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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La guerra de Gila

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 16 de octubre de 2009, 00:50 h (CET)
Se veía venir. Con un Ejército que ha equivocado su orientación y con una Ministra de Defensa pacifista, no resulta en absoluto extraño que los piratas eritreos, somalíes y de las Chimbambas nos tomen la filiación y, sorteando a los ejércitos de cualesquiera otras nacionalidades, se ceben con nuestros ciudadanos. Total, como además de pagar como buenos contribuyente los rescates que sean necesarios para que liberen a cuantos se les apetezca secuestrar, vamos por el mundo como aguerridas hermanitas de la caridad, pues eso, que todo tan ricamente, y además llaman al negocio a los otros amiguetes. Y digo que no se tiene un Ejército para eso, que mejor no se tiene, y listo, nos ahorramos un pico. Vamos, digo yo.

Ya nos pasó antes, cuando los marroquíes tenían necesidad de hacer caja, y al final se quedaron con prácticamente toda la flota pesquera del Sur; y nos sucedió al mismo tiempo con Francia, cuando nos quemaban los camiones delante de los gendarmes ésos que les prestaban a los revoltosos a sueldo el mechero; y nos pasó y nos pasa también con el efecto llamada de la inmigración ilegal, que los que vamos a tener que emigrar somos los nacionales. Vamos, que no aprendemos, que vamos de tontos por la vida, que no de buenos, y, claro, todo el mundo sabe que España tiene la potencia de la flebilidad incrustada en los Ministerios y que esto es Jauja para quien quiera hacer con nosotros lo que le venga en gana. Debe ser por eso que vamos a la guerra de Afganistán, y a cuantas más se tercien, a poner tiritas y a construir aparcamientos. ¡Pues menudo Ejército tenemos, como para ir por el mundo luciendo palmito! Como cualquier pillo se entere de que somos españoles, pues enseguida nos secuestran, cobran un pingüe rescata a costa del Erario y se hacen un chalé con piscina y todo. Francamente, me cuesta creer que haya hambrientos en el mundo mientras haya españoles por ahí a los que secuestrar: es el negocio del futuro.

Hay gente que confunde el culo con las témporas y el Ejército con el movimiento hippy, y casi todos ellos están en el Gobierno. Es que ni por aproximación da una este Gobierno, oiga usted, y ya le cansa a uno tener que estar siempre metiéndose con los mimos, quienes a fuerza de collejas tienen que tener el occipucio con callo. Sin embargo, ahí les tenemos, pegados con cola a sus poltronas y derrochando a manos llenas en los más absurdos menesteres —coadyuvados por el delirante y olímpico señor Gallardón—, dando la impresión de que o están iluminados por el Altísimo o es que han perdido todo contacto con la realidad. Ni a gritos entienden que no dan pie con bola, no importa el asunto que toquen. Más mantas que el Atleti, oiga.

Pese a todo, en ésas estamos. La presencia de nuestras tropas en media centena de lugares del mundo, sin duda han de servir para relleno o entretenimiento, porque lo que es imponer autoridad, como que no mucha. Y no se merece esto el Ejército, no. Por mal que le pese a la señora Ministra Pacifista de la Defensa, el Ejército tiene que ser un ogro, preferiblemente muy, pero que muy bruto, de ésos que cuando se les saca de los cuarteles se comen el mundo entre pan o dejan el pellejo en el intento. No son hermanitas de la caridad ni nada por el estilo, y si lo que quiere la señora Ministra Pacifista de la Defensa es crear una orden religiosa, se equivocó de Ministerio y de herramientas. El oficio del Ejército es la brutalidad, matar a trochemoche e imponer autoridad a garrotazos, a bombazos o a mordiscos si llega el caso, aún cuando se está en misiones de paz o se han de proteger a los indefensos: para brutos han de estar ellos y no los debe ganar ni el diablo. Otro gallo nos cantara y otro respeto nos tendrían en el mundo si en vez de con huchas y tiritas fuéramos con el acero, como debiéramos ir. Digo yo que tener un Ejército con armas de matar y hacerles quedar en tan espantoso ridículo cada vez que salen de casa, es algo que debe minar su moral. Aunque, por otra parte, vivimos en un país donde nadie ocupa el lugar que debiera: sin ir más lejos, la señora Ministra Pacifista de la Defensa debiera estar en una comuna hippy o en un convento de Clarisas, y el mismo Gobierno bastante más allá de la Oposición, exactamente en la nada a la que propende. Gila nos hizo un muy flaco favor: les dio ideas a los que dirigen nuestro Ejército. ¿Tendrán agujero nuestros cañones, o por inteligencia los habrán hecho macizos?...

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