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El Big-Bang del PP en horas bajas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 18 de octubre de 2009, 08:04 h (CET)
Debo de reconocer que me equivoqué. Cuando, después de haber perdido las legislativas por segunda vez, el señor Rajoy, no sabemos si mal aconsejado o en un arranque de trastorno mental transitorio, decidió desprenderse de toda la cúpula del partido, para sustituirla por una nueva y flamante ejecutiva, poblada de figuras jóvenes, casi desconocidas para las bases de la formación popular, pensé que se había dejado influir por una especie de rabieta post electoral, atribuyendo la debacle a sus compañeros de equipo, en lugar de entonar un mea culpa por no haber sabido sacar el rédito esperado de las incipientes dificultades económicas que la, negada por el PSOE, repercusión de la crisis mundial en España, le estaban comenzando a pasarle factura al Gobierno. No acerté en el diagnóstico, porque lo que en realidad estaba ocurriendo en el PP es que, la crisis de valores que se empezaba a producir en el seno de la directiva, no procedía, al menos en una manera lo suficientemente efectiva, de los delfines del partido que intentaban imponer sus ideas más o menos revolucionarias; no, no señores, el mal tenía un origen más profundo, procedía de una evolución interna, de una meditación sobre las causas que influyeron en la pérdida de las elecciones de la que se desprendía, para el líder señor Rajoy, que él no era culpable de nada y que su actuación había sido impecable, por lo que, lógicamente, la “culpa” del fracaso se la debía atribuir a quienes estuvieron bregando durante toda la legislatura en la Cámara de Representantes, el Parlamento, donde sufrieron el desgaste que producen las continuas refriegas con los ministros del gobierno, en este caso del gobierno socialista.

Le evidente imprudencia o defecto táctico de prescindir por completo de la “vieja guardia” del partido, descabalgando de sus puestos a efectivos de la talla de: un señor Zaplana, un señor Acebes, una señora María San Gil, un señor Alejo Vidal Cuadras; así como el arrinconamiento del señor Mayor Oreja y el intento, afortunadamente infructuoso, de deshacerse de la señora Esperanza Aguirre; dieron la medida de hasta donde la necesidad del señor Rajoy de hacerse “perdonar” los dos descalabros consecutivos en las legislativas, le habían impulsado a sacudirse las pulgas de encima para intentar justificarse ante las bases del partido, cargándoles las culpas a los defenestrados. La prueba de todo esto es la feria que armaron en el Congreso de Valencia en el que, dando muestras de un completo divorcio de la directiva con el resto de afiliados y simpatizantes, se produjo, en un alarde de chauvinismo al más puro estilo dictatorial, el ensalzamiento del señor Rajoy por aclamación de los asistentes, summa cum laude, imponiendo manu militari al resto de afiliados, sin medios de conseguir una elección de tipo democrático, la figura intocable y reafirmada del “innovador” del partido.

Lo curioso es que, del equipo que eligió para su guardia de corps el señor Rajoy, algunos, como la señora Sáenz de Santa María, a pesar de sus comienzos trastabillantes y de algunas metidas de pata, sin embargo, parece que ya le ha tomado la medida a la señora De la Vega, evidentemente en baja forma; hasta el punto de que, en la mayoría de las ocasiones logra hacerle salir de sus casillas, momentos en que, para solaz de sus detractores, la vice de la Vogue, empieza a desbarrar como mono al que se le rallan las tripas, perdiendo la compostura de la que, en tantas ocasiones, había presumido. Pero la deriva a la que el señor Rajoy, con sus ideas contemporizadoras con el gobierno del señor Rodríguez Zapatero; con sus escarceos con los nacionalistas; con sus transigencias con el incumplimiento de la Constitución, que tan flagrantemente se viene practicando en materias como el uso y enseñanza de la lengua castellana o el adoctrinamiento de la juventud por medio de la EpC; con su evidente abulia ante materias tan delicadas como el aborto o la eutanasia frente a las cuales, por cálculos estrictamente electoralistas, se abstiene de hacer una oposición más incisiva, valiente y, por supuesto, sin concesiones paliatorias en cuanto a la clase de moral y ética que debe defender una formación política cuya mayoría de afiliados se declara cristina; es evidente que infringe, de forma inaceptable, el espíritu y los valores que había sustentando el PP, hasta que él decidió prescindir de ellos para intentar hacerse con el poder, fuese como fuese.

Pero lo que mal empieza mal acaba y, cuando el PP, ante el evidente desfondamiento del PSOE; su incapacidad para sacar a España de la sima económica en la que la ha hundido; sus continuos despilfarros improductivos; su endeudamiento que amenaza con enviarnos a la quiebra; su responsabilidad en situar a España a la cola de las naciones europeas en cuanto al paro, el suspenso en la educación, las pocas perspectivas de recuperación, la falta de productividad, así como su negativa a emprender una reestructuración del sector laboral, a pesar de las insistentes recomendaciones que se le hacen en este sentido desde todas las instituciones europeas y las del propio partido de la oposición; pues bien, a pesar de todo ello, el señor Rajoy no ha conseguido despegarse electoralmente del PSOE más que unos pocos puntos y, aún así, estando en lo peor de la crisis; lo que nos hace entender que, si de aquí a un año, la situación mejora, los socialistas tienen garantizada la nueva legislatura de calle.

Ante los recientes acontecimientos ( el caso Gurtel, el caso Matas, Camps y Costa), por los que el PSOE, actuando de mala fe, jugando a hacer daño, utilizando los medios más viles para combatir al adversario político y valiéndose de la complicidad de la policía y algún sector judicial; ha destapado tramas de aparente de corrupción y las ha venido desvelando, dosificadamente, para maniatar al PP e impedirle hacer una oposición como debiera hacerse; la directiva de los populares ha demostrado la falta de reflejos y, en especial, los del propio señor Rajoy, para afrontar sin titubeos la situación, coger al toro por los cuernos y poner orden, antes de que, el partido en el gobierno, pudiera hacer leña del árbol caído. La postura del líder del PP de retardar hasta lo imposible la toma de decisiones; su pasotismo y el esperar que el tiempo lo curase todo, le ha llevado a la situación, verdaderamente, comprometida en la que ha conseguido situar al partido que dirige. Ha fallado otra vez porque, en lugar de seguir los pasos de E.Aguirre en la comunidad de Madrid, donde se ha adelantado a sus objetores y ha hecho rodar cabezas antes de que los socialistas la obligaran a hacerlo; con lo que ha tomado la iniciativa adelantándose a las tácticas de sus adversarios; ha preferido mantenella y no enmendalla y… así le ha ido.

Lo dije apenas el señor Rajoy decidió lanzarse al río sin haber aprendido a nadar. Me di de baja del PP cuando, en Barcelona, colocaron a gentes que buscaban aliarse con los nacionalistas en lugar de defender a los españoles que quedamos en esta comunidad. Si el PP no rectifica de rumbo, si no vuelven a sus cuarteles de invierno para reflexionar e intentar recomponer la formación, retornando a sus principios y valores de siempre; es fácil pronosticar los resultados de semejante desbarajuste que, sin duda, está causando un daño que, quizá, si no se ataja de cuajo, será difícil por no decir imposible, restañarlo antes de sea demasiado tarde para hacerlo. El señor Rajoy tendrá toda la responsabilidad de lo que pueda ocurrir, si no rectifica con tiempo. Demasiada para un solo hombre.

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