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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

“Hipatia fue una mujer pagana martirizada por los cristianos, es decir, todo lo contrario a lo habitual”

Pilar Pedraza, escritora
Redacción
jueves, 15 de octubre de 2009, 10:27 h (CET)
La primera vez que oí hablar de Hipatia fue en un cómic de Hugo Pratt, protagonizado por Corto Maltés y titulado ‘Fábula de Venecia’. La Hipatia que por allí revoloteaba entre masones, camisas negras, poetas e intelectuales, era una mujer culta, bien relacionada, misteriosa, y que, en cierta manera, catalizaba un grupo más o menos esotérico en tiempos de la Italia fascista. Sin embargo, ahora, supongo que la película ‘Ágora’ de Alejandro Amenábar debe tener un buen porcentaje de "culpa", su figura auténtica, la de la antigüedad griega, se ha puesto de moda. Y en un tiempo relativamente corto, las mesas de novedades de las librerías se han cubierto con, al menos, seis libros sobre este personaje: ‘La última noche de Hipatia’ (Eduardo Vaquerizo), Hipatia de Alejandría’ (dos libros con el mismo título, uno de María Dzielska y otro de Luis de la Luna), ‘El jardín de Hipatia’ (Olalla García), ‘Tormenta sobre Alejandría’ (Luis Manuel Ruiz) y ‘La perra de Alejandría’.

Y es precisamente sobre este último, ‘La perra de Alejandría’, escrito en el año 2006 por la escritora toledana afincada en Valencia, Pilar Pedraza, sobre el que hablaremos a continuación con su autora. Pilar Pedraza fue consellera de Cultura de la Generalitat Valenciana durante el último mandato de Joan Lerma. Pero ahora, alejada de la ‘res publica’, se dedica a sus clases en la Facultad y a sus libros.




Pilar Pedraza.


Herme Cerezo / SIGLO XXI

Pilar, ¿qué tal tu experiencia política?

Estuve dos años, que era lo que quedaba de legislatura, al frente de la conselleria de Cultura. Lo pasé bien, porque algunas cosas pudimos hacer, pero yo no soy política, eso lo tengo claro. Mi mentalidad es más bien alternativa y eso no se lleva en política donde hay que mirar más por la conveniencia general. Pero entendí perfectamente lo que significaba todo aquello.

Como profesora que eres, la necesidad de publicar es obvia, pero ¿cómo te llegó la pasión por la ficción?

Es algo de toda la vida. Yo empecé antes que nada a escribir ficción aunque lo primero que publiqué fue mi tesis doctoral y algunos estudios de tipo académico. Pero en seguida me reenganché a escribir los cuentos y las historias que se me ocurrían.

¿Qué leías de pequeña?

Leía frecuentemente la ‘Iliada’ y la ‘Odisea’, que eran libros que estaban en mi casa, y también la Biblia porque me gustaban mucho las historias gore que contiene. En general, más que preferir algún escritor concreto me atraían los libros antiguos. Y aunque algunas cosas no las entendía, seguía leyendo y sacaba mis pequeñas conclusiones.

En las contraportadas de tus libros, aparece la palabra mágica: culto. Pilar Pedraza es una escritora de culto, ¿qué es una escritora de culto?

Sinceramente no lo sé. Es un concepto que atañe más al lector que al autor. Creo que es una escritora muy especializada y que tiene un público muy fiel, que sabe lo que quiere de ti, lo que va a encontrar en tus libros y que te sigue sin vacilar. El escritor de culto, además, goza de un cierto reconocimiento pero no está dentro de la línea literaria más hegemónica. Hay algunos autores a los que eso les molesta, pero a mí no.

Escribes novelas y cuentos, ¿por dónde te mueves mejor?

Aunque también me gusta escribir cuentos, prefiero las novelas porque como tienen un desarrollo más largo, te permiten estar dentro de ellas y conocer mejor a los personajes. Los cuentos, por el contrario, son cortos y has de acertar a la primera porque no te permiten rectificar.

Tus libros están encasillados dentro del género gótico, ¿es lo mismo terror que gótico?

