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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Octubre de pasión

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 11 de octubre de 2009, 06:23 h (CET)
Francisco Camps y el resto de su partido en Valencia creían que, con la ayuda del amigo De la Rua, habían alejado de si, durante un tiempo, el amargo cáliz de las corruptelas del denominado caso Gürtel. En el auto dictado por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valencia quedó demostrado que Francisco Camps había recibido regalos de la trama corrupta y que había mentido en el Parlament valenciano y también a la prensa, pero Camps y el resto de dirigentes del Partido Popular valenciano seguían sonriendo como si no hubiera pasado nada. Además mostraban su alegría al ver que la mayoría de valencianos seguían mostrándoles su apoyo a pesar de conocerse públicamente todas sus triquiñuelas para enriquecerse de la mano de Correa y El Bigotes.

El 9 de Octubre, Día de la Comunitat Valenciana, ha supuesto durante años una fecha histórica para que Camps y Rita Barberá se den un baño de multitudes amparados en las franjas oro y sangre de la Senyera coronada de azul. Sus fieles les seguían durante la procesión cívica a lo largo del centro de la ciudad para cantar emocionados a los pies de la estatua ecuestre de Jaime I ese himno que habla de una región que avanza en marcha triunfal, luego el canapé y la copichuela en la plaza de Manises donde todo eran sonrisas, parabienes y amigables golpecitos en la espalda.

Pero este año por culpa del levantamiento del secreto sumarial de una parte del caso Gürtel las sonrisas se convirtieron en lágrimas y algunos conmilitones populares trataban de evitar la cercanía de los colegas cuyos nombres llevaban días encabezando los titulares de prensa relacionado con las dádivas de la trama de corrupción. Por primera vez Camps y Rita no paseaban triunfalmente entre las ovaciones de la multitud, este Octubre de pasión han escuchado gritos de protesta y reprobación y han observado con el rabillo del ojo carteles acusadores portados por algunos valencianos que ya comienzan a estar hartos de que su tierra sea sinónimo de corrupción.

Y para terminar de aguarles la fiesta llegó desde Madrid el enviado de Mariano Rajoy con el hacha en la mano. Desde la calle Génova llevaban varios días reclamando cabezas, aunque fueran de turco, mientras Camps hacía oídos sordos a los deseos de Rajoy que ya tiene achicharrada aquella mano que puso en el fuego apostando por la honradez e integridad de sus muchachos en Valencia. González Pons llegó a Valencia y dictaminó que, al menos para el Partido Popular, la fiesta terminaba a las cuatro de la tarde, a más de uno el café le supo a agrio al ver lo que se le venía encima. Después de la copita institucional en la plaza de Manises comenzó la desbandada y el primero que cogió las maletas fue Ricardo Costa, el segundo de Camps, que salió a toda prisa a hacer penitencia por el Camino de Santiago.

No se a que altura de la ruta jacobea le llegó a Costa el SMS de su hasta ahora amigo Francisco Camps, en el que le comunicaba su cese. La cabeza de este dandy con aires de petimetre es la primera que ha rodado entre los implicados en la red de dádivas de la corruptela, los ostentosos relojes recibido de las empresas corruptas y el coche negro de lujo le señalan como receptor de regalos, y es sabido que nadie da nada por nada, el “do ut des” del viejo derecho romano tiene aquí, más que nunca, una perfecta aplicación. Durante años la trama corrupta ha estado exprimiendo el bolsillo de los valencianos con la complicidad de quienes tenían que velar por hacer un buen uso de los impuestos recaudados.

Costa ha caído, ha sido cesado temporalmente, y como le pasó al Duque de Lugo, que también cesó temporalmente su matrimonio con la Infanta Elena, su cese será para siempre. Comienzan a rodar cabezas en Valencia, pero tal vez la defenestración de Ricardo Costa sea una simple maniobra de distracción para contentar y sacar de la unidad de quemados a Mariano Rajoy y para hacernos mirar hacia otro lado mientras Francisco Camps se aferra a su poltrona presidencial de la que, si tuviera un mínimo de vergüenza, ya se debería haber apeado. Costa se negaba a dimitir, no quería comerse el solo el marrón de la corrupción y le han cesado pero quedan muchas preguntas por responder y muchos folios todavía con el secreto del sumario estampado. En las próximas semanas seguiremos conociendo nuevos nombres de implicados, nuevas corruptelas y nuevos chanchullos de todos estos que se envuelven en la bandera de España para medrar en su propio beneficio.

Y dos mujeres están preparando el asalto al poder. Esperanza Aguirre se frota las manos pues cada vez ve más allanado su camino a la Moncloa y Rita Barberá plantea cambiar su despacho desde el Ayuntamiento a la Generalitat valenciana. Y a todo esto, y a la vista de lo conocido por el levantamiento del secreto sumarial, ¿qué dice el ínclito juez De la Rua? Calla y si se cruza con Camps intenta no saludarse con él pues sabe que su carrera judicial ha recibido un perdigonazo en el ala después de haber ayudado al que le calificaba como “más que un amigo”.

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