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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

A Madrid por la Vida

Josefa Romo (Valladolid)
Redacción
lunes, 19 de octubre de 2009, 09:44 h (CET)
Un gran clamor de la sociedad se alzará el 17 de octubre en la capital de España ante el grito silencioso de tantos niños hechos mártires en el seno materno, y ante el desamparo de las madres embarazadas con problemas. Si la autoridad democrática puede cambiar, a su antojo, leyes fundamentales como la del derecho a la vida, ¿en qué se diferencia de la autoridad dictatorial? Si las leyes dejan de proteger la vida del no nacido, ¿qué esperanza queda a la humanidad? Si lo consentimos, ¿qué calidad moral tenemos?

Transformar el delito en derecho para que puedan matar impunemente al niño nonato, ¿no es favorecer ese injusto y vomitivo negocio con vidas inocentes tomadas como reses? ¿Para que la Guardia Civil mire para otro lado si vuelve a encontrar fetos humanos junto a contenedores de basura? Ningún atropello a la dignidad humana tiene parangón con la vileza de asesinar a un inocente indefenso. La solución al aborto no está en convertirlo en derecho, dejando la protección de la vida al arbitrio materno; está en la ayuda a las madres que lo necesitan y en la educación. Todas las justificaciones que se presentan para el aborto no son sino excusas. ¿Es cuestión religiosa? Es cuestión humana, religiosa y social. “Los gritos de los niños cuyas vidas han sido truncadas antes de su nacimiento hieren los oídos de Dios” (Beata Teresa de Calcuta).

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