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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Escribir lleva implícitos otros infinitivos

Marino Iglesias Pidal
Redacción
lunes, 19 de octubre de 2009, 10:30 h (CET)
Entre muchos, dos que, en mi caso, vienen a englobar casi todos los demás: entretener y rabiar.

Si escribiera a impulsos de la espontaneidad, lo haría movido por la rabia y consumiéndome en ella con cada golpe de tecla. La estupidez y crueldad del ser humano se me hacen insoportables, ¡e insoslayables! que es lo peor. Y “lo peor” está, para mí, decidido por la justicia que emana del sentido común, porque la otra, la que proviene del enunciado de las leyes codificadas y su aplicación por el poder al que le corresponde, es un completo disparate.

No debo manifestar mis pensamientos con absoluta apertura. Si dijera lo que yo consideraría como desenlace atenido a justicia en manifestaciones tales como corridas de toros y un sinfín de aberrantes formas de “entretenimiento” que tiene el ser humano, cuando menos, se me tildaría de loco de atar. No obstante, me voy a permitir, en algunos aspectos, un cierto desahogo descontrolado.

¿Alguna cabeza mínimamente pensante puede admitir como normal que la ley exima de castigo a ladrones en activo? El carterismo ya se puede considerar como una profesión, sin duda, con buen presente. No requiere de estudios, instalaciones para su ejercicio, inmune a las penalizaciones, no hay crisis que la afecte… Hasta se halla exenta de grabaciones fiscales. Veo tentadora, y comprensible, la idea. ¡No jodan! tanta penuria y tanta búsqueda inútil de empleo, ¡qué va! carterista, ¡pero ya!

Otro capítulo de la misma novela:
¿Qué se podría decir, por ejemplo, del “presunto” asesino éste? Un pedazo de mierda que ni a cagada completa llega, descojonándose de la risa a consta de las Instituciones, limpiándose el culo con el pastón dedicado a seguirle su macabro jueguito con cargo al contribuyente y, lo más terrible, refocilándose en el sufrimiento de lo seres que han querido y, aun ausente, seguirán queriendo a la infortunada muchacha.

Éste es el presente del disparate. Del disparate de un sistema concebido sobre la romántica base de un ser humano genéticamente justo, por el pueblo y para el pueblo y toda esa paparruchada, miel sobre hojuelas para toda esa caterva de aprovechados, políticos y otras hierbas, que viven a costa de un pueblo cuya insensatez manejan a su antojo. Puag.

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