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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

La cruz de cada uno

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 21 de octubre de 2009, 06:00 h (CET)
Me encontré con amigo después de mucho tiempo sin vernos, tras los saludos y abrazos correspondientes, comenzamos por recordar tiempos pasados, preguntar por otros amigos a quienes hemos dejado de ver y, de forma inevitable, a hablar de la salud, compartir los achaques que nos aquejan, de nuestras revisiones médicas y del número de pastillas que ingerimos cada día, que no son pocas. Cuando llegamos a viejos tendemos fácilmente a lamentarnos de nuestras enfermedades y limitaciones.

Pero mi amigo me dijo algo que me ha hecho meditar. Estas cosas que nos pasan, me susurró confidencialmente, son ahora nuestra cruz y tenemos que esforzarnos en llevarla bien derecha, pues si la llevamos atravesada de mala manera, iremos golpeando con ella a los demás, –a la mujer, a los hijos y hasta a los vecinos, – y amargándoles la vida.

No sólo cuando somos viejos tenemos cruces, a lo largo de toda la vida hemos tenido muchas alegrías, pero no nos han faltado problemas y preocupaciones. Nos preocupamos incluso por cosas que nunca llegaron a ocurrir, pero nos hicieron sufrir por anticipado, como si hubieran ocurrido. Estoy seguro de que estas cruces de cada día no siempre las he llevado derechas, como dice mi amigo, sino que las han sufrido también las personas de mi alrededor a las que, indebidamente, les he transmitido sufrimientos o al menos molestias.

Jesús, el Hijo de Dios, que quiso parecer en todo a nosotros, llevó su cruz en el sentido más real y doloroso y nos invitó a seguirlo cargando con las nuestras de cada día. Aceptar las cruces, las que nos llegan sin esperarlas, las que ponen en cuestión nuestra vida, las que hacen añicos nuestras ilusiones y nuestras fantasías, es difícil convertirlas en camino de esperanza, pero es necesario comenzar por aceptarlas como parte esencial de nuestra existencia.

El sufrimiento y el dolor pueden elevarnos o destruirnos, depende de nosotros. No hay ningún tipo de seguro que nos ponga a salvo de estas contingencias, tanto si somos creyentes como si somos ateos. Los cristianos creemos que el sufrimiento tiene un valor maravilloso porque después de la cruz tenemos la resurrección y la vida eterna, a la que también están llamados los que no creen.

De todas formas pienso que todos podemos seguir el consejo de mi amigo: llevarla derecha sin golpear con ella los demás. Nunca es tarde para seguir un consejo útil, que nace de la experiencia.

Por último, si alguien nos ayuda a llevar la carga tendremos que agradecérselo y si nosotros podemos ayudar a otros, no dejemos de hacerlo. A Cristo también le echó una mano el Cirineo.

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