Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

El diablo cojuelo

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 15 de octubre de 2009, 10:07 h (CET)
Ya sé que en estos tiempos antideístas el diablo no existe; pero si existiera, aunque se nos apareciera renqueando de una patita y dando penas que nos levantaran hipos, habría de reconocérsele que ha jugado sus cartas con envidiable maestría: justo todo lo que quería, se lo están poniendo en bandeja de planta estos logiacos políticos. Ya sé que no existe, es un suponer; pero ¿ a que lo parece?... Siquiera sea porque vivimos en un sistema binario —noche-día, blanco-negro, uno-cero, vida-muerte, etc.-, si hay bien debería haber mal, y si personalizamos lo bueno, tendríamos que hacerlo con lo malo, ya saben: Dios, diablo. Un ejercicio, en fin, de la Teoría de las Ideas que David Ross llevó a la letras siguiendo el pensamiento platónico.

No; el diablo no existe, pero es, y haberlo, haylo. Todo en nuestro orden es dual, y toda tesis tiene su antitesis. Así de simple. Tan es de esta forma que incluso en la política se ha querido repetir la esencia de la polaridad circunscribiendo la realidad a dos partidos políticos únicamente. Los demás son adorno, gollería, cenefa, ornato, mentira. Sin embargo, en un cuento antiguo, el que abre mi novela “Germen de Dios, semilla del diablo”, apuntaba que el diablo, además de todo, era listo, muy listo, y que fue él quien inventó las cosas aparentemente contrarias para ganarle la partida a Dios. Así, ponía en un lado a un diablo tan feo y horripilante que las gentes, asustadas de él y de su maldad, corrían a refugiarse en otro diablo que era igualmente malo, pero que parecía bueno y era de una belleza espectacular. Lo mismo que con la política, vaya: eliges a un partido, malo; pero si eliges al otro, peor. La cuestión, claro, estaría en buscar otras opciones, pero como vivimos en un sistema polarizado, pues sólo hay dos polos y lo demás no cuenta.

No es así, sin embargo. Hay más, mucho más. Incluso está la posibilidad de considerar que el diablo, que es muy pícaro y se hace el cojuelo para inspirar pena, penita, pena (copla dixit), controla en realidad lo positivo y lo negativo, y la prueba está en que gane quien gane de cualquiera de los dos partidos en liza, ganan siempre los mismos y pierden siempre los mismos, nosotros que estaba yo pensando, los paganinis, los de siempre. A lo mejor no habría que votar al uno ni al otro, ni siquiera a un tercero, que ya sabemos que cuando se le pregunta a un diablejo el nombre suele responder que Legión, que es decir un puñado de ellos.

De lo que no cabe duda es de que si nos metemos en sus conductas, las de los políticos de ambos partidos, no hay ninguno que tenga las manos limpias. Los dos han colocado a mamar de la teta de la Administración patria a todas sus criaturas, los dos han mantenido a sus corifeos artísticos, los dos han hecho negocios redondos con cargo a los presupuestos —vulgo corrupción— y los dos han dicho digo, han hecho Diego y se han quedado tan ricamente. Francamente, ir saltando de diablo a diablo porque ahora éste parece que cojea, a quienes nos va a dejar parapléjicos es a los votantes.

Con Felipe González ya se vio lo que era terror de Estado, corrupción a manos llenas y mangoneo en plan Caco Bonifacio, no privándose siquiera de meternos en guerras criminales que nos iban ni nos venían: la peste, vaya. Pero es que con Aznar la cosa no pintó mejor, y vino a suceder, aunque sin tanto mangoneo ni tanto escándalo, más o menos lo mismo. Con Zapatero, ya vemos lo que hay, y ni siquiera sus más fieles son capaces de dar la cara por alguien que no sabe siquiera por dónde se anda. Les está pasando como con Felipe González, que nadie reconocía votarle, por la afrenta a la inteligencia que suponía, pero quien ganaba igual las elecciones. Y, bueno, si dejamos esto y pensamos en Rajoy, pues, francamente, que el Cielo nos coja confesados, porque ni siquiera es capaz de poner orden en casa, y eso cuando no saca a relucir a su niña. De pena, en fin.

Para mí que lo mejor sería votar directamente al diablo cojuelo ése, que debe ser un cachondo, tan simpático cuado da saltitos con su patita mala. Así, comprenderíamos los Planes de Educación, la cosa personal ésta que tiene el Gobierno contra la vida, la campaña de sexopatización de la sociedad y de denostación de las fes. No le gusta, sin embargo, dar la cara al diablejo, y prefiere estar entre bambalinas enredándolo todo con el rabo. Ya hace su trabajo por él doña Bibiana, o la Vicepresidenta, o la señora ésa de la Cultura y los de la cejilla, o la pacifista de la Defensa o el mismo Zapatero. Y si se cansan, ya sabe el diablo cojuelo que se irán los votantes con Rajoy, y, entonces, mientras el toca la flauta dando graciosos saltitos, tendremos a otro elenco de servidores haciendo las delicias del Infierno, vulgo España.

Noticias relacionadas

Trampantojos esperpénticos

Quiero una democracia como la sueca, no una dictadura de izquierdas demagógicamente mal llamada democracia como la que tenemos en España

Ministra de Justicia, Garzón, un comisario, Sánchez e Iglesias

¿Pero qué pasa aquí?

¿Son útiles las religiones?

El sincretismo religioso conduce a no creer en nada

El día de…

Nos faltan días en el año para dedicarlos a las distintas conmemoraciones y recordatorios

Como hamsters en jaula

​Hermanos: estaréis de acuerdo conmigo de que los acontecimientos políticos están pasando a una velocidad de vértigo
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris