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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Sentirse observado

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 18 de octubre de 2009, 08:02 h (CET)
Otro fenómeno cuántico demostrado recientemente es el efecto ZENO. El físico Wayne Jano atrapo 5.000 átomos en un campo magnético y con un dispositivo experimental comprobó que el hecho de observar los átomos hacía que estos no alcanzaran un estado cuántico que previamente, en las mismas condiciones, pero sin ser observados, habían alcanzado. La explicación está en que los átomos observados pasan la información de que están bajo la mirada del experimentador a los átomos que están a punto de iniciar la transición.

Es una versión moderna del experimento Einstein Podolski - Rosen; lo que Einstein denominaba aterrorizado como “acción fantasmal a distancia”. ¡Eso de que nos observen! Desde luego, tiene su miga. La física cuántica aporta por ahora una serie de novedades impensables. Vista desde otra perspectiva, ejerce como una buena cura de humildad. Cuando se creía en un conocimiento asentado, aparecen influencias como la comentada; sus trayectos son desconocidos en la mayor parte de su recorrido.

En concreto, ¿Cuál es la entraña de las observaciones mencionadas y sus efectos? Es como para atemorizarse, si pensamos en dos aspectos derivados. El factor desconocido con capacidad de actuar sobre los individuos siempre es INQUIETANTE. Y las posibilidades abiertas con la manipulación de tamañas influencias también son fascinantes. Para bien o para mal. Todos firmaríamos para la obtención de mejoras, el temor viene por lo desconocido y por las maniobras agresivas.

Si bien comenzamos fijándonos en átomos y partículas, en esto de las influencias se abren nuevos campos con gran facilidad. Nos ocurre a cualquiera. De manera espontánea, con poca participación de la voluntad; o bien, plegados a determinados intereses, con la decisión concreta y con la percepción del fenómeno. Cuando uno sabe que le miran, cuando detecta esa atención desde fuera, sus maneras de comportarse suelen variar. La complejidad es manifiesta. La precisión se presenta como una utopía.

Volvemos a lo de antes, el concepto UTÓPICO es ambivalente. Magnífico, en cuanto implica amplitud de los campos abiertos, no pueden considerarse cotos cerrados; nadie consigue adueñarse de sus características para manipularlas. Provocativo, por cuanto nos impulsa a la búsqueda de nuevos hallazgos, nos abre a la creatividad. Realista, en cuanto nos devuelve el sentido de las limitaciones humanas, precisamente en momentos de gran orgullo sapiencial; con frecuencia mal fundamentado.

La intuición y la fantasía han reflejado algún detalle en el sentido de sentirse observados. Se ha escrito mucho de los DUENDES, también de los gnomos y de otros entes de dudosa confirmación. Ellos, y el mismo destino, parecen dirigirse a nosotros; con burlas, ríendo de los comportamientos humanos, insinuando actitudes, o simplemente observando. Después de lo comentado con la observación de las partículas en movimiento y con la experiencia de cada día, da la sensación de que todo nos observa. ¿Hasta dónde llegarán esas influencias? El verdadero duende quizá lo llevemos muy adentro, como reflejo de tantas influencias como se han comprobado y de las que pueden llegar a sospecharse. A lo desconocido le atribuímos formas y poderes que no son fáciles de concretar.

Mientras lo inexpresable mantiene su carácter indefinido, permanece como algo natural, fluido, sin la malicia de otros efectos escondidos. Así, el contenido de una mirada, unos suspiros de diferente clado, una lágrima sentida o una lágrima de puro gesto banal. Aunque los comentarios de hoy, se acercan a la observación por personas o entes con la fuerza suficiente para ejercer influencias sobre el sujeto observado. Que nos consigan detectar detalles que considerábamos íntimos, sin saberlo nosotros; con la consiguiente UTILIZACIÓN perversa de ese conocimiento, en el momento considerado oportuno para ellos.

A la hora de pronunciarse sobre el fenómeno de ser observado desde fuera, no faltan aquellos que lo hacen con la frescura de quien afirma estar por encima de estas cosas. Sin embargo, decirlo es una cosa, pero se trata de una pose, de unas apariencias; a todos afecta la atención que se les presta. La simple negación suele dar paso a la fatua DESFACHATEZ, al alarde. En tanto se acentúa la negativa, quizá pase a significar lo contrario; intentan presentarse como resistentes, cuando son muy dependientes de esa imagen que intentan aparentar. Porque es un hecho que se den las mencionadas circunstancias.

Otra parcela que reúne las propiedades de una observación un tanto malévola, la percibimos cualquiera de nosotros cada día; me refiero a los REGISTROS recogidos por las variadas tarjetas de crédito o similares, datos cibernéticos acaparados con alguna de las excusas habituales. Con los detalles recogidos se viene disponiendo de una información privada, que pasa a disposición de entes o personas con intereses diversos. No digamos con la información disponible en los servicios de Hacienda, con los usos de las fichas municipales o de otras instituciones. Nos tienen cogidos por muchas de las ramas de actividades personales. La superación de esta mirada de los “grandes hermanos” es una acción imposible.

El apocamiento ante estos fenómenos sería la actitud de renuncia, de negación personal, que no anuncia nada bueno. En el extremo contrario surge la mencionada desfachatez de un pretendido dominio de la situación, que no es tal. Como en tantas ocasiones es el EQUILIBRIO la postura razonable. Ni el miedo, ni el orgullo facilón, constituyen el reflejo ajustado ante unas observaciones con grandes misterios. La dislocación sólo supone una salida de tono, nos saca de la verdadera realidad. Estamos ante un ejercicio dinámico sin una solución fija, todo un reto para cada personalidad, con aplicaciones prácticas y dificultades al unísono.

Es necesario habituarse a las diferentes miradas; entre otras cosas, por que son INEVITABLES. Que se potencien las que contribuyan a la mejora de las relaciones interpersonales, que se frenen o impidan aquellas improcedentes, son aspectos sometidos a la consideración de cada cual. Vemos por lo tanto, una ristra importante de percepciones, gran cantidad de misterios como los de la observación cuántica; así como cambios constantes. ¿Nos ocupan las inquietudes citadas? ¿Se trata de otro de los campos desdeñados? Quizá interesen únicamente a quienes aspiran a controles de los comportamientos ajenos.

Sorprende el poco ahínco con el que defendemos la AUTONOMÍA PERSONAL. Precisamente, se echa de menos un criterio personal para manejarse con las variadas actitudes derivadas de las miradas propias y ajenas.

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