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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Niños de altura, perdidos o dormidos

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 17 de octubre de 2009, 08:00 h (CET)
Hay que ver lo traviesos que pueden ser algunos niños o niñas cuando desaparecen de la vista de sus progenitores y se montan películas que ya, ya… Mejor dicho, las películas se la montan los mayores a sus espaldas, mientras ellos como niños que son, descansan en cualquier rincón del hogar familiar, ajenos al revuelo y a la preocupación de sus mayores.

Ha ocurrido en una ciudad del estado norteamericano de Colorado, donde Falcon un niño de 6 años se subió, al parecer, a un globo aerostático familiar con forma de hongo y de ovni plateado y brillante, y se dio un paseo por las nubes ante la atenta y preocupada mirada del alertado personal del Aeropuerto de Denver y de la policía que lo siguió hasta percatarse de que en realidad el cesto del moderno globo estaba vacío y de que Falcon no estaba dentro, cuando aterrizó en campo abierto.

Hasta ahí, la desesperación puede derivar en pensar que el travieso niño, acusado por su hermano mayor, de estar jugando con las cajas donde se guardaba el globo, hubiera quedado atrapado accidentalmente entre malezas, o que tras divisar las mejores vistas del famoso Cañón de las Montañas Rocosas le hubiera dado por volar además de en globo por sus propios medios y todo ello desembocara en un desgraciado accidente.

Pues ni lo uno ni lo otro, hartos de buscar por todo el estado, el pequeño Falcon sencillamente se encontraba en su propia casa; eso sí, en un desván escondido entre cajas, en las mismas cajas donde le viera su hermano mayor jugando, y harto de jugar y ante una posible reprimenda de su padre, por no sé qué motivo, se quedó dormido.

Analizando el hecho, podríamos decir que las situaciones las complicamos los adultos, y que los niños siempre tienen una explicación más lógica y sencilla a casi todo lo que les ocurre, siendo nosotros los adultos los que liamos las cosas hasta límites insospechados. Ahora, hay hasta quien dice que fue el propio padre quien quiso así ser protagonista con su seta voladora, para atraer la atención de su caro juguete, sabiendo de antemano que su hijo no estaba en el cesto del globo después recuperado. Si fue así, el hombre aficionado a volar por los aires, igualmente podría dedicarse al profesional mundo del teatro, dado el alto nivel de credibilidad entre amigos, vecinos y autoridades por su genial y desesperada actuación teatral.

Lo cierto es que Falcon ya es un niño famoso por viajar en globo de forma temeraria y en solitario, cuando en realidad sólo es un niño cansado de jugar, como debieran ser todos los niños, que va y se duerme en un lugar no convencional. Cosa por otro lado no tan extraña cuando vemos a deshora a niños dormidos en los brazos de sus padres, sólo porque los mismos están de descanso o de fiesta en las calles de ferias y terrazas de copas.

El caso de Falcon me llama la atención porque a un familiar muy cercano le ocurrió algo muy similar, pero sin tanta alarma social y “youtubera”. Se le buscó en el barrio, en casa de los tíos, en la de los amigos, por todo el pueblo, y justo cuando se iba a llamar a la policía, apareció plácidamente dormido dentro del hueco de su propio dormitorio, que hacía las veces de armario empotrado. Recuerdo como reíamos todos tras haber realizado también, pero sin globo aerostático, un gran ejercicio de imaginación y de terror sobre los posibles peligros, sobre todo lo que le habría podido pasar al pobre y travieso muchacho dormido y cansado.

Pero perfectamente esta preocupación de los padres se basa en que sus niños habitualmente no son precisamente angelitos, vamos que el primero podría haberse dado el paseo por el cielo nublado de Denver y el otro hubiera tenido cualquier temerosa aventura, posiblemente preocupaciones infundadas de padres aderezadas siempre con miedos gratis.

Como El Principito, al escuchar lo que dicen sus padres ambos niños dirían, tras restregarse un poco los ojos por la siesta a deshora y en lugar no adecuado, los mayores son bien complicados.

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