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La ardua tarea de escoger la sede de la final
Daniel Lázaro
Madre mía. Si no es por una cosa, será por otra, pero el caso es que en España estamos acostumbrados a crear polémica allá por dónde vayamos. Y todo por decidir el lugar donde nos tendremos que jugar la Copa Davis ante la República Checa. Al menos, con el tema resuelto, ya solo se hablará de la final en sí misma y no de otras peculiaridades.
Primero llegaron las quejas del presidente de la Federación Madrileña, decepcionado porque los jugadores preferían jugar al nivel del mar y así Madrid no sería nunca sede en la Copa Davis. Y la verdad, competir para volver a perder, una semana después de haber perdido –o derrochado dinero—los Juegos Olímpicos de 2016, iba a ser un duro varapalo para la capital. Lo más curioso es que, sin embargo, luego surjan los comentarios de Feliciano López y Fernando Verdasco en referencia a que les hubiera gustado jugar en Madrid a pesar de sus 655 metros de altitud. Aquí algo no cuadra. ¿Les importaba la altura o solo querían crear polémica?
Claro que a cualquiera le gustaría jugar en ‘casa’ para ganar. Por ello Ferrero prefiere Valencia también. Y seguro que a Nadal le hubiera gustado jugar en Manacor. Y a mí en el jardín de un hipotético solar de 1000 metros cuadrados que tengo en mi mente. Es lógico, pero ¿acaso la afición no va a apoyar igualmente en Madrid, Valencia, Barcelona, Málaga, Santa Cruz o el pueblo más recóndito de España?
La polémica siguió más tarde en Tenerife y Málaga. La ITF rechazaba sus proyectos por dos motivos bien claros: no se puede jugar en diciembre al aire libre –por mucho que sea en las Islas Canarias—y la capacidad debe llegar a los 12.000 espectadores. No hay queja posible. Es una final de un torneo que organiza la ITF y hay que atenerse a la normativa.
En fin, que lo que debería haber sido una mera elección interna ha desembocado en una larga serie de actuaciones en los medios de comunicación. Cómo será que acabó en las casas de apuestas… pero ya se acabó todo.
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