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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

El adoctrinamiento de la decadencia

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
miércoles, 7 de octubre de 2009, 00:56 h (CET)
Nada de casualidad: plan. Esto es lo que dimana el subterráneo adoctrinamiento al se está sometiendo a la sociedad en pleno, con especial incidencia en los niños y jóvenes. Se trata, ante todo, de eliminar por completo las escalas de valores vigentes, destruyéndoles, tal vez con el oscuro propósito de luego crearlos a su imagen y semejanza, un poco como hacen los imperiales con sus marines, que primero los decomponen como seres humanos para luego ensamblar con los pedazos restantes y algunas piezas más, máquinas de matar a trochemoche.

Quedan fuera de toda duda los intencionados ataques a la religión con el fin de destruirla, que ha sido desde tiempos inmemoriales la principal armazón ética del pueblo llano, a menudo su razón de existir y con frecuencia el adminículo para soportar su nada halagüeño sino. Por otra parte, está contrastado el vaciamiento ideológico que promueven los poderes y sus medios de difusión, no sólo reduciendo al simplismo más desolador los credos políticos y los discursos filosóficos que los sostenían, sino sembrando el desconcierto social con partidos de izquierdas que son de derechas, de derechas que son de nada, de nada que son de todo y de frikis mediáticos que lo mismo empuñan el verbo liberal que cierran el puño del rojerío en un tutti fruti en plan Sociedad Teosófica de Madame Blavatsky. Por otro lado, es evidente el fenomenal empuje que se le ha dado a toda una generación para que los chicos no vieran en sus preceptores, ya padres, ya profesores, a autoridades, sino a bindundis, coleguis, troncos o compis a los que tratar de tú a tú, si no a pringadillos a los que manejar a capricho. Y, como guinda que colma el pastel, pruebas sobran por todas partes de que desde esos mismos poderes y desde su propaganda de opinadores modernísimos, televisiones bazofia, teleseries y cine aleccionador, se ha ensalzado y promovido el rasar la sociedad mediante deplorables frikis, reducir la cultura y el arte a una simpleza oligofrénica, institucionalizar la corrupción, mezquinar la sexualidad hasta una cuestión de uso público, aprender a adorar la materia y el cumquibus sobre la honradez y la moralidad, y a anteponer el capricho o el gozo personal a cualquier otro valor.

Pero todo esto, que bien pudieran parecer cosillas sueltas propias de una sociedad que se descompone por simple entropía, en realidad son sólidos mampuestos colocados muy organizadamente, conforme a un plan en el que participan por igual científicos de mucha ciencia como políticos de mucha logia o instituciones de mucho ringorrango. Así, hemos pasado de la tragedia que suponía un aborto a la criminal indiferencia, si no alegría, con que se acaba con una vida, ya sea en un sanguinario paritorio de contravida o simplemente tomando una pilule abortiva; del proteger al nene de los malos tratos paternos a proteger a los papis del monstruo credo por la sociedad; y de la fe en el propio país y en la identidad común de los colectivos, a un salvaje sálvese quien pueda. E incluso la misma ciencia, yendo un pasito más allá, nos habla pomposamente de que el alma es un resultado biológico del cerebro, un producto de ciertos grupos de neuronas que ocupan la amígdala o el hipocampo, dejando al mismo Dios en el desempleo. Ellos son Dios, somos una casualidad absurda de un cosmos infinito y tenemos patente de corso para hacer lo que nos venga en gana, le pese a quien le pese. ¿Qué de extraño hay, pues, que en esta tesitura los sindicatos se pasen a la patronal y al gobierno y se olviden de los trabajadores?...

Si Dios y sus juicios desaparecen por inutilidad científica, si no hay compensación post mortem a los actos buenos o malos de los individuos, si somos nada más que carne armada transitoriamente, si la moral y la ética se diluyen en un que no te pillen, ¿qué de raro hay en que cada cual vaya a lo suyo?... ¡Esto es Jauja! En las actuales circunstancias no importa el delito, ni la falta o el atropello para hacerse cada cual con lo que desea, siendo el único freno esos policías que pudieran detenerte..., si es que no repartes. Sin controles más que los personales en un orden donde todos quieren tener de todo porque la vida es breve y el gozo hay que acapararlo, la barbarie, la criminalidad y el mismo genocidio están a la vuelta de la esquina, tal y como podemos comprobar cada día en los telediarios. Los diques se rompen y las aguas se desmadran, en fin, para beneficio de algunos sobre otros. Negocios globales, dicho de otra forma.

Pero existe un plan de grado 33, no lo duden, y todo esto no es sino escalones para alcanzar una cumbre. Es necesario crear el problema para poder solucionarlo, y no se podría imponer una dictadura global económica y social sin que antes hubiera motivos suficientes para ello. Es necesario que las aguas se desborden para justificar el costo de encauzarlas en base a hormigón armado y muchas rejas. Lo de las Torres Gemelas y las invasiones coloniales, vaya; o lo de los muertos de gripe A y el beneficio de las farmacéuticas, en fin; o lo de las nenas promiscuas y el aborto libre y la píldora abortiva, ya lo ven; o lo de la delincuencia y las empresas de seguridad; y así con todo. Negocio, todo es negocio; y si la cosa se va de las manos, con todo el mundo lleno de cámaras, toda la información de cada individuo digitalizada y con policías de mil colores por todas partes, nada más fácil que dar la cara y establecer la dictadura global, por nuestro bien, por supuesto. El adoctrinamiento de la decadencia es un negocio redondo, y a ello se afanan nuestras democráticas autoridades de lindo semblante (con excepciones notables) y verbo arrullador (ídem). Ya sé que es mentira lo del Manifiesto de los Magos de Sión, lo del famoso Proyecto 2000 y lo de Alternativa 3, pero léanselo o véanlos de nuevo, y verán qué maña se dan para parecer verídicos. ¡Mamá, qué miedo!

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