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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

El sueño de la razón en el pebetero de Gallardón

Mario López
Mario López
domingo, 11 de octubre de 2009, 06:20 h (CET)
El alcalde Gallardón –que tiene mucha ilustración- ha sacrificado sus últimos diez años de regidor en pos de la llama olímpica. Su sueño fue pasar a la Historia como el alcalde que puso a Madrid en el pebetero. Tenía una corazonada y, muy principalmente, una ambición desmedida. Pero se le viró la tortilla y resulta que pasará a la historia como el alcalde que nos torturó durante diez años con ruidos, zanjas y expropiaciones indebidas, entre otras lindezas, dejándonos a los madrileños un gran legado: el impuesto de la basura. Y, al fondo (en la skyline que dicen en los colegios bilingües de doña Esperanza), un barrio de la Rosa desolado.

Me imagino, en el futuro, la Peineta herrumbrosa levantándose en medio de un erial que esconde, entre manos multicolores y un incomprensible 16, la más mísera expresión de la libido. El alcalde de la basura. En fin, es como lo de “Bienvenido Mr. Marshall” pero en peor. Al menos, a los vecinos de Villar del Río el sueño americano les salió gratis y no tuvieron que envíar a ultramar una partida de cuatrocientos barandas vestidos de verde que, más bien, parecía un grupo de estudiantes de Cambridge (la obsesión anglófila de nuestros próceres empieza a ser preocupante). Se me podrá criticar por hacer leña del árbol caído. Y es justamente lo que estaría haciendo si no fuera porque el periplo del alcalde no acaba aquí; que del ayuntamiento de Madrid va a salir catapultado a la Moncloa; que eso está tan cantado como el gol de Señor. Hablando de animales sagaces, mi querido compañero de farras y genial artista, Javier Krahe, me contó anoche cómo el cocodrilo se deja arrancar la cola por no perder la vida a manos de la nutria. Me da la impresión de que Alberto Ruiz-Gallardón tiene mucho de cocodrilo: su astucia, su sangre fría y esa insinuada lágrima tan suya. Por cierto, ¿será Esperanza Aguirre la nutria de este cuento? Todos estos dislates estarían perdonados si el alcalde hubiera sido Pepe Isbert. Pero, lamentablente, no ha sido así.

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