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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

El ocaso de las virtudes

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
jueves, 15 de octubre de 2009, 06:03 h (CET)
Cada día es más complicado saborear los campos y los valles, reencontrarse con fuentes cristalinas y con senderos nacientes al inmaculado velo de la mañana, tomar las luces del atardecer sentado en el dintel del aire o beber el silencio de las estrellas en la barra de la vida. Hemos convertido el planetario en una plaza de mal gusto donde todo se compra y se vende. En cualquier esquina del mundo se hace negocio sin delicadeza alguna. La persona honrada siempre se lleva la peor parte. Lo que hoy triunfa es la politizada pillería, la estafa permanente, la indecencia de los murmullos, la adulación como negocio, el pensamiento corrupto, el golpe bajo y a traición, la ordinariez de los endiosados prepotentes alistados al mercado de la globalización.

Habría que abanderar las inversiones éticas. Es urgente que los valores éticos se enraícen en la sociedad. El negocio puede ser el negocio pero con moral. La retahíla de inmoralidades también nos impide ver el bosque de la belleza. Hablo de la inmoralidad de una alarmante esclavitud como es el tráfico sexual, del macabro lucro del aborto, del caprichoso estipendio de los niños a la carta. La ONU acaba de advertir sobre el negocio de órganos: entre el 3% y 5% de los riñones que se transplantan en el mundo proviene del chantaje comercial. El corrosivo avance de la pornografía a través de Internet nos manda al reino animal más animal, con la consecuente deshumanización de las relaciones interpersonales.

La extensión de los sobornos en el planetario, lejos de mermar, sigue capitalizando dividendos. La irresponsabilidad también se ha vestido de poder. Escasea la autoridad responsable, es decir, la autoridad refrendada con aquellas virtudes que permitan asentar gobiernos de buen gobierno, o sea, de servicio al bien común. El imperio de la decadencia de las dignidades nos domina a su antojo. Quizás nos consideren, las gentes de mando en plaza, un negocio más injertándonos terapias absurdas en vena, cuando uno lo que necesita es calor humano, humanidad liberada y libertadora, y raciones de comprensivo amor para alimentar el espíritu. Conviene recordar lo que el pueblo ya sabe: el amor con amor se paga. ¡Qué mejor negocio!. Cambiemos, pues, de divisas.

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