Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Cuanto más animal y menos humano, mejor para él

Marino Iglesias Pidal
Redacción
jueves, 15 de octubre de 2009, 04:04 h (CET)
La reflexión la hace el viejo mientras contempla al otro viejo.

Baja por un tramo de la rampa que conduce a la planta baja del centro comercial. Las palabras que, para él, se hacen cada vez más audibles y la actitud de quienes las pronuncian vuelven más lentos sus pasos. Se siente atraído por la escena.

Un jubilado - las más de las veces son fáciles de identificar -, de escasa, por su tamaño, presencia física, le habla de forma persuasiva, con un leve trasfondo de súplica, a una veinteañera procedente – también muy identificables – de algún país del este de Europa, embutida en unos vaqueros y una camiseta que contornean perfectamente su figura de escaparate.

.- … bueno, podemos hacer la llamada desde allí si tú quieres.

La respuesta de la muchacha se pierde en la niebla de un refunfuño.

El hombre sigue ofertante y la muchacha refunfuñante. Hasta que llega un momento en que el viejo pierde el control de sus nervios mientras trata de mantener, se ve que a duras penas, el de su voz.

.- ¡Tú lo que quieres es que te compre el móvil! ¡Caprichosa! Porque eres una caprichosa, y si no se te cumplen los caprichos…

Se separan, él rampa abajo, ella rampa arriba. Pero el jubilado no da más de tres pasos antes de cambiar de dirección para seguirla suplicante. Dueña altiva que no condesciende al lastimero llamado de su perrito faldero, y financiero.

Un “hum” marca el inicio de la reflexión de nuestro viejo que observa. Cabecea ligeramente mientras especula sobre cuan diferentes pueden ser las fuentes del placer de las que una pareja puede beber. En la relación, aunque sea temporalmente la mínima necesaria para el coito, algunos humanos no podrían obtenerlo, el placer, si no es compartido. Le resulta incomprensible la “disposición” sin ilusión e imposible la compra de una emoción. Sin embargo, a través de la historia, el ser humano ha venido disfrutando del objeto de su deseo, sometiéndolo mediante la presa de una dentellada mantenida en el cuello o, en la actualidad, siguiendo alguna táctica eximida de penalización, como puede ser la de obsequiar un teléfono móvil.

Bueno, si así son capaces de enviar la sangre a rellenar el remate de la entrepierna, pues qué bien para ellos, lo tienen fácil, pues diera la impresión de que ¡hasta la propia dignidad! ha quedado obsoleta.

Noticias relacionadas

Una muralla para aislar el desierto del Sahara

Intelectuales de todo el mundo analizarán en Marruecos el problema de la inmigración que causa insomnio y desacuerdos en Europa

El discurso de la payasada

Cuatro artículos que me han ayudado a encontrar la mía

Heráclito

Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana

Trapisondas políticas, separatismo, comunismo bolivariano

Una mayoría ciudadana irritada

Prejuicios contra las personas

Es una malévola tendencia, favorecemos los prejuicios y protestamos contra sus penosas consecuencias
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris