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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

El odio y la mentira

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
viernes, 16 de octubre de 2009, 00:38 h (CET)
La convivencia social necesita de juego limpio, honestidad, respeto a las instituciones, tanto a las que nos configuran como nación, como a la familia, anterior a la existencia misma de los estados; respeto a los personas en sus creencias y valores, respeto a los adversarios políticos, una administración transparente que dé exacta razón del dinero que pagan los ciudadanos, respeto a las libertades que nos ha reconocido la Constitución, pero que ya poseíamos antes de su promulgación porque son inherentes a nuestra condición de personas, y sobre todo una apasionada búsqueda del bien común, del bien de todos los españoles.

Todas estas cosas están ausentes de la vida política española, imperan el odio y la mentira que no pueden construir nada sino llevarnos al desastre. El partido que nos gobierna, llevado del odio, busca eliminar al contrario, echarlo del tablero político, para imponernos sus confusas ideas, su ideología progresista, aunque no esté nada claro la meta de tal progreso, su actitud antirreligiosa, sus leyes antifamiliares, su ocurrencia de nuevos derechos, otorgados por un parlamento empeñado en decidir una nueva moral, mientras que se destruyen aquellos que han hecho posible hasta ahora nuestra civilización.

El otro partido espera simplemente que el Gobierno caiga en esta crisis y heredarlo. No utiliza la mentira sistemática, pero no sabemos si está dispuesto a atajar el desmadre de los gobiernos autonómicos, ni a reformar la nefasta ley electoral, ni a defender la vida, ni a trabajar por un poder judicial profesional e independiente, por una educación de calidad, por garantizar los derechos, valores y libertades de los españoles, por una administración limpia y transparente, por una ética política exigente.

El problema más grave es que los españoles van siendo engullidos por la poderosa máquina de propaganda y se alinean con mayor o menor entusiasmo en las únicas ofertas que se ofrecen. El exagerado papel de las minorías garantiza, mediante el oportuno pago, el mantenimiento de este sistema que se va destruyendo aceleradamente.

Los españoles que nos confesamos cristianos podemos hacer mucho si nos ponemos a llevar a la práctica la última encíclica del Papa, Caridad en la Verdad. Si el odio tiene un poder destructivo, el amor, caridad, es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es decir es necesaria una actitud positiva y llevarla a la práctica. “Donde haya odio ponga yo amor” es la consigna de Francisco de Asís que todos, cristianos o no, podemos seguir.

Amar es buscar activamente el bien de quien se ama. Desear el bien común. y esforzarse por él, es una exigencia de la caridad y la justicia. Trabajar por el bien común es cuidar y utilizar el conjunto de instituciones que estructuran nuestra vida social. Predicamos el amor al prójimo, pero tanto más eficazmente lo amaremos si trabajamos por un bien común que responda a sus necesidades reales.

Frente a todas las formas de relativismo, es necesario amar la verdad, defenderla, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida. Son formas exigentes e insustituibles de caridad. Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad,

El único garante de que el amor y la verdad pueden construir un mundo mejor es Dios. Si lo eliminamos de nuestras vidas fracasaremos. La historia está llena de personas, ideologías y sistemas que pretendieron ocupar el lugar de Dios y se resolvieron en opresión, dolor y fracaso. Los cristianos tenemos que ser los testigos de este Dios que nos ama en Jesús y hacerlo presente en la sociedad con nuestra conducta, nuestra palabra, nuestra acción. Su ayuda no nos faltará.

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