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Premios Príncipe de Asturias
Luis del Palacio
El próximo viernes 23 de octubre tendrá lugar la solemne entrega de los Premios Príncipe de Asturias.
Esa bombonera que es el Teatro Campoamor de Oviedo se engalanará de nuevo para recibir a los premiados, a los anfitriones y a los centenares de invitados que llenarán el patio de butacas, las plateas, el entresuelo y hasta lo que no hace tanto se llamaba “el gallinero”.
Durante los lustros que lleva concediéndose este galardón, su prestigio ha ido creciendo y son muchas las voces autorizadas que afirman que ha igualado e incluso superado en categoría al mismísimo Nobel. Es muy posible y, en cualquier caso, un poco de chauvinismo en un país tan dado al complejo de inferioridad, nunca viene mal y tiende a alzar la moral.
Releo el último párrafo y pienso que la comparación con los Nobel no es del todo justa. En primer lugar, los premios de la Academia Sueca están directamente ligados al mundo anglosajón y, por tanto, tienen un “eco mediático” muy superior a los de la Fundación Príncipe de Asturias. No existe discusión respecto al hecho de que en el mundo que vivimos (y muchos más de los que debieran, padecen) prima lo que se produce en inglés o está muy próximo a su mercado editorial (un reciente ejemplo es Larsson y su famosa obra póstuma) Y esa influencia que todo lo fagocita, contribuye a que escritorzuelos de tres al cuarto (como Dan Brown), sean conocidos en todo el orbe.
Por el contrario, decenas, centenares de continentes “de tercera” (África a la cabeza) son masivamente ignorados. Hay excepciones, como Naguib Mafuz y algún otro, que son elegidos para cubrir el grupo de los que obtienen el Nobel de Literatura para cumplir con aquello de “siente un pobre a su mesa”.
Conozco poco a los galardonados en esta edición de los Príncipe de Asturias, con la salvedad de Norman Foster, que le ha arrebatado el premio a nuestro Cristóbal Halffter. He leído, no obstante, sus reseñas biográficas y me constan ya sus merecimientos.
Personajes que obtuvieron antaño el premio, como Vicente Ferrer, Nadine Goddal, Ryszard Kapucinski… enaltecen la categoría de la institución que lo otorga; aunque, personalmente, creo cuestionable el haber elegido en su día a Yassir Arafat, y tampoco comprendo cómo Almodóvar goza ya de una distinción que hubiera podido corresponderle a gente que merece los homenajes en vida, como es el caso de Luis García Berlanga.
Dos personajes que también lo merecen y que deberían figurar entre los candidatos hasta que lo obtengan son: el maestro de reporteros, Miguel de la Quadra-Salcedo (Premio de Cooperación Internacional) y nuestro director de orquesta más aclamado en el mundo, Rafael Frühbeck de Burgos (Premio de las Artes)
Hasta entonces, los Príncipe de Asturias no habrán cumplido plenamente el objetivo de premiar la excelencia, y nosotros tendremos que repetirlo cada año.
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