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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Disciplinas engañosas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 11 de octubre de 2009, 06:18 h (CET)
También a la hora de fijar los conceptos o de ordenar los comportamientos, se usan lenguajes dobles, triples, y los cambios se adaptan a cada trance; la intriga es constante, no puede uno fiarse así como así de las formalidades vigentes. Un esfuerzo de síntesis vendría bien, con un mejor perfil de las ideas, para entenderlas con muy poca atención que pusiéramos. Pero ante la diversidad de pareceres, pronto se recurre a la DISCIPLINA forzada; para mantener una estructura manejable, ¿Por quién? Al menos se muestran dos dificultades intrínsecas a dicho proceso, se dejan de lado gran cantidad de querencias y necesidades personales; el orden establecido tiende a ponerse al servicio de sus promotores, siempre surgen voluntarios para ello, interesados en quién sabe que iluminaciones o pretensiones. Se relegan a planos secundarios otros razonamientos.

En el área informativa, en los diferentes medios, se pone en evidencia una paradoja muy expresiva, que pone de manifiesto el componente falso de los excesivos encajonamientos. Se trataría de la información que circula con una POLARIZACIÓN degradante; esos periódicos, cadenas y emporios, cuya visión sólo tiene un sentido, enseguida se percibe su aroma. Es un hecho antropológico muy fácil de apreciar, nos agobian con datos, no damos abasto; pero cada vez estamos peor comunicados, unos con otros y unos con las verdades importantes. Algo falla. Es notorio, los polos informativos exclusivistas y el bombardeo de datos, representan unas tendencias vestidas de información, pero llenas de medias verdades y falsedades, cuando no son propiamente fraudulentas por sus intenciones maliciosas. Por consiguiente, es menester que la información fluya en unas condiciones apropiadas, cercanas al verdadero sentir de las personas. Volvamos a preguntarnos, ¿Información? ¿Adoctrinamiento burdo?

Si nos detenemos en el ámbito de la educación y de la enseñanza, quizá soñáramos con unos niveles de pensamiento cercanos a lo ideal. Puestos a enseñar, sería lo lógico; para los adiestramietnos defectuosos, no valía ni ponerse en camino. Nada de eso. También aquí, predominan los EQUÍVOCOS, nada inocentes, de quienes programan los modos y formas. En la Universidad se imponen las movidas economistas centralizadas, ni siquiera un plan económico riguroso, veáse si no la reforma de Bolonia y los andurriales que nos propone con ínfulas de indiscutible. En la educación básica y media, entre la “ciudadanía” urdida por el poder y sus acólitos, quizá sea mejor hablar de componendas educativas desfasadas. ¿Queremos mirar a las autonomías? ¿Tropelías con lenguas e historia? Alcanzado este paisaje, ¿Puede vislumbrarse un ordenamiento satisfactorio? ¿A qué reglamentación adherirse? ¿Será posible soñar?

Somos muy acomodaticios, y las situaciones se manifiestan por doquier. Por asombroso que pudiera parecer, aunque gran número de personas se vean afectadas, la respuesta viva tarda en presentarse. Qué pasa sino con tan estridente polémica en torno a los PRECIOS. Se nos mencionan costos, vías de distribución de los diferentes productos y, cómo no, esa omnipresente disciplina de mercado, que aparentemente arrasa todo lo que se le pone por delante. Ahí tenemos otra fuerza engañosa, por mucho que traten de embellecernos los trucos. ¿Cuántos deben sacar tajada durante ese camino desde la producción hasta el consumidor? Leche, uva, frutas, productos textiles. ¿Por qué la porción más gruesa se distribuye por las estaciones intermedias no siempre justificadas? Destaca la escasa o nula exigencia por parte de los afectados, apenas algunas protestas ocasionales, cuando se requeriría una acción radical a la vista del panorama. Estamos ante una vieja trampa tolerada.

Nos hacemos tan modernos, disponemos de tantos artilugios, que nos impiden llegar a la comprensión del verdadero fondo de los enfermos. Lo angustioso y delicado de sus padecimientos se fue desviando de la ASISTENCIA SANITARIA. El toque irónico remueve también esta disciplina. ¿Personas sufrientes? ¿Delicadeza en el trato? ¿Acompañamiento? ¿Soluciones completas y radicales? Será suficiente con una somera mirada al panorama reinante. Soplan vientos de grandes estructuras. Los pacientes actuales y seguramente los futuros, habrán de ir pensando en nuevas adaptaciones. Queda lejano aquello del paciente situado en el centro de los planes sanitarios, como el primer objetivo. Ahora deberán someterse a las estructuras y las disciplinas de unas gestiones socioeconómicas grandilocuentes. Deberán adaptarse a las campañas de cada momento, horarios, listas planificadas de antemano, políticas partidistas, actuaciones sindicales, y así, a muchas otras circunstancias. Se deslizó una nueva engañifa, el enfermo se aleja progresivamente del entramado pergeñado. No sirve de consuelo que el despego social se generalice a otros ámbitos, a otras relaciones entre las personas.

La frustración y el fracaso se asumen pocas veces, máxime si se intervino en su gestación, si se participó activamente en cada descalabro. Algo de eso debera ocurrir con los diferentes APARATOS INSTITUCIONALES, que nos asaetean de frente y a traición. Si la realidad viene mal encarada, fosca y complicada; no asumen su cuota de responsabilidad. Partidos políticos, banca, fundaciones serviles, organizaciones subvencionadas; pueden servir de ejemplos notorios. ¿Planes de corrección? ¿Una mínima reflexión autocrítica? ¿Acaso vemos estas reacciones por alguna parte? Muy al contrario, cada uno de estos núcleos instituidos se encierra en su interior con fuerza, se “blindan” ante otras consideraciones. Representan un mero seguidismo hacia quien ostente el poderío en ese aparato. ¡El consenso del poderoso! Tragamos con esas reglamentaciones disciplinadas, a pesar de que tienen poco de engañosas, son muy evidentes. El consentimiento raya en la bobaliconería, pero en esas estamos.

Aunque uno quiera ser respetuoso con la legislación vigente, o precisamente por eso, cabe preguntarse, ¿Qué sentimos cuando nos enteramos de la reciente petición del fiscal para que no se “investigue” el chivatazo que alertó a los terroristas? ¿Acaso detectamos paralelismo en el trato ofrecido a los trampantojos de algún exministro, consejeros, jerifaltes y algún juez; con el trato habitual dispensado a los ciudadanos? ¿Hablamos del cumplimiento de penas? ¿Consideración hacia las víctimas? La disciplina de las REGLAS JURÍDICAS también chirría. El cuidadoso respeto requerido para estos menesteres queda en entredicho con una frecuencia aparatosa. ¿Engaños? ¿Descuidos? No convendría colaborar en la tolerancia referida a estos desprestigios.

Ya no sé si en el principio fue la ignorancia o la sabiduría, ¡Ha pasado tanto tiempo de aquello! A raíz de los avatares históricos nos cuentan sobre la adquisición de conocimientos, importantes y decisivos, fascinantes e increibles. Sin embargo, entre las neblinas del misterio y las narraciones subsiguientes, podemos colegir sobre la escasez de FUNDAMENTOS, quizá los podamos intuir o desear, pero escasean. Y conviene cribarlos, admitirlos con cuentagotas, no suelen pasar de fundamentalismos aciagos, y sus disciplinas son engañosas.

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