda, dibujado de modo amable, acogedor, humano. Escaparates, cafeterías, ventanas, balcones, accesos al suburbano. Un entorno conocido, familiar, seguro. Una ciudad irreal, mestiza.

Una bella experiencia. Y dura, que incrementa el ritmo y la tensión página a página, viñeta a viñeta, trazo a trazo. Un cómic interesante este ‘Suéter’ de Esteban Hernández. Sin duda que sí.

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‘Sueter’ de Esteban Hernández. Ed. Planeta, junio 2009. Tapa dura, color satinado. 11,95 euros.

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