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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Una duda seria para nuestra política

David S. Broder
David S. Broder
domingo, 11 de octubre de 2009, 22:47 h (CET)
WASHINGTON - Cada vez que se piensa que la política no puede caer más bajo, ella encuentra la forma de superarse. Yo pensé que habíamos tocado fondo cuando el mes pasado el Representante de Carolina del Sur Joe Wilson gritó: "¡Miente!" al Presidente Obama mientras se dirigía a una sesión conjunta del Congreso.

Pero entonces el New York Times llamó mi atención sobre lo que viene sucediendo en Nueva Jersey. Pocas veces las campañas son asuntos sublimes, pero la presente batalla entre el Gobernador Demócrata Jon Corzine y el aspirante Republicano Christopher Christie ha tocado nuevas profundidades.

Como señalaba el Times, un anuncio de televisión de Corzine, "tan sutil como una burla de recreo," muestra a Christie "bajando de un todoterreno de lujo a cámara extremadamente lenta, michelines acompañando, desde varias direcciones diferentes a la vez. Por si la audiencia no captaba el sentido, un narrador sarcástico entona que Christie, ex fiscal general de Nueva Jersey, “utilizó todo su peso” para que le fueran anuladas unas multas de tráfico.

Como si eso no fuera suficiente, Corzine, que tiene 62 años y está visiblemente en forma, viene participando en carreras los fines de semana de entre 5 y 10 kilómetros por todo el estado para demostrar que se conserva en mucha mejor forma que Christie, a pesar de los 15 años de diferencia entre sus respectivas edades.

No tengo ningún interés en detenerme en la carrera de Nueva Jersey, pero el Comité ad hoc de Ética Periodística me obliga a condenar esta táctica publicitaria. Mucho me temo que si Corzine arranca una victoria el mes que viene después de llevar meses por detrás de Christie en las encuestas, se sentará el precedente de una táctica de muy mal gusto – la estratagema del "gordo.”

Si usted es de los que creen, como yo, que "los guapos" ya tienen suficiente ventaja en esta era de política de televisión y frivolidades en el cable, entonces lo último que necesitamos es una ola de anuncios destacando que los demás son feos con avaricia.

Me preocupan los muchos titulares en el Senado y la Cámara de ambos partidos que se han apoltronado desde su llegada a Washington. Los grupos de presión ya no pueden comprar comidas o cenas con los miembros, pero aún hay trinchantes notables entre ellos - incluyendo algunos prominentes caballeros y señoras que siempre intentan que se les fotografíe con el abrigo encima.

Desde hace tiempo se argumenta que Abraham Lincoln, con su aspecto y complexión abatida, nunca podría salir elegido en la actualidad. Si Stephen Douglas hubiera optado por ridiculizar el rostro de Lincoln en lugar de debatir con él sobre los temas del momento, la historia de América podría haber terminado siendo muy diferente.

Esta no es una cuestión que Barack Obama pueda permitirse el lujo de ignorar. Como secretario del Partido Demócrata, es responsable de la campaña de Corzine. Tiene que saber que si él, Obama, no fuera un jugador de baloncesto tan esbelto, en forma y experto, podría ser un objetivo.

Puede sentirse tentado a emular las tácticas de Corzine cuando se postule a la reelección, si tiene la suerte suficiente como para tener a Newt Gingrich como contrincante. Pero debe recordar que con igual facilidad podría tratarse de Mitt Romney o de Tim Pawlenty, o del asiduo de las dietas Mike Huckabee.

Pero los Demócratas con mejor memoria (o circunstancias políticas menos graves) que la de Corzine deberían recordar la historia reciente. Supongamos que George W. Bush, Don Fitness, hubiera añadido el peso al enfrentamiento contra Albert Gore en el 2000. ¿Alguien cree que se habría tardado 36 días en conocerse la identidad del ganador?

O remóntese a Bill Clinton, que evidentemente mostró los efectos de hacer demasiadas paradas en McDonalds. Papá Bush y Bob Dole, sin un solo gramo extra de grasa, podrían haberle convertido en el hazmerreír.

Cuando llegue a Nueva Jersey en un par de semanas, voy a estar intrigado por saber si ha habido una reacción o no por parte de los electores sensibles al tema por su propio sobrepeso. Sin embargo, el Times informaba de que Patrick Murray, responsable de la encuesta de la Universidad de Monmouth, dice que al ser preguntados por lo primero que les viene a la cabeza con Christie, una de las respuestas más frecuentes entre los electores es "grasa".

Christie ha tratado de zafarse de "la cuestión" perdiendo doce kilos en sólo cuatro meses. Sin embargo, debemos recordar lo que sucedió con Huckabee en la contienda presidencial del año pasado. Llamó más la atención desde el principio en las primarias como aficionado a las dietas con éxito que por ningún aspecto de su biografía. Pero perdió.

Este tema no tiene cabida en nuestra política.

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