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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Obama premio Nóbel de la Paz?, ¿por qué?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 11 de octubre de 2009, 06:45 h (CET)
Verán ustedes, no tengo nada que objetar respeto a los premios que se otorgan a personalidades que han demostrado, a través de toda una carrera dedicada al estudio, el arte, una profesión, o una actividad pública; hacerse merecedores a ellos gracias a haber sobresalido, mediante su esfuerzo, su trabajo, sus conocimientos, su arte, sus investigaciones, sus méritos particulares, contribuyendo de forma efectiva a mejorar el bienestar, la salud, los conocimientos, las relaciones humanas, el arte, la literatura, la música, la economía, las relaciones entre distintas culturas y todas aquellas otras facetas de la vida que hayan redundado, en alguna forma, en provecho de la Humanidad. Dicho esto, cuando los estamentos encargados de otorgar las distinciones se apartan de las reglas éticas que establecen la ecuanimidad en las valoraciones; el rigor en las cualificaciones; la imparcialidad en las calificaciones y la deontología e integridad en la toma de las decisiones finales; entonces, sin duda, los premios se convierten en meros floreros donde se colocan, en lugar de flores fragantes, gavillas de paja seca.

Es evidente que Alfred Nobel, un rico industrial gracias a su descubrimiento de la dinamita, al final de sus días se vio asaltado por los remordimientos, producidos a causa del mal uso que los gobiernos hicieron de su invento que, en un principio, había sido concebido para su inofensivo uso en las minas de minerales, pero, tan pronto como se le descubrió su efectividad como arma de guerra, su control se le escapó de las manos para pasar a depender de los señores de la guerra, que lo utilizaron como uno de los medios más sangrientos para ganar batallas. Nobel instituyó el premio a manera de desagravio por su involuntaria contribución al exterminio que produjo su creación; pensó, seguramente, que premiando la excelencia con una contribución pecuniaria, conseguiría que las personas dotadas de inteligencia superior se esforzaran en conseguir mejorar las condiciones de vida de aquellas gentes a las que él condenó a ser víctimas de su invento. Lo que sucedió fue que, a medida que fueron transcurriendo los años, la escrupulosidad que presidía la elección de los candidatos y la nitidez de la subsiguiente valoración de sus méritos, antes de que el Instituto Nobel emitiera su decisión final respecto a quienes deberían recibir el premio; han dado paso a otra serie de consideraciones marginales, de espíritu práctico y de índole política que, por increíble que pueda parecer en una institución de tanto prestigio; han devaluado la reputación de que gozaba, en todo el mundo, la ceremonia en la que eran reconocidas los méritos especiales de las personalidades que más se habían destacado en los distintos apartados de la ciencia, las artes, las relaciones sociales y, en definitiva, en el beneficio de la Humanidad.

Creo, en todo caso, que se debe distinguir entre aquellos galardones concedidos al apartado de los científicos de aquellos otros en donde es más fácil introducir la subjetividad en el análisis de los respectivos méritos de las obras premiadas. Aquí entran lo que se califican genéricamente como “humanidades” en las que estamos acostumbrados a que muchos de los premios otorgados no se correspondan, precisamente, con lo que, los ciudadanos del mundo, considerarían como la obra más merecedora de ser premiada. No obstante, donde ya entramos en un terreno resbaladizo, donde es probable que entren en juego consideraciones de índole política, de intereses nacionales, de presiones mediáticas y, como no, de oportunidad diplomática para ayudar a aupar, en un momento delicado, a una figura a la que conviene promocionar en un determinado momento. Este ha sido el caso, no me cabe la menor duda, de que, el señor Barack Obama, el presidente de los EE.UU, haya sido escogido para recibir el Premio Nobel de la Paz.

Es algo que me produce la sensación, porque no puedo demostrarlo, de ser algo insólito que un político con menos de un año en el gobierno de una nación; un perfecto desconocido a nivel mundial antes de su elección como presidente de los EE.UU; con una trayectoria en la arena internacional más bien anodina; sin que sus actuaciones a nivel internacional hayan conseguido ningún hito histórico ni en Oriente Medio, donde ha sido incapaz de poner paz entre palestinos y judíos ni, tampoco, su gestión en el propio Irán ha tenido el menor éxito en cuanto a detener la carrera nuclear del señor Ahmadineyad. Lo que se le ensalza y es su objetivo, respecto a desnuclearizar el Mundo, a mi me parece que no tiene el mínimo sentido si, lo que ha sucedido es que, ante el señor Putín, de Rusia, ha cedido y se ha comprometido a retirar de servicio al famosa Escudo antimisiles, dejando a Polonia a merced de los rusos y, si nos queremos fijar en lo que sucede en Irak, lo único que ha hecho es darles largas a los que querían una inmediata retirada de las tropas americanas de la región. Sin embargo, es en Afganistán donde parece que anda dando palos de ciego, metido en un berenjenal del que no sabe como salir mientras van muriendo soldados americanos. No, no señores, no veo que el señor Obama haya hecho otra cosa que empobrecer a su país metiéndolo en una situación de endeudamiento como hacía muchos años que no se conocía, devaluando el dólar (un 41% desde el año 2000) y, si no se anda con cuidado y rectifica su política de despilfarro de dinero, es probable que pierda, como ya se está anunciando, la hegemonía del dólar como moneda de referencia en las transacciones comerciales.

No creemos que el señor Obama acredite un bagaje suficiente y, los resultados de sus diez meses de gobierno, tanto en lo internacional como en lo nacional, no da la impresión que den para otra cosa que para un aprobado rascado; quedando por ver los resultados de su política blanda, excesivamente condescendiente y poco clara en cuanto a la situación con Corea del Norte, que ya ha desafiado a los EE.UU y a la propia ONU ( un órgano que nos cuesta miles de millones de dólares y que todavía tiene que demostrar que sirve para algo más que para favorecer a los países más izquierdistas que, a la vez, son los que piden más ayudas y exigen más apoyos), lanzando misiles de largo alcance y presumiendo de su potencia nuclear. ¿Este señor merece un Nóbel de la Paz, cuando no ha conseguido detener ni a Corea ni a Irán de sus veleidades nucleares? o es que ¿basta con manifestarse en contra de la nuclearización de los países y no hacer nada para evitarlo? Pero, como ocurre en tantas ocasiones, ante la mirada impávida de las naciones donde gobiernan las derechas, las izquierdas mueven sus peones, ponen en juego sus influencias y utilizan su máquina propagandística para poner, a quienes les interesa, en las posiciones privilegiadas que les permitan manejar los resortes económicos de las naciones, a su antojo. Interesaba potenciar al señor Obama, presunto aliado de los progres; pues nada mejor, ahora que estaba empezando a ser cuestionado en su propio país, que darle un premio Nóbel que servirá para relanzarlo de nuevo. ¿Se imaginan ustedes a Zapatero si se lo dieran? ¡No nos lo sacábamos de encima ni en cien años, ¡vade retro Satanás!

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