Sí, es lo mismo. Ahora se dice gótico que es como se le ha llamado siempre al terror en los países anglosajones, que tienen una literatura de este género muy primeriza, muy consolidada ya desde el siglo XVIII. En España el género gótico es posterior, pertenece a la época romántica. Personalmente, yo me incluiría más que en el género gótico en la postura frente al horror, a la pesadilla, con la muerte como trasfondo, claro.

¿Qué te atrae de la muerte?

No me interesa la muerte en el concepto de no vida, sino como capacidad de cambiar de un estado a otro. Me atrae la condición de fronteriza que tiene la muerte en la literatura y en el cine, en el sentido de que los personajes emblemáticos, zombies, vampiros o apariciones, están en esa frontera y no tienen un estatuto claro. Esas cosas son las que me interesan, pero no sé muy bien porqué.

A los personajes muertos tú les sacas mucho jugo.

Es que si un tema te gusta, empiezas a verle aspectos muy expresivos y salen esas cosas.

La fotografía de las hijas del presidente Rodríguez Zapatero, ¿le ha hecho un favor al género gótico?

Creo que no. A mí me resulta divertida, pero comprendo que es extravagante y políticamente incorrecta. Además, la gente no sabe lo que es gótico y piensa que visten de ese modo porque están de luto o reivindicando alguna cosa y no es así. Son chicas que van vestidas conforme a una moda, pero que allí no tocaba. En el fondo no es más que un desliz de político, algo muy humano, como cuando se les escucha decir algo, que no venía a cuento, a través de un micrófono que debía de estar cerrado pero que estaba abierto.

Lo que sí es innegable es que el género gótico ahora está de moda.

Desde la película ‘Entrevista con el vampiro’ y otras "vampiradas" que hay, que son bastantes, ha suscitado una especie de erotismo de lo vampírico entre los jóvenes y hay una demanda muy fuerte del género. También ayuda mucho la difusión de la serie televisiva ‘Sangre fresca’. Es muy curioso porque incluso me piden que escriba historias de amor entre vampiros y eso no es así. Los vampiros son muertos y no pueden ser bellos, hermosos y perfectos como Tom Cruise. De todos modos, yo no tengo nada que ver con todo esto y sospecho, además, que detrás de todo ello puede haber un montaje.

Nos centramos en ‘La perra de Alejandría’, tu novela sobre Hipatia, a la que has rebautizado como Melanta, ¿es una novela histórica, gótica, una mezcla...?

Es una mezcla. No es histórica, por supuesto, es más bien una novela fantástica y de terror. Pero tampoco es gótica porque ni sus temas ni la época se encuadran en el siglo XVIII inglés.

¿Cómo llegaste a la figura de Hipatia?

La primera referencia suya la tuve en una conferencia que pronunció el catedrático Antonio Melero en la Facultad de Filología de Valencia. Antes no la conocía ni de nombre. Hablé con él y me facilitó bibliografía sobre el personaje. Ahí comenzó todo.

¿Por qué escribir sobre ella?

Me interesaba mucho su figura, pero despojada de su vertiente histórica: Hipatia fue una mujer pagana martirizada por los cristianos, es decir, todo lo contrario a lo habitual. Su muerte daba la vuelta a la tradicional visión de los cristianos martirizados por los paganos. Además era una mujer intelectual de la que no sabemos casi nada, pero que ha fascinado a los historiadores, sobre todo a los franceses e ingleses del siglo XIX que y escribieron sobre ella idealizándola mucho. Creemos que Hipatia aparece en el fresco de ‘La Escuela de Atenas’ pintado por Rafael. Parece ser ella, aunque no está claro del todo. Por otro lado, también me atraía el hecho de que en el Hades, en el Averno, se produjesen movimientos porque había cambiado la religión. Por eso, en mi novela los muertos acaban saliendo y hacen pagar a los vivos este cambio.
 
Theon, el padre de la protagonista, era matemático, filósofo y astrónomo y ella había heredado sus conocimientos. La existencia de una mujer como Hipatia, en aquellos momentos, también sería algo poco frecuente, ¿no?

