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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Su plan ya, Sr. Presidente

David S. Broder
David S. Broder
sábado, 17 de octubre de 2009, 08:03 h (CET)
WASHINGTON - Se ha tardado mucho más tiempo del que esperaba el Presidente Obama, pero por fin nos encontramos en un punto en el que puede -- y tiene que -- poner su bandera en su iniciativa nacional insignia, la reforma del sistema sanitario.

Ahora que el Comité de Economía del Senado se ha unido a los otros cuatro -- tres de la Cámara y otro más en el Senado -- en la redacción de la compleja y cara legislación, los legisladores elevarán a la Casa Blanca su propuesta para ser asesorados en la forma en que deben cortarse muchos flecos políticos antes de poder depositarse los votos definitivos.

A través de la superación cuidadosa de las barreras fiscales y políticas que han sentenciado las iniciativas anteriores de presidentes Demócratas por aprovechar esta coyuntura, Obama ha dirigido esta empresa hasta el punto actual en el que las probabilidades favorecen por muy poco una ceremonia de aprobación.

Pero las elecciones más difíciles están aún por definirse, y lo que Obama y sus principales ayudantes - Rahm Emanuel, Peter Orszag, y Nancy-Ann DeParle - vayan haciendo a partir de ahora decidirá si se trata de un avance sustancial para el país o simplemente de otro gesto en detrimento de una verdadera reforma.

Afortunadamente, todos los miembros de ese cuarteto -- el presidente, el jefe de su gabinete, el director de presupuestos y la persona que hace las veces de director del grupo de trabajo en materia de sanidad -- reconocen las prioridades y están completando la tarea con la combinación adecuada de pragmatismo y sofisticación legislativa.

Con la mayoría de los Republicanos lamentablemente aislados, por elección propia, de las negociaciones, el cuarteto de la Casa Blanca puede centrarse en sus colegas Demócratas mientras intentan reunir los 218 votos necesarios en la Cámara y los 60 votos que van a ser probablemente imprescindibles en el Senado.

Dos cosas se necesitan para alcanzar ese objetivo: Un plan plausible que abarate el gasto y un seguro sanitario integral facilitado a millones que dependen hoy de la asistencia de urgencias o que no reciben tratamiento. Y una forma de financiar la cobertura que sufrague futuras facturas mientras reduce la ruinosa inflación sanitaria que amenaza presupuestos familiares, empresas al límite y las cuentas de cada una de las instancias del gobierno.

Los Demócratas están mucho más cerca de un acuerdo en el primer objetivo que en el segundo. Los meses de debate han generado un consenso tácito en torno a ofrecer a aquellos sin seguro una cobertura subsidiada a través de un mercado estrechamente regulado dominado por las aseguradoras privadas. Los Demócratas aún están divididos en torno a si una entidad pública debería ser añadida a la combinación. Obama es partidario de ello, pero claramente no va a insistir. Tanto si se incluye la opción pública como si no, está claro que la mayoría de los estadounidenses, por no decir todos, afiliados a Medicare o Medicaid seguirán teniendo que pasar por las aseguradoras privadas.

La única cuestión restante en la cobertura es cuántos particulares y familias que no tienen seguro van a seguir sin tenerlo. Se tiene presente que millones de personas no van a entrar en este primer proyecto de ley; su número va a depender de lo mucho que pueda dar de sí la partida monetaria destinada a los subsidios. Pero casi todo el mundo ahora se da cuenta de lo que Obama reconoció en la campaña - que tendrá que haber una segunda reforma sanitaria.

El segundo desafío - la financiación de la cobertura y la reducción de la inflación médica - es mucho más difícil, tanto física como políticamente, y es aquí donde la Casa Blanca sirve más de ayuda.

Los proyectos de la Cámara prevén un impuesto adicional, lo que es doblemente indeseable. Cualquier impuesto que se implante con efecto inmediato va a poner en peligro una economía frágil. Y la recaudación general ciertamente tendrá que ajustarse para combatir el déficit sobrecogedor que se extiende hasta niveles nunca vistos.

El proyecto de ley del Comité de Economía del Senado, dependiente de los impuestos que se impongan a las pólizas de seguro privadas, es una opción mucho mejor. Pero una forma más simple y más directa de lograr este objetivo es poner fin al régimen de exención fiscal o bien poner fin a todas las prestaciones médicas financiadas por las empresas -- un paso que costará a Obama el apoyo de sus aliados sindicales.

Si Obama planta cara a ese reto y desafía y presiona al Congreso para que incluya algo más que una reforma del sistema de administración de lo que hay incluido en cualquiera de los proyectos pendientes, podría terminar aprobando una ley significativa de verdad.

Si tiene éxito, se merece el equivalente nacional al Premio Nobel de la Paz.

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