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La religión no es moneda de cambio para trucos políticos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 20 de octubre de 2009, 08:59 h (CET)
Evidentemente, la religión y la política tienen caminos distintos pero no, necesariamente, divergentes ni convergentes, acaso paralelos y muy posiblemente interactivos; sólo que esta interactividad sólo se puede entender desde una de las partes hacia la otra y nunca viceversa. Voy a aclarar lo que he querido decir con esta maraña de términos, aparentemente inconexos. Se trata de que la religión, y para mí la cristiana y católica, se ocupa de la parte espiritual de la persona mientras que la política interactúa con ella desde aspectos materiales, necesarios para vivir en sociedad pero, indudablemente, dentro de los valores que rigen nuestra existencia en un plano inferior a aquella. Es pues lógico que, cuando Jesucristo dijo que se debía dar al César lo que correspondía al César y a Dios lo que le correspondía a El no quiso dar a entender que ambas instituciones, por definirlas de una manera entendible, estaban situadas en el mismo nivel en cuanto a cual de ellas debería prevalecer sobre la otra. La opción está clara y así consta en los evangelios cuando Jesucristo le dijo a aquel rico, que decía cumplir con todos los preceptos de la religión, pero que quería implicarse más en ella:

“Vé, vende todos tus bienes, repártelos entre los pobres y luego sígueme” El hombre no tuvo valor para hacerlo y de ahí las palabras de Cristo, probablemente descorazonado por la falta de empuje de aquella persona, “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos”.

No se alarmen, no pretendo darles un sermón ni mucho menos presentarme como un católico si defectos porque, por desgracia para mí, mis faltas son infinitas y deberé dar cuenta de ellas en su momento. Todo este prólogo viene a cuento de algunas declaraciones del señor Bono y de la celebración de un reciente Congreso de Socialistas Religiosos. Parece ser que la política del PSOE de atacar a la religión, no les ha dado el resultado apetecido, antes bien, dentro del propio partido se han producido no pocas críticas a ella y, en consecuencia, el aparato de propaganda, una máquina bien engrasada del PSOE, ha decidido que “ si no puedes vencer a tu enemigo hazte su amigo” y están en ello, en intentar captar prosélitos o mantener aquellos militantes católicos que estaban disconformes con la postura del PSOE respecto a las religiones cristianas; dando un giro de 180º, tratando de aparentar que no hay antagonismo entre ser socialista y ser cristiano ya que, según ellos, lo cortés no quita lo valiente. El señor Jáuregui no ha tenido el menor empacho en decir que: “mucha gente se hace socialista por su interpretación del Evangelio”. No puedo entender lo que quiere decir con esta afirmación, antes bien, debo pensar que anda algo despistadillo porque, al parecer, todavía no se ha dado cuenta de que milita en un partido político y no en una secta, de las muchas que hay, dedicadas al estudio, predicación e interpretación de los Evangelios. ¿De dónde el PSOE es una religión y de dónde se ha sacado el señor Jáuregui que su partido tiene un interpretación particular de las Escrituras?

Y es que la ignorancia que demuestran estos señores, y hablo de algunos como don José Blanco,. Jáuregui o el mismo Bono, de la doctrina cristiana y de los mismos Evangelios es tal que todavía no se han enterado de que Cristo dijo: “por sus obras los conoceréis” y que, en el caso del PSOE, lo único que se puede decir de su particular filosofía, al menos la que practican y se empeñan en infundir a sus prosélitos, es que relativista y en nada parecida ni en su fondo ni en su forma al cristianismo. Cualquiera puede hacer una interpretación del bien y el mal ajustándola a su propia conveniencia, todo ello fundamentado en una concepción egoísta y personalista de la libertad, a la que se le otorga una prioridad tal que, incluso, puede coartar y olvidar el mismo derecho que tienen el resto de personas. ¿Cómo se puede entender que un cristiano milite en un partido que defiende el aborto como un derecho de la madre, ignorando el del nasciturus a nacer?, o ¿cómo interpretar la enseñanza a los menores, en la que se fomentan tocamientos mutuos para averiguar sus tendencias sexuales?, o ¿cómo se entiende que se apoyen a los médicos abortistas y se defiendan teorías propias de médicos como el doctor Menguele, que ponían en práctica en campos de exterminio, como el de Mauthausen; pretendiendo justificarlas con pretendidos fines humanitarios, cuando para ellas se utilizan embriones, cigotos y hasta fetos asesinados en los vientres de sus madres?

No soy quien para juzgar las conciencias de los señores Bono, Jáuregui o Blanco; pero sí me considero moralmente obligado a desmentir el hecho de que exista una doctrina religiosa propia del PSOE, que les permita atribuirse una interpretación particular de las enseñanzas de Cristo. ¡Hasta aquí podríamos llegar! Podemos admitir que el señor ZP sea un político que sabe engañar con estilo a los ciudadano; podríamos admitir que, sin tener idea alguna de economía, lleva de cabeza a todos los economistas de su partido y, hasta nos parecería bien aceptar lo de su obsesión por una utópica Alianza de Civilizaciones ¿cómo sería posible aliar la Europa cristiana con el Islam mahometano?; pero, señores, nos cuesta mucho, muchísimo, imaginarnos al señor Rodríguez Zapatero vestido a lo bonzo budista y con el pelo rapado a cero. No, no quieran ustedes hacer un melting de política y religión, con el solo objeto de captar los votos que se les están escapando a manos llenas desde que, no por motivo religiosos ni por cuestiones éticas y morales, sino por razones más materialistas, por causas de entidad más mundana, como pudieran ser la falta de trabajo digno; la incapacidad para frenar la caída de la economía española cuando fuera de España ya se vislumbran señales de recuperación; la evidente obsesión para no llegar a un pacto con la oposición para formar un gobierno de emergencia, por medio del cual se pudieran revivir unos pactos, como los de la Moncloa, para remar todos en la misma dirección.

Debiera recordar, el señor Bono, que “no se puede servir, a la vez, a dos señores” y que no se debe pretender, si es que él lo piensa, dividir a los católicos creando dos sectas opuestas o intentando hacer creer a los que puedan militar en el PSOE, que un católico puede estar en un partido donde la vida y la muerte no son conceptos que tengan una entidad objetiva; que ser cristiano es algo que puede ajustarse a cualquier circunstancia o credo; no señor mío, el cristianismo es un valor universal que no puede degradarse, simplemente, para dar satisfacción al egoísmo de algunos o a la conveniencia de otros, esto es el relativismo al que hemos aludido antes; pero la defensa de la vida, así como los otros preceptos derivados de la Biblia y de los Evangelios, está resumida en el mandamiento de la Ley de Dios cuando dice:” no matarás” y, contra este precepto, no valen artimañas políticas ni interpretaciones amañadas, urdidas por mentes enfermas que piensan que todo vale con tal de llevarse el agua a su molino. Los que defienden, por encima de la vida, los derechos de los ciudadanos, la libertad y el respecto por la de los demás, este nihilismo materialista, este todo vale, esta vida basada en los placeres del sexo, los vicios, el egoísmo y el desprecio por los valores de siempre, heredados de nuestros ancestros; no pueden pretender erigirse en guías espirituales de aquellas personas que siguen creyendo en el orden, la moral, la ética y las buenas costumbres, como un modelo de vida a seguir por encima de las vicisitudes de la política y de las particulares intenciones partidistas de aquellos que no han sabido valorar, en lo que vale, la cultura cristiana que se nos ha ido trasmitiendo, de generación en generación, a través de los siglos.

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