Sí, pero no era un caso único, había algunas más. Lo que ocurre es que la Historia de la Mujer está muy poco escrita y tendemos a considerar que su papel se corresponde con el concepto burgués del siglo XIX, que es el que hemos heredado. Pero la mujer en la Antigüedad, dependiendo de la secta, de su estatus, de su credo y de muchas otras cosas, jugaba un importante papel intelectual. Y eso también trato de reflejarlo en el libro. Quizá sea un poco exagerado, pero es la idea de una mujer con la que hay que contar.

¿Cómo murió Hipatia?

Tuvo una muerte espantosa. Aunque repito que no hay mucha información sobre ella, murió a manos de unos monjes del desierto, unos fundamentalistas cristianos. En los textos que poseemos se afirma que fue despedazada con tejas procedentes de las obras de la catedral de Alejandría. Primero la lapidaron y después la trocearon. Se le acusó de estar implicada en el asesinato de un cristiano, pero eso no son más que suposiciones.

Adentrémonos un poco en el escenario de tu novela, ¿cómo era la Alejandría que conoció Hipatia?

Una ciudad multirracial, donde convivían egipcios, griegos, negros del Nilo, judíos y cristianos. Toda esa amalgama no tuvo problemas al principio, hasta que los cristianos quisieron imponerse a los demás. De aquella ciudad no nos quedan ruinas aunque sí mucha arqueología submarina, ya que desapareció bajo el mar. Después Alejandría se refundó en El Cairo, pero hoy la ciudad tiene mucho más que ver con el ‘Cuarteto de Alejandría’ de Durrell que con Hipatia.

Alejandría vivía entonces un momento de transición: los cultos paganos estaban siendo desalojados por el dios cristiano, ¿guardan aquellos tiempos alguna similitud con los actuales?

Creo que no. Aquel fue un cambio de era profundísimo. La filosofía, la forma de ser y la religión gentil fueron barridos por el cristianismo, que se asentó y cambió el mundo no siempre para bien. Ahora no hay nada comparable con aquello en absoluto. Nuestra época se caracteriza por un capitalismo brutal y entonces no existía. Fue un cambio en la manera de enfocar la vida misma, pero no era un mundo dominado por el dinero como el nuestro.

El Cristianismo, para imponer su hegemonía no duda en utilizar los mecanismos represores que tenga a su alcance.

No, no duda. El cristianismo tiene muchas sectas, unas más llevaderas que otras. Algunos grupos católicos y determinados protestantes son muy negativos para el progreso, para la mujer y para la vida en general. Aunque ellos se autoproclamen adalides de la vida no lo son. Hay muchas hogueras en Europa durante el siglo XVI quemando brujas, prendidas por los protestantes. El Cristianismo tiene muchas culpas que purgar.

¿Por qué les llamaban perros a los cínicos?

Cínico significa perro. La gente empezó a llamarles perros porque todo lo hacían en la calle: dormir, sus necesidades fisiológicas, masturbarse, incluso. Era una forma de protestar. Ellos luego asumieron ese nombre y se llamaron a sí mismo cínicos, que quiere decir que no tienen respeto a la vida ciudadana y al decoro, y que viven sin dar cuentas a nadie. Son hippies, ocupas, mendigos de las ciudades. Pero lo que sí tienen clara es la crítica política y la ponen en práctica en la vía pública.

Los mendigos disfrutaban de una especie de ley de la hospitalidad y no les faltaba un plato de comida o un vaso de vino en cualquier puerta.

Sí, en la cultura griega y en la musulmana se tiene un enorme respecto al mendigo, porque se piensa que es un enviado de dios y, si se le hace un bien al mendigo, se le está haciendo un bien a dios.

Bueno, Pilar, llegó la hora de la pregunta obligada: ¿qué estás escribiendo ahora?

Pues una novela. Yo siempre ando preñada de novelas, como las señoras del siglo XIX, pero no la puedo contar. Te puedo adelantar que es de estilo gótico, muy dentro de la línea de las cosas que a mí me interesan. Volviendo al principio, quizá por eso me consideran escritora de culto, porque siempre ando sobre lo mismo.

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