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Tags: Opinión · The Washington Post Writers Group · Robert J. Samuelson
¿Movilidad social negativa en el caso de los jóvenes?


Robert J. Samuelson


Robert J. Samuelson Robert J. Samuelson
martes, 13 de octubre de 2009, 09:29
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WASHINGTON - Cada generación de estadounidenses debería tener mejor calidad de vida que su antecesora. Esa es la definición central de “progreso económico" de los estadounidenses. Sin embargo, en el caso de los jóvenes de hoy en día, puede tratarse de un espejismo. Mayor gasto en salud, precios de la energía más altos y gobiernos al límite a todos los niveles pueden apretar los ingresos disponibles futuros – la liquidez de la gente - y los servicios públicos. ¿Estamos condenando a nuestros hijos a una movilidad social negativa?

Buena pregunta. Teniendo en cuenta hasta qué punto el gasto sanitario puede comprometer el futuro nivel de vida, tendría que ocupar el centro del debate de “la reforma.” En su lugar, se ignora voluntariamente. Una opinión muy manida es la que dice que el crecimiento de la economía estadounidense hará que los jóvenes sean tan ricos con respecto a sus padres que podrán sufragar un sector sanitario mayor y seguir disfrutando de un gran aumento en su nivel de vida. Quejarse de una atención sanitaria más generosa es así egoísta. Éste es un argumento convincente; lamentablemente, no es cierto.

Vea la tabla de abajo. Retrata a la economía norteamericana desde 1980, con la proyección del ejercicio 2030 que hace Moody's Economy.com. La proyección supone que la recesión acaba y que el crecimiento se reanuda. A primera vista, la tabla sugiere que el crecimiento económico podrá financiar con holgura una mayor atención médica. En el año 2007, la producción neta de la economía - el producto interior bruto, nuestra renta nacional - fue de 13,3 billones de dólares. En 2030, se proyecta en los 22,6 billones de dólares, un considerable incremento del 70 por ciento. (Todas las cifras están en dólares ajustados a la inflación del ejercicio 2005 para eliminar la inflación.)

PIB Neto PIB per Cápita Gasto Sanitario Per Cápita
5,8 billones
25.700 dólares
2.300 dólares
8 billones
32.100 dólares
3.900 dólares
13,3 billones
43.900 dólares
7.100 dólares
22,6 billones
60.600 dólares
(ver abajo)
Sin duda, eso es más que suficiente. En realidad no. En primer lugar, se proyecta que el crecimiento de la economía aminorará en el futuro, plasmando un envejecimiento de la población. Muchos trabajadores se jubilan; la población activa no se expande mucho. De 1980 a 2007, el PIB creció a un ritmo medio del 3,1 por ciento anual. De 2007 a 2030, Moody's proyecta un 2,4 por ciento anual.

Después, es necesario ajustar la población. En 2007, había 302 millones de estadounidenses; en 2030, se espera que la cifra ronde los 375 millones. Como resultado, el PIB per cápita – el importe de la renta media de cada estadounidense, aunque (obviamente) algunos ganan más y otros menos - crece aún más lentamente. De 2007 a 2030, se proyecta un aumento de 43.900 dólares hasta los 60.600. Es un incremento del 38 por ciento, ó 1,4 puntos anuales, por debajo del 2 por ciento.

A menos que se controle, el crecimiento del gasto sanitario absorberá gran parte de ese aumento. El aumento del PIB per cápita de 2007 a 2030 es de 16.700 dólares. Si el gasto sanitario sigue creciendo al ritmo que hemos visto, podría saltar de 7.100 dólares por persona en 2007 a 15.300 dólares en 2030. Este aumento de 8.200 dólares es la mitad del incremento neto (16.700 dólares) de los ingresos per cápita. (Para los "expertos” de la legislación: esto da por sentado que el gasto sanitario crece 2 puntos porcentuales más que el PIB per cápita, la tendencia de los ejercicios 1975 a 2005.)

La movilidad social negativa es probable. Ampliar el gasto sanitario sube los impuestos (para financiar la protección pública), reduce el sueldo neto tras retenciones (sufragando así el seguro médico pagado por la empresa) o eleva el gasto médico no cubierto. También aparecen otras tensiones presupuestarias: aumento de los precios de la energía para combatir el calentamiento global; subida de los impuestos para financiar las pensiones estatales y locales infradotadas y el mantenimiento de infraestructuras; aumento de los impuestos federales para sanear el déficit y las pensiones de los jubilados (gran parte de lo cual plasma el gasto sanitario). Las tensiones minarán el nivel de vida y el resto de los servicios públicos (escuelas, policía, defensa).

El futuro de la juventud se ha visto acusadamente hipotecado. En conjunto, todas estas necesidades anularían las subidas de la renta per cápita, especialmente si la coyuntura de la economía, lastrada por los impuestos más altos o los déficit presupuestarios, se deteriora. Un estudio realizado por Steven Nyce y Sylvester Schieber, de la consultora Watson Wyatt Worldwide, examina solamente el gasto sanitario. La prolongación de las tendencias actuales se traduciría en un "descenso en picado de los salarios al extremo del espectro de ingresos y crecimiento salarial muy lento con la distribución de los ingresos. Estos deprimentes resultados salariales se mantendrán por lo menos durante las próximas dos décadas".

Cierto, la atención médica adicional aumenta nuestro bienestar. Algunos cuidados prolongan la esperanza de vida y mejoran la calidad de vida. Pero la conexión entre estar sano y un mayor gasto sanitario es imprecisa. La salud de la mayoría de la gente es reflejo de hábitos personales y suerte. Reciben pocas prestaciones a cambio de un gasto elevado. El 50 por ciento más saludable de los estadounidenses apenas representan el 3 por ciento del gasto anual, según informa la Kaiser Family Foundation; el 15 por ciento más proclive a enfermar representa casi el 75 por ciento. La mitad del gasto se destina a los mayores de 55 años, una tercera parte a los mayores de 65. Cualquier ampliación de la sanidad tiende a ser una transferencia de riqueza de los jóvenes a los ancianos.

El camino a la movilidad negativa está jalonado de buenas intenciones. El debate sanitario se ha centrado en asegurar a los que no tienen seguro y restar hincapié al control del derroche, gran parte del cual es ineficaz. Las prioridades deberían haberse invertido. La posibilidad de reordenar el conglomerado médico-industrial con vistas a frenar el gasto y mejorar la atención ha caído en su mayor parte en saco roto. Algunos llaman a esto "reforma;" nadie lo llamaría progreso.

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