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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

El Doctor Mateo Vs. San Martín del Sella

Paco Milla
Paco Milla
jueves, 8 de octubre de 2009, 06:51 h (CET)
Para Leonardo Nardo Darocha, al que todos llamaban Leo Nardo, fue una difícil madrugada, ya que un sueño insistente le estropeó el suyo propio. Dado que era domingo, no le importó en exceso y una vez desayunado se sentó ante el teclado, apartando el periódico del día con el dorso de su mano.

Decidió plasmar la pesadilla recientemente vivida en unos folios, e impaciente escribió:

San Martín del Sella y un tal doctor Mateo...

¡Ambos son ficticios, oigan, no existen y sin embargo... hablamos de ellos!

El doctor Mateo continua “ascendiendo”. Efectivamente, créanme que es así. Esta misma mañana a poco de amanecer y disfrutando de cómo nace un nuevo día en San Martín del Sella, en la misma puerta del hotel, aparece el Doctor Mateo, resoplando y a mi pregunta directa:

-Buenos días...¿cuesta... la cuesta? ... me responde contundente: ¡su... “fruta”... madre!... o algo parecido a esto, que no entendí bien.

(Lo que añadió a continuación no lo diré, porque... nunca se debe contar todo.

Si así fuera, ustedes sabrían tanto como los que nos levantamos a las 6.30 cuando la amiga Alex o el amigo Ivan tienen a bien convocarnos como figurantes, que ya con esta son dos temporadas y unos cuantos días. Gracias a ellos, he interiorizado las ilusiones de mis descendientes, en vez de ser al revés).

Por este motivo digo que Mateo continua “ascendiendo” y es que en este pueblo es imposible hacer lo contrario. Dicen que hay muchas cuestas, muchas pendientes de no se que tantos por cientos. Mentira. No lo crean. Cuesta, lo que se dice cuesta... solo hay una, pero es tan larga que rodeas, serpenteas, fintas o disimulas y siempre vas hacia arriba.

Los lumbares te avisan intermitentemente de que has de parar a descansar. Fíjense que una vez vi algo parecido a una bajada y aquella carretera me llevó hasta el “Mirador” y Capilla de San Roque que reina lógicamente en la parte mas alta de la villa. Y no olvido aquel día que dejé el coche en punto muerto y aparecí en el espigón, que menos mal que los frenos funcionaron.

Una locura, oigan. Cuando vengan por aquí, lo entenderán.

Fíjense que Lastres me recuerda a la academia de Policía de Ávila. Hace años estuve 22 días allí “encerrado” en un cursillo y alguien me explicó que dicha escuela, había sido “plantada” en mitad del bosque con una única función.

Estudiado con premeditación, nocturnidad y alevosía, el diseñador había distribuido el edificio de aulas, las compañías, piscina, comedor y resto de instalaciones, pensando que los futuros agentes, al cabo del día, se vieran obligados a cumplir un numero elevado de kilómetros para llevar a cabo todas las obligaciones y/o actividades que habrían de desarrollar durante una jornada lectiva.

He llegado a pensar que hacer un relato de personajes ficticios y sitios imaginarios era cosa de locos, pero hoy he descubierto la simbiosis perfecta.

Desde la pescadería, al lado del “barrigón”, he sido testigo de cómo los turistas acceden sin necesidad de permiso alguno al rodaje de la serie y digo los turistas porque fue lo único que me llamo la atención. Eso es lo bueno... ¿y saben porque?.

Porque los vecinos siguen a lo suyo, a su vida diaria, habiendo asumido, arropado, abrazado, interiorizado y normalizado, que una de las variadas actividades que se desarrollan allí cada día, es el rodaje de una serie para la tele.

Es mas, los habitantes mismos han diseñado carteles para que los turistas no tengan necesidad de preguntar continuamente por los lugares mas emblemáticos que ven a través de sus pantallas.

“Casa del Doctor Mateo, escuela, consulta, comisaría, etc, etc”.

Hoy me decía una compañera figurante, nativa de San Martín, que este era un “pueblo fantasma” antes de la serie y que el azar había venido a visitarles en forma de medico barbado.

Los amaneceres en un pueblo fantasma, forzosamente han de ser especiales y mas aun cuando las nubes tapan el sol, pero dejan un hueco por donde este se filtra y se refleja en el mar, cosa que hemos presenciado y fotografiado.

Lo del faro es cosa aparte (como el faro mismo ) que reina sobre los acantilados de afilados perfiles en uno de los parajes mas bellos contemplados por humanos ojos.

¿A que nunca asistieron a un concierto a las 8 de la mañana en la playa, pariéndose a la vez un soleado día? Pues eso les ocurre porque no visitan ustedes San Martín, que si, que si, se lo juro. ¿No me creen?.

Pregúntenle al Tom, el de la taberna, aquel de la grave y whiskera voz, que dibuja la arteria en su cuello, casi recitando el guión con marcado acento porteño: “solo somoh cuatro amigoh músicos, que tocamoh con la mihma ilusión que hase 20 añoh”... le faltó “desir”... ¡boludos!.

Ya auguro que la próxima canción del verano será: “te quise mas que a mi... birra” compuesta lógicamente por Tom e interpretada por su grupo de “jóvenes promesas”.

No hace mucho, me decía Tom muy temprano: “musho madrugah para repartir la leche (de la Sentral Leshera Ahturiana, claro) y yo le contestaba: “pues ya es la tercera entrega del día, mi mujer me dice que me apunte a un gimnasio... pero no se para que, con lo que me muevo cada jornada” ya lo verán ya, que yo se que lo verán.

Ustedes no tienen porque entender todo lo que aquí les pongo, pero si siguen la serie lo acabaran comprendiendo. Pero sigamos con el sueño:

Cuando estando en plena “acción” suena el reloj de la torre , antes se escuchaba “corten”, pero ahora los directores dejan que los talan, talan se filtren en lo grabado, permitiéndoseles la presencia por derecho propio. Son las campanadas del pueblo, ellas deben estar, como las gaviotas, las pendientes y las banderas a la salida del hotel (primer paisaje que contemplan los participantes en la serie cada mañana, sean conscientes de ello o no).

Los turistas buscan frenéticamente las camisetas que regalarán a sus seres queridos para demostrar que si, que San Martín existe y el Mateo también, aunque todos sepamos que solo es un invento de unos guionistas que fabricaron un sueño, un sueño, ni mejor ni peor que cualquier otro, al que algunos hemos tenido acceso y podremos contar a los nietos. Si quieren que les diga la verdad, cuando acudo a San Martín, se me olvida la crisis. Ya comprenderán que todos tenemos sueños diferentes, estos son los míos, los de Leo Nardo, que soy yo y con ellos he de vivir. . Es una terapia. ¿Por qué no lo intentan???

¿Qué como lo encontraran me dicen?... es fácil, solo deben seguir la luz del faro de... ¡San Martín de... Lastres, cerca del Sella, muy cerca!.

El resto es cosa del Google. Hasta otra. Sean felices.

P:D: “Te quise mas que a mi vida” no lo olviden... cuando la escuchen no podrán creer que es la canción que cantarán con sus nietos dentro de... años. ¿Se apuestan algo?